Autor: Sergio Madrigal

  • Análisis: Uncharted 3 – La traición de Drake.

    Análisis: Uncharted 3 – La traición de Drake.

    Es hablar de Naughty Dog y Sony y que los pelos se te pongan como escarpias.

    Cuando hace ya unos cuantos largos meses vi por primera vez el teaser trailer de Uncharted 3 supe que tarde o temprano caería en mis manos (y en mis mandos).

    Fue con Uncharted 2 con el que tuve el placer de iniciar mi andadura como PS3-gamer y la verdad es que no pudo ser mejor el estreno. Fue la experiencia más cercana a «jugar una película» que jamás he conseguido tener.

    Con Uncharted 3 hay más de lo mismo. Tal vez en algunos aspectos técnicos ligeramente mejor, pero más de lo mismo. Lo cual es bueno. ¡Qué digo bueno! ¡¡ Buenísimo !! Es una auténtica gozada: cada plano, cada giro argumental, cada escena de aventuras te sumerge de lleno en una travesía en busca de secretos y diversión.

    La historia vuelve a llevarnos tras las pistas de una oculta ciudad milenaria que esconde tras de sí un poder inimaginable, esta vez en el desierto, siguiendo los pasos del que dice nuestro protagonista es su antepasado: Sir Francis Drake.

    Calidad técnica impecable. Argumento trabajado y muy logrado. Jugabilidad que en algunos momentos roza la perfección. Horas de diversión que nos permiten alargarlas con un modo online evolucionado con respecto al de su versión anterior.

    En definitiva estamos hablando de uno de los mejores juegos para PS3.

    Sólo de pensar en «The Last of Us» me pongo malo.

    https://www.youtube.com/watch?v=snrhm3BW7CI

    «Todos los hombres sueñan, pero no del mismo modo. Los que sueñan de noche en los polvorientos recovecos de su espíritu, se despiertan al día siguiente para encontrar que todo era vanidad. Mas los soñadores diurnos son peligrosos, porque pueden vivir su sueño con los ojos abiertos a fin de hacerlo posible.»

  • Seis años de iPhone

    Leo en Celularis que Hoy hace seis años llegó el iPhone (ellos lo bautizan como el mejor smartphone de la historia). 

    Y es cierto, al menos en cierta medida, que la llegada del primero de los terminales móviles de Apple supuso un punto de inflexión el mercado de la telefonía móvil mundial.

    Recordemos que hasta la fecha Nokia en el segmento del usuario convencional y Blackberry poco a poco en el del profesional eran las dueñas y señoras del cotarro.

    Pero llegó Jobs e ideó un sistema compacto: móvil, reproductor y navegador. Supo comprender con cierta ventaja temporal que lo de tener Internet en el móvil no iba a suponer una revolución tecnológica sino que se iba a convertir en un cambio de un modelo de comportamiento a nivel global.

    A día de hoy es inconcebible para muchos no disponer de un terminal que, cuanto menos, permita acceder a la red y disponga de la capacidad realizar tareas múltiples más allá de llamar y enviar o recibir SMS.

    En el camino se ha quedado Nokia, que está inmersa en un contundente proceso de reestructuración y pretende renacer de la mano del gigante del software Microsoft, y Blackberry, que hace unos días reportaba unos resultados no excesivamente positivos. 

    Todo ha cambiado desde la llegada del iPhone. Podemos discutir durante horas si el modelo del gigante de Cupertino es el idóneo y cuál es la mejor opción en esa eterna batalla entre la oscuridad segura y simple de iOS y la libertad flexible de Android. Pero lo que es innegable es que fue la aparición de Steve Jobs con ese «triple dispositivo en uno» la que cambió por completo la escena de la telefonía móvil mundial.

    http://www.youtube.com/watch?v=c_m2F_ph_uU

    Tal vez tarde o temprano habríamos llegado donde estamos. Pero alguien supo verlo antes.

    Sea como sea, feliz cumpleaños iPhone.

  • Raspberry Pi: Comenzamos.

    Raspberry Pi: Comenzamos.

    Llevo varios meses dándole vueltas a comenzar una sección específica en el blog  dirigida a desarrollos tanto a nivel de software como hardware que van apareciendo y que considero interesantes.

    Para empezar a hacer boca creo que uno de los «jueguetes» más interesantes que he adquirido en los últimos meses es la Raspberry Pi.

    La Raspberry Pi es un PC del tamaño de una tarjeta de crédito con los componentes básicos para ser funcional y que permite realizar infinidad de pruebas y pequeños experimentos resultando muy útil para aquellos que quieran iniciarse en un sinfín de disciplinas relacionadas con los sistemas, las redes de computadores o la electrónica. Siendo esto último uno de sus puntos fuertes: no hay una única forma de usarla.

    Tanto si quieres ver vídeos y navegar por Internet como si quieres aprender y emplear la placa como plataforma para divertirte y experimentar. Aquí van alguno de sus posibles usos:

    Propósito general

    Es conveniente recordar que la Raspberry Pi es un ordenador y puedes, de hecho, usarlo como tal. Puedes lanzar un entorno gráfico con un navegador, que es lo que comúnmente tienen la mayoría de ordenadores y más allá de la navegación puedes instalarte un sinfín de aplicaciones tales como LibreOffice (la alternativa opensource a MS Office) entre otras.

    Aprender a programar.

    Dado que desde su concepción, la Raspberry Pi se pensó como herramienta para aprender, viene con intérpretes y compiladores precargados para muchos y variados lenguajes de programación. Para los que se inician en el mundo de la programación, dispone de una aplicación denominada Scratch que nos permite programar en un entorno gráfico amigable. Además su sistema operativo es Linux con lo que permite introducirse en esa entorno y conocer los entresijos de los sistemas basados en este tipo de OS.

    Plataforma para proyectos

    La Raspberry Pi se diferencia de un ordenador convencional no sólo en el precio (<40€) sino también por su capacidad de integrarse con proyectos electrónicos: controlar LEDs y dispositivos AC, hacer uso de sus salidas binarias, etc.

    Hay más, mucho más, que poco a poco os intentaré ir descubriendo. Estad atentos.

    Fuente | Getting Started with Raspberry Pi.

  • El hombre de acero que no termina de ser Superman

    El hombre de acero que no termina de ser Superman

    blog_superman

    Hay algo peor que una mala película y es una película que tiene todos los ingredientes para ser buena y, pese a eso, no lo consigue ser.

    Cuando al ir a preparar la receta mágica del éxito te encuentras que tienes:

    A Russell Crowe interpretando magistralmente a Jor-El, el padre biológico del protagonista.

    A Kevin Costner haciendo más de lo mismo en el papel de Jonathan Kent.

    A un menos conocido pero no falto de talento Henry Cavill encajando como un guante en el traje de Superman.

    Una historia con la magia implícita de tratar sobre el super héroe por antonomasia.

    Hans Zimmer, ese genio, encargado de ambientar musicalmente la obra.

    Zack Snyder, el hombre que revolucionó el cine de acción con su recreación de la batalla de las Termópilas en 300, como director y a Christopher Nolan, que nos regaló a todos esa maravilla cinematográfica en forma de trilogía sobre Batman, como productor.

    Y aún con todo esto, El Hombre de Acero (Man of Steel) decepciona.

    ¿Por qué?

    La respuesta es sencilla: porque a la película le sobran cerca de 50 minutos de metraje. Nada más. Nada menos. Snyder se pierde en demasiadas ocasiones en una orgía de explosiones descomunales e imágenes impactantes y te obliga a desconectar de lo que verdaderamente importa: el dilema moral del héroe.

    Porque al igual que en el Caballero Oscuro, en Man of Steel, aunque enterrado entre escombros de edificios hechos por ordenador, aparece titubeando el proceso de maduración que sufre el joven Clark. Os recomiendo enérgicamente que os leáis de cabo a rabo el artículo que publicaba Pedro Torrijos en JotDown.es titulado «Superman y la necesidad de la fe». 

    Superman, el superhéroe, es mucho más que kilos de músculo y la capacidad de volar. Es un ser extraño en un mundo que le es ajeno. Rodeado de gente con la que no comparte herencia. Que lo aborrece, que le teme, que le envidia, que le odia. Y que pese a todo, él se empeña en salvar.

    Un Jesucristo, salvando las obvias distancias, en forma de ser divino llegado de los cielos.

    Toda esa lucha interna, esa indecisión, esa pérdida de identidad, aparece magistralmente en varias escenas de la película de Snyder. Luego ya llegan los malos y se dedican a destruir cosas sin parar. Minutos y minutos que no aportan nada a la historia, que se recrean en la capacidad técnica de los estudios gráficos pero que no añaden matices al protagonista en su camino hacia convertirse en la luz que guíe a la humanidad. 

    Por eso el sabor que me ha dejado esta película es a partes iguales de tristeza y de esperanza.

    Tristeza por percibir que podría haberse convertido en una grandísima película de no ser por el guión y, al menos desde mi punto de vista, por una errónea selección del villano de esta primera entrega.

    Esperanza porque pese a todo hay tiempo para rectificar. Batman Begins no fue ni de lejos un exitazo ni la mejor de las tres películas de Nolan. Confiemos en que lo que esté por llegar en lo que al kriptoniano más famoso de los cómics se refiere supere a esta primera entrega.

  • Mejora tu productividad con 2 ideas

    Mejora tu productividad con 2 ideas

    moleskine

    Lo he leído ya tantas veces en tantos sitios que algo de razón tiene que haber en ello.

    Los que trabajamos frente a un PC con conexión a internet y somos usuarios intensivos de la red tenemos un problema relativamente severo con nuestra productividad.

    Si os fijáis, tanto los navegadores como el resto de aplicaciones nos empujan hacia la multitarea. En mi caso abro el navegador y casi por defecto tengo cuatro o cinco pestañas ya abiertas: el correo, alguna red social, un buscador y la web que esté en ese momento visitando.

    Sobre esta base voy moviéndome a través de enlaces, recursos, etc., incrementando en muchas ocasiones el número de pestañas hasta números que superan la veintena.

    En definitiva algo inmanejable y que mina considerablemente mi productividad.

    Si a esta receta le añadimos el ingrediente de la asincronía de las redes sociales: cóctel explosivo.

    Una posible solución.

    Soluciones ante este problema las podéis encontrar en cualquier rincón de la red, ahora que está muy de moda eso del “coaching 2.0” y en número tan grande que es muy posible que se contradigan unas con otras.

    Mi experiencia me dice que hay dos que son claves a la hora de evitar este problema:

    1. Define un plan muy específico. Es cuestión de dedicarle unos pocos minutos antes de ponernos a trabajar a definir de forma esquemática cómo nos vamos a mover durante nuestra jornada laboral. No tiene que ser algo estricto, que ya sabemos todos que los fuegos van apareciendo solos, pero sí algo lo suficientemente definido como para que no perdamos tiempo pensando por dónde hemos de ir.
    2. Monotarea. Esta es la clave. Siempre he tenido la falsa sensación de que cuantas más cosas haga simultáneamente más productivo soy. Es un error común y fundamental contra nuestra eficiencia. Una vez que en el punto 1 has decidido qué vas a hacer en la próxima hora, dedícate a hacer eso y nada más que eso. Enfoca toda tu capacidad en terminar esa tarea. No te disperses.

    Lo demás viene como añadido a estas dos reglas. Tómate descansos, da rienda suelta a tus necesidades sociales en ellos, define bloques de trabajo que se adapten correctamente a tu forma de trabajar.

    Es fundamental que te estudies y aprendas a conocer de qué modo te desenvuelves mejor, durante cuánto tiempo puedes permanecer concentrado, etc.

    Al fin y al cabo somos diferentes y no necesariamente las mismas técnicas específicas funcionarán igual en unos que en otros.

  • No dejes de usar el microondas

    Y menos por una premisa falsa.

    Microondas
    Microondas convencional

    El horno de microondas (comúnmente conocido como microondas) es uno de los electrodomésticos casi indispensables en la mayoría de cocinas en la actualidad pero, sin embargo, existen una serie de falsos mitos a su alrededor que le han dotado de una «peligrosidad» que en realidad no tiene.

    Historia y Fundamentos

    Durante la 2ª Guerra Mundial la ciencia aplicada experimentó un gran avance. Con la llegada del RADAR y sus aplicaciones civiles el horno de microondas apareció, como la mayoría de cosas, casi por casualidad.

    Fue un ingeniero que estaba realizando pruebas con el RADAR y un magnetrón. El magnetrón es un dispositivo que mediante unos imanes y una serie de ranuras consigue transformar la energía eléctrica en energía electromagnética en forma de ondas microondas.

    Las ondas microondas son ondas electromagnéticas cuya frecuencia se situa entre los 300 MHz y los 300 GHz y son bastante más comunes de lo que nos pensamos. Por poneros un ejemplo, la televisión, las redes de comunicaciones inalámbricas (Wi-Fi) y la telefonía móvil emplean el mismo rango de frecuencias.

    El ingeniero que estaba realizando pruebas con el magnetrón, Percy Spencer, descubrió que la chocolatina que llevaba en el bolsillo se había derretido.

    Tras realizar algunos experimentos más llegó a la conclusión de que los alimentos sufrían un proceso de calentamiento al incidir sobre ellos ondas microondas. Más tarde se comprobó la razón. La molécula del agua, presente en la mayoría de alimentos, así como algunas grasas, sufren un proceso por el cual liberan energía en forma de calor cuando son irradiadas con ondas microondas.

    Es muy importante en este momento dejar clara una cosa: la radiación producida por las ondas microondas es de caracter no-ionizante. Esto viene a significar que este tipo de radiación no cambia las características estructurales de la molecula y, por lo tanto, no entraña el riesgo para la salud que otras radiaciones ionizantes sí que tienen: los rayos X, por ejemplo.

    El horno microondas.

    Han pasado ya unos cuantos años desde su descubrimiento y el aparato que a día de hoy disfrutamos en nuestras casas dista mucho del enorme armatoste con el magnetrón dentro que se empezó a comercializar en los años 50.

    Nuestro aparato se compone en esencia, del mismo sistema, aunque de proporciones reducidas, que lo que busca es aislar las ondas microondas en su interior para aumentar su eficiencia. Por eso la caja es una caja aislante que filtra las ondas para evitar que éstas salgan del recinto de cocción.

    Lo relevante es que el único riesgo que entraña el horno de microondas para la salud humana radica en el hecho de que al radiar ondas a potencia elevada puede hacer que nuestras moléculas de agua generen calor y nos produzcan quemaduras. Pero esto sólo ocurriría si el aislamiento fallase estrepitosamente y tuviéramos la cabeza dentro del aparato.

    Pero pese a esto todavía existe gente que desconfía de estos dispositivos considerándolos nocivos e incluso he llegado a escuchar que culpables del desarrollo de algunas enfermedades. Nada más lejos de la realidad científica. Lo curioso, sin embargo, es verlos decir todo esto con el móvil pegado a la oreja conectado a su red WiFi a escasos metros de distancia.

  • Primeras impresiones de las Next-gen.

    Aún inmersos en plena vorágine tras las presentaciones durante el E3 de Sony y Microsoft de sus dos nuevas plataformas creo que es un buen momento, aún sin conocer demasiado sobre ellas, para realizar un primer análisis de lo que ha resultado esta puesta de largo de los dos sistemas.

    La tecnología.

    Por un lado tenemos a Sony con la cuarta versión de su Playstation. Entre las características técnicas que han salido a la luz cabe reseñar su procesador 8 núcleos, 8 GB de memoria RAM GDDR5, AMD Radeon GPU y conexiones GigabitEthernet y WiFi n.

    Sony Playstation 4

    Por otro, Microsoft presentó su Xbox One con un procesador de 8 núcleos (aunque montado sobre 2 quad-cores), 8 GB de memoria RAM DDR3, siendo disponibles sólo 5GB para juegos y una AMD Radeon para procesar los gráficos, siendo Kinect una parte integrante más del sistema.

    Microsoft Xbox One

    Como podéis ver ambas tienen, sobre el papel, unas características técnicas similares, que consiguen actualizar las plataformas dedicadas a los videojuegos a la tecnología más novedosa de la que ya disfrutan muchos jugadores en plataformas PC/MAC.

    Sin embargo, tras el E3, ha habido una clara vencedora. ¿Quién y por qué?

    Primera toma de contacto: objetivos diferentes.

    Cuando ves un poco hacia donde se mueven los dos gigantes del ocio electrónico puedes percibir que existe cierta diferenciación en el rumbo que ha tomado cada uno. Si bien Sony ha apostado muy fuerte por un sistema potente y con unas condiciones de juego muy interesantes con la intención de llevarse de calle el mercado de los hardcore gamers, Microsoft, tal vez pensando en Apple e incluso en Google, busca hacerse con parte del nicho de los usuarios de media centers.

    Que nadie se equivoque, PS4 va a ser un estupendo media center, pero Xbox One, con Kinect, va a intentar convertirse en la referencia de los salones norteamericanos y del resto del mundo.

    Sólo eso puede explicar decisiones tan absurdas como obligar a permanecer conectado al menos cada 24 horas a internet para poder hacer uso de los juegos o las limitaciones que presenta la consola para el intercambio de juegos.

    ¿Por qué Sony se ha llevado el gato al agua?

    Básicamente porque ha presentado lo que la gente esperaba: una videoconsola potente y dedicada a hacer lo que la gente querrá que haga. Playstation 4 tiene muy buena pinta, presenta unas características impresionantes y Sony parece dispuesta a complacer a sus clientes. Microsoft en cambio ha presentado un dispositivo con muchas limitaciones autoimpuestas (las ya comentadas y algunas más), pero ha enfatizado mucho en su visión de sistema de reproducción de contenidos, sobretodo online.

    Teniendo en cuenta que el E3 es un evento diseñado y hecho para jugones, estaba claro que con estos ingredientes Xbox One iba a recibir palos por todos lados, como así ha sido, haciendo que PS4 se postule como futurible éxito para cuando salga a finales de 2013.

    Pero cuidado, dudo mucho que Microsoft haya dicho su última palabra por lo que a su Xbox One se refiere: nos queda por descubrir su estrategia de mercado, esa que ha sabido ocultar muy bien en este E3 y que probablemente la prepare para la futura lucha contra los sistemas integrados en las Smart TV y los dispositivos media center Apple TV y el posible Google TV.

  • Reseña: Inferno.

    Reseña: Inferno.

    blog_inferno

    Hablar de Dan Brown es sin duda hablar de El Código Da Vinci, obra por la que se hizo mundialmente conocido y que le catapultó al éxito convirtiendo su libro en un best-seller casi nada más publicarlo.

    Recuerdo que lo leí casi devorándolo. Esa mezcla de misterio, intriga, conspiración y, sobretodo, historia y simbología, hicieron de su lectura una auténtica delicia.

    Lo recuerdo con bastante buen sabor de boca.

    Luego llegó Ángeles y Demonios, aunque era previo, y El Símbolo Perdido. Y la cosa empezó a flojear. Dan Brown había dado con una fórmula que le aseguraba el éxito y decidió exprimirla repitiendo exactamente el mismo patrón en todas sus obras.

    Hace unos meses llegó Inferno. Y la mera idea de una novela cuyo eje central era la Divina Comedia de Dante y que se desarrollaba en Florencia me hizo albergar la esperanza de un resurgir de Dan Brown. Pobre de mí.

    Inferno es más de lo mismo, pero peor. Si en El Código Da Vinci una trama oculta en la historia parecía ir desarrollándose con los siglos, envuelta en el misterio de sectas ocultas y grandes acontecimientos, apareciendo de forma suave y creíble a lo largo de la narración, en Inferno todo es atropellado. Es un argumento predecible, pese a sus inverosímiles constantes giros de argumento. Sabes lo que va a suceder dos o tres capítulos antes de que suceda aunque Brown intente sin éxito aumentar la intriga en cada final de capítulo. Pero lo peor es la sensación de que el escritor se ha dedicado a investigar un poco por aquí, otro poco por allá, a decidir dos o tres localizaciones con impresionantes elementos artísticos y como quien no quiere la cosa, lo ha conectado todo de una forma tan basta que a veces hasta he tenido que parar de leer.

    Resulta hasta cansino ese afán por describir la grandiosidad del Duomo de Florencia, del Palazzo Vecchio o su catedral por esa forma tan poco natural de hacerlo: en medio de la acción trepidante el protagonista se para a admirar la cúpula de Brunelleschi o el Baptisterio de Florencia.

    Por lo que respecta al argumento en sí, de innovar, lo justo. Un científico loco que al parecer quiere cargarse a la humanidad, una oculta corporación con poder en todo el mundo, la Organización Mundial de la Salud, criminales a sueldo tratando de matar al protagonista y el protagonista que lo sabe todo justo en el momento adecuado. Ella que aparece de la nada, guapísima, con un pasado turbio que la pretende hacer más interesante. Muy de película. Muy preparado para una posible (y casi segura) adaptación cinematográfica.

    Es un Indiana Jones que se ha hecho mayor y que el paso del tiempo no le ha sentado bien. Y para Indiana Jones moderno yo me sigo quedando con Nathan Drake.

    Lo peor, sin lugar a dudas, que te sablen más de 20 euros por una cosa así. Y que esté por todas partes inundando todas las estanterías de los centros comerciales y de las librerías.

    Que no, señor Brown, que o cambia de patrón o me niego a darle otra oportunidad.

  • Cinco canciones de Mayo (III)

    Ya ha llegado Junio y esto significa que el Verano está cada vez más cerca. Pero no podemos despedirnos de esta Primavera 2013 sin una banda sonora a la altura.

    #1 Pentatonix and Lindsey Stirling – Radioactive (Imagine Dragons Cover)

    Ya recomendé la original el mes pasado pero este mes he descubierto esta auténtica joya. La considero una obra de arte musical y visual. El clip no tiene desperdicio alguno con esa estética post-apocalíptica a lo Madmax. Todo su conjunto es sublime.

    #2 Parov Stelar – Booty Swing

    Este mes ha venido marcado por ese ambiente a los años 20 de la mano del Gran Gatsby. Con esta canción mezclas un poco de los dos mundos y lo haces con un ritmo que motiva. Ideal para levantarse de la cama con ganas de comerse el mundo.

    #3 Lorena McKenitt – Skellig

    Por decir alguna porque prácticamente todas las canciones de esta mujer son una delicia para los sentidos. La he descubierto gracias a Inferno (el de Dan Brown) y ya por ello ha merecido la pena su lectura. Sencillamente magia hecha música.

    http://www.youtube.com/watch?v=Or7vQVyBkCI

    #4 DJ Valdi, Kato Jimenez & Jesús Sánchez – Wanna Dance (ft Mey Green)

    No podía faltar el tema motivador para hacer ejercicio del mes. Y además promocionando la marca España. Me sobra a Pablo Motos en el videoclip pero cuando se oye ese «GO» hay ganas de llegar más lejos, saltar más alto, correr más rápido.

    #5  Pablo López – Vi

    Reconozco que de no ser por mi hermano no conocería a este malagueño (OT 2008) pero el tema me gustó desde la primera vez que lo escuché y me transmite muy buenas sensaciones.

    #BONUS TRACK. Chande – Diselo

    Esto ya a parte, ya os digo yo que este Verano, lo peta.

    http://www.youtube.com/watch?v=QXqGSo1t6E4

  • El Gran Gatsby

    El Gran Gatsby

    Hay determinados elementos que guardan especial relevancia en la memoria de uno aún sin entender muy bien por qué.

    Uno de esos elementos para mí es «El Gran Gatsby«. Recuerdo una cinta VHS en la estantería con el rótulo escrito por mi padre. Creo que era la primera de las adaptaciones, de 1949, en blanco y negro. Recuerdo también el libro, en inglés, haciéndole compañía a «El Guardián entre el centeno» y que aparecía de repente en una de esas veces que me daba por buscar algún libro en la biblioteca. Supongo que sería el tiempo en que mi padre estudiaba Literatura Norteamericana y, desde entonces, ese título, ese nombre, Gatsby, me ha sonado a viejo conocido, aún sin conocerlo.

    Con la nueva adaptación cinematográfica de la novela de Scott Fitzgerald a cargo de Baz Luhrman tuve la excusa perfecta para sumergirme en el mundo de Jay Gatsby y lo que descubrí me gustó. Pero empecemos por el principio.

    La historia

    El Gran Gatsby (The Great Gatsby, F. Scott Fitzgerald, 1925) es un retrato de la opulencia económica de los años 20 en la costa este de los EE.UU. La bolsa había comenzado a dar sus frutos e ingentes cantidades de soñadores llegaban a Wall Street buscando fortuna. Entre ellos un joven e inocente Nick Carraway, el narrador de la historia. Se trata de un momento de convivencia entre las clases altas de la aristocracia americana y los nuevos ricos. Es además la época de la «Ley Seca». Una etapa de desenfreno, de ríos de alcohol fabricado en algún garaje y de libertinaje.

    Jay Gatsby es un hombre hecho a sí mismo que aparece de la nada en el firmamento neoyorkino. Nadie conoce su pasado, nadie entiende más allá de lo que la fachada de su imponente mansión muestra, pero da lo mismo: ofrece las mejores fiestas fin de semana tras fin de semana y eso, en los años 20, es lo que importa.

    Sin embargo por azares del destino un joven corredor de bolsa, nuestro narrador, Nick Carraway, comienza a vivir en una pequeña y destartalada casita que linda con la mansión de Gatsby. A partir de ahí dará comienzo una amistad que durará el resto de sus vidas.

    Una historia de amor, de traición, de anhelos y de recuerdos de un pasado que jamás volverá son las notas musicales de esta melodía con ritmo de Jazz

    La novela

    Portada del libro.

    Lo primero que hice, obviamente, fue leerme la novela.

    Se trata de una novela intensa, corta pero completa y que no te deja indiferente al terminarla. A veces resulta inconexa y desconcertante, otras veces profunda, en algunos momentos adolece de cierta pausa pero que recupera con partes de un ritmo condenadamente endiablado.

    Y es que más allá del amor y la traición, hay dos sensaciones que quedan como flotando en el aire justo en instante en el que terminas la novela: por un lado lo efímero de la fama, del dinero y del poder, elementos vacíos por ellos mismos que se desvanecen en el aire al menor giro inesperado de los acontecimientos, por otro, la tendencia tan humana a aferrarnos a un pasado que no existe pero que hemos idealizado hasta tal punto en nuestro interior que somos capaces de luchar contra imposibles por él.

    Primera película: El Gran Gatsby (1974) – Jack Clayton

    Redford y Farrow en una escena de El Gran Gatsby

    Con la novela ya terminada lo siguiente fue ver una de las adaptaciones cinematográficas. En esta película, rodada en 1974 y protagonizada por dos miuras del celuloide: Robert Redford y Mía Farrow, partía con la desventaja de que soy carne de 1080p y las películas previas a los 80 (y algunas de esta década también) me cuesta mucho digerirlas.

    No obstante, como adaptación pasa con nota la prueba. Se ciñe con bastante soltura a la novela de Fitzgerald y la elección del casting es bastante acertada.

    Como película sin embargo, se queda bastante corta. Es plana, en muchos momentos hasta aburrida, el hilo conductor a veces resulta atropellado, saltándose momentos que son importantes para luego extenderse hasta el tedio en otras escenas de menor relevancia para la historia.

    Al joven Redford, más ahora mirándolo con la perspectiva de Dicaprio, no le encaja el papel de Gatsby. Es un galán, de eso no hay duda, pero de esa mezcla de inocencia con despiadada sed de poder no hay ni rastro. No transmite esa lucha interior que sufre Gatsby a lo largo de su triste historia ni su mirada nos cuenta la melancolía de los días que ya no volverán.

    Mía Farrow, en cambio, hace un papel decente. Tampoco es que el papel de la vacía Daisy Buchanan requiera un esfuerzo artístico considerable pero representa muy bien esa idiotez regada con el oro de la riqueza.

    El resto del elenco también está bien. Especial mención para mí tiene George Wilson (Scott Wilson), el abuelo de The Walking Dead, que encaja casi a la perfección en la imagen de pobre infeliz y desgraciado que interpreta.

    Segunda película: El Gran Gatsby (2013) – Baz Luhrmann

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    Escena de El Gran Gatsby 2013

    Por último le ha tocado el turno a la reciente estrenada versión de Luhrman. Cuando ves en el trailer que este señor ha dirigido «Romeo y Julieta» y «Moulin Rouge» te haces una idea de que lo que vas a ver se desvía de lo convencional.

    Y así puede parecer por el juego de fuegos de artificio que usa en la primera parte de la película. Pero se trata de un espejismo. Este sí que es El Gran Gatsby. 

    Para empezar Leonardo Dicaprio está, como últimamente en todo lo que le da por hacer, inmenso. Borda el papel. Él se cree a Jay Gatsby. A diferencia de Robert Redford, Dicaprio te enseña esa debilidad oculta en casi cada plano, con cada mirada. Sientes la necesidad de creer en su fachada de hombre por encima del bien y del mal pero no te lo terminas de creer del todo. Caes en el encantamiento que se construye sin entender por qué y para qué lo hace.

    Tobey Maguire hace de Nick Carraway, el narrador y espectador de toda la acción, y no destaca especialmente, ni para bien ni para mal. Quizá alguien debería decirle que hay determinadas muecas que son innecesarias, pero no estorban en exceso, aunque para mi a ese actor el papel de Peter Parker le ha marcado demasiado.

    Joe Edgerton interpreta al marido de Daisy, Tom Buchanan y es otro acierto enorme en la elección y posterior caracterización: es el vivo retrato del Buchanan de Fitzgerald.

    Carey Mulligan fue la escogida para hacer de Daisy y, al igual que Mia Farrow, cumple. Y sé que cumple porque al acabar la película tengo la misma sensación, que no desvelaré, hacia ella que cuando terminé la novela.

    Mucho se ha criticado a la película por la especial escenografía que le ha impreso Luhrmann, pero obviando lo innecesario de usar música rap en una historia ambientada en los años 20 y algunas escenas más propias del próximo videoclip de Rihanna que de una fiesta alocada a ritmo de Jazz, la realidad es que a mí me ha transmitido perfectamente esa idea del derroche desenfrenado que se vivió en esa época y que se terminó de golpe con la caída del 29. El montaje además, hace que la película no pierda ritmo donde su antecesora lo hace estrepitosamente.

    Lo reconozco, me ha gustado bastante. 

    Lo mejor: Leonardo Dicaprio.

    Lo peor: Alguna de las canciones de su banda sonora.

    Nota: 8/10

    Y una cosa más: Lana del Rey en la banda sonora. Pura magia.