Blog personal de Sergio Madrigal donde encontrar textos sobre ciencia y tecnología, psicología, cine y literatura y quizá alguna cosita más.

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La diferencia entre perder el tiempo y disfrutar del tiempo libre

Nos encontramos ante un momento de nuestra historia en el que el tiempo, o más bien su uso, se ha convertido en un elemento capital de nuestra rutina diaria.
Son cientos los profesionales, y no tan profesionales, que dedican sus esfuerzos a explicarnos cómo gestionar mejor nuestro tiempo.

Son miles las teorías, los métodos, las apps, que han venido a revolucionar nuestra forma de manejarlo, que nos aseguran cumplir la lista de objetivos interminable que nos han dicho que debemos cumplir.

Todo este enorme circo se basa en una necesidad construida con el tiempo y al abrigo de intereses ajenos.

No necesitamos aprovechar el tiempo

La realidad más simple es esa. No nacemos con la obligación natural de hacer que nuestro tiempo sea eficiente. Es un concepto adquirido y, por desgracia, distorsionado.

Hemos trasladado las obligaciones laborales a la parcela personal hasta convertir el tiempo que nos dedicamos a nosotros en una carga más.

La sociedad capitalista ha cristalizado completamente, alargando sus tentáculos ideológicos hasta cubrir cada instante del tiempo de nuestras vidas. Ya no se trata de que produzcas y consumas, se trata de que lo hagas en cualquier momento del día.

A esta imagen distorsionada del aprovechamiento vital han contribuido, como era de esperar, la cultura audiovisual y los medios, empeñados en mostrarnos historias de «éxito» directamente relacionadas con su capacidad de esfuerzo y dedicación constante. Hombres y mujeres que han logrado tocar lo más alto por haber sido capaces de aprovechar su tiempo.

La clave de todo la tiene esa palabra: aprovechar.

¿Qué significa aprovechar?

Etimológicamente, aprovechar significa estar cerca del provecho, que se entiende como un beneficio, producto, lucro o ganancia. Ahora pregúntate qué entiendes por lucro o ganancia.

Como prácticamente todo aquello que nos mueve y nos motiva en esta vida, nuestra perpeción de las cosas es fundamental en el desarrollo de nuestros comportamientos.

Si siempre hemos visto, oído o leído palabras como lucro, ganancia o producto, asociadas a una temática puramente económica, no es difícil aventurar que hemos vinculado esos conceptos.

Pero un beneficio, una ganancia, también puede ser disfrutar de un rato tirado en el sofá sabiendo que no tienes nada que hacer.

Una buena rentabilidad también debería entenderse como el equilibrio entre una larga jornada laboral y un buen rato de desconexión, de no hacer absolutamente nada.

Es difícil disfrutar del tiempo si sientes que lo estás perdiendo.

Y, sin embargo, ese aprendizaje temprano del provecho como lucro económico hace que muchos sintamos que perdemos el tiempo si no hacemos algo de nuestra lista de tareas pendientes.

Hemos estigmatizado aburrirnos por considerarlo lo opuesto a sacar beneficio del tiempo, cerrándonos la puerta a una mayor capacidad de reflexión y de creatividad.

El tiempo libre es entendido, así, como un depósito finito de oportunidades para alcanzar tu sueño. No hacer nada, o hacer algo que no tenga ligado directamente un lucro o un beneficio, que te acerque más a ese falso éxito, es abrir el grifo del despósito y verlo vaciarse.

De esta forma se produce la pardoja de que, a pesar de preocuparnos por disponer de tiempo libre, no sabemeos disfrutar de él cuando lo tenemos. O incluso lo reconvertimos en tiempo de trabajo, para aliviar el sentimiento de pérdida. Nos aterra perder el tiempo. Nos asquea aburrirnos.

Por eso todos esos gurús, todas esas metodologías mágicas, insisten en que llenes tu tiempo libre, que lo bloquees de posibles distracciones, que lo midas hasta el segundo para no dejar escapar ni un mínimo de esa productividad ficticia.

En mi caso todavía sigo en el proceso de desaprender esa idea distorsionada que he tenido siempre acerca de lo que verdaderamente significa aprovechar el tiempo.

Son muchos años los que me ha costado entender que disfrutar de tu tiempo se reduce, sencilla y llanamente, a hacer aquello que te apetece, sin preocuparte por nada más.

La ausencia de preocupación.

Ahí radica la clave que hace que el tiempo libre tenga su correspondiente valor asociado: entenderlo como una forma de desligarte de una realidad apresurada y medida en función de tus obligaciones.

Basta solo eso, arrancar de raíz esa sociedad entre acción y retorno, entre comportamiento y resultado.

No todo lo que hacemos tiene que tener un fin, tiene que tener un objetivo, tiene que devolvernos algo. Hay muchas, muchísimas cosas en la vida cuyo beneficio, cuyo provecho, cuyo valor intrínseco se circunscribe al placer de poder realizarlas.

La próxima vez que te tires en el sofá a cambiar de canales sin rumbo fijo, prueba a sentir que disfrutas de la sencillez de no estar haciendo nada.

Volver a empezar

Quiero volver a escribir.

Es un hecho que llevo demasiado tiempo dándole vueltas a cómo enfocar el blog, qué es lo que al resto del mundo puede interesarle.

Me he pasado demasiado tiempo analizando, planificando y reflexionando acerca de eso sin entender que lo básico, lo fundamental, lo que convierte a un blog en una herramienta de comunicación maravillosa es que sencillamente me tengo que decidir a escribir lo que a mi me apetezca.

Y eso es lo que voy a intentar hacer a partir de ahora.

Sin presiones, sin complicaciones, sin grandiosos temas que tratar obligatoriamente.

Sencillamente dando rienda suelta a aquellos temas que me importan, que me parezcan curiosos, interesantes o ni siquiera eso.

Volvamos a empezar.

El arte de hacer las cosas despacio

De un tiempo a esta parte estoy intentando, que no significa que esté logrando siempre, aplicar una especie de principio: hacer las cosas despacio.

En un mundo en el que nos movemos frenéticamente con la multitarea como abanderada (por error) de la productividad personal, he descubierto en el placer de hacer las cosas con calma, con la medida paciencia que nos permita saborear el momento y disfrutar ya no sólo de los resultados sino del camino que lleva a ellos, una nueva forma de vida.

Imagina por un momento aquello que estás haciendo: estudiando, trabajando, incluso viendo la tele. Analiza (y se honesto) cuánta atención estás poniendo en la tarea que realizas, cuánto cuidado y dedicación le estás dando, y cuántas tareas más estás haciendo “simultáneamente”.

Y pongo esa palabra entre comillas porque tienes que asumir algo: no podemos mantener el foco en dos cosas a la vez. No digo los hombres, que os veo venir guapas, digo en general, el ser humano.

Nuestro cerebro puede hacer simultáneamente muchísimas cosas: respira, el corazón bombea, el estómago digiere, los sentidos envían la información exterior a nuestro cerebro, el cerebro procesa todo esto… Pero conscientemente sólo podemos poner atención a una.

El falso concepto de la multitarea

Así que cuando alguien te dice que le encanta la multitarea y que se siente super productivo cada vez que se sumerge en hacer 4 o 5 cosas a la vez, habrías de ser buena persona y enseñarle dos importantes lecciones: no hace ninguna de esas cosas a la vez y es altamente probable que el resultado de ellas sea mucho peor (en términos de eficiencia) que si las hiciera por separado, cuidadosamente y con mimo.

El cerebro requiere de un tiempo para enfocarse, como si de una lente de una cámara fotográfica se tratase. Cada vez que conmutamos de tarea obligamos al cerebro a realizar este enfoque con el consumo de tiempo y de recursos que esto conlleva.

Haz una cosa, hazla despacio, disfrútala.

Muchas veces me he visto en medio de la vorágine de la multitarea y en algunos casos he intentado encontrar el motivo. Además de la ya conocida percepción de que estamos haciendo más que si nos dedicásemos a una sola tarea, hay otro elemento importante: no disfrutamos de la tarea y por eso conmutamos constantemente, buscando en el resto de las tareas una forma de liberación del estrés que genera la tarea desagradable.

Tal vez la perspectiva con la que afrontamos las actividades sea la que no es correcta y un pequeño cambio en la óptica a la hora de ponernos manos a la obra pueda suponer un cambio sustancial.

Así que en esas ando: cada tarea que tengo que realizar comienza con un proceso de eliminación de cualquier tipo de distractor, una evaluación de aquellas cosas que me gustan de la tarea y de por qué voy a disfrutar haciéndola y, durante el tiempo que la estoy realizando, un estado de sensación de inmersión total en ella: somos la tarea y yo y el resto del mundo ha dejado de existir.

Ya digo que no siempre funciona, pero puedes probar con cosas tan simples como comer. Yo como a una velocidad que pone en entredicho la Teoría de la Relatividad de Einstein, pero estoy empezando a intentar saborear cada bocado, de verdad, intentando descubrir sabores, texturas…

En definitiva se trata sencillamente de sentir el momento presente como el que de verdad importa, aprender a disfrutarlo sin pensar en nada más y dejar el futuro para cuando llegue.

Mejora tu productividad con 2 ideas

moleskine

Lo he leído ya tantas veces en tantos sitios que algo de razón tiene que haber en ello.

Los que trabajamos frente a un PC con conexión a internet y somos usuarios intensivos de la red tenemos un problema relativamente severo con nuestra productividad.

Si os fijáis, tanto los navegadores como el resto de aplicaciones nos empujan hacia la multitarea. En mi caso abro el navegador y casi por defecto tengo cuatro o cinco pestañas ya abiertas: el correo, alguna red social, un buscador y la web que esté en ese momento visitando.

Sobre esta base voy moviéndome a través de enlaces, recursos, etc., incrementando en muchas ocasiones el número de pestañas hasta números que superan la veintena.

En definitiva algo inmanejable y que mina considerablemente mi productividad.

Si a esta receta le añadimos el ingrediente de la asincronía de las redes sociales: cóctel explosivo.

Una posible solución.

Soluciones ante este problema las podéis encontrar en cualquier rincón de la red, ahora que está muy de moda eso del “coaching 2.0” y en número tan grande que es muy posible que se contradigan unas con otras.

Mi experiencia me dice que hay dos que son claves a la hora de evitar este problema:

  1. Define un plan muy específico. Es cuestión de dedicarle unos pocos minutos antes de ponernos a trabajar a definir de forma esquemática cómo nos vamos a mover durante nuestra jornada laboral. No tiene que ser algo estricto, que ya sabemos todos que los fuegos van apareciendo solos, pero sí algo lo suficientemente definido como para que no perdamos tiempo pensando por dónde hemos de ir.
  2. Monotarea. Esta es la clave. Siempre he tenido la falsa sensación de que cuantas más cosas haga simultáneamente más productivo soy. Es un error común y fundamental contra nuestra eficiencia. Una vez que en el punto 1 has decidido qué vas a hacer en la próxima hora, dedícate a hacer eso y nada más que eso. Enfoca toda tu capacidad en terminar esa tarea. No te disperses.

Lo demás viene como añadido a estas dos reglas. Tómate descansos, da rienda suelta a tus necesidades sociales en ellos, define bloques de trabajo que se adapten correctamente a tu forma de trabajar.

Es fundamental que te estudies y aprendas a conocer de qué modo te desenvuelves mejor, durante cuánto tiempo puedes permanecer concentrado, etc.

Al fin y al cabo somos diferentes y no necesariamente las mismas técnicas específicas funcionarán igual en unos que en otros.

Launchy – Ahorra tiempo

En la actualidad, probablemente una de las mejores herramientas para entornos Windows, sobretodo en cuanto a eficiencia de trabajo se refiere, es, sin lugar a dudas, Launchy.

Con esta herramienta sencilla, tendrás acceso a través de la combinación de teclas que tú elijas a un menú emergente que te permitirá cargar cualquier cosa: aplicaciones, el navegador (con búsquedas directas en Google, YouTube, Wikipedia, etc.) además de poder programar palabras clave que te abran determinadas páginas web, o determinadas aplicaciones con parámetros específicos.

La velocidad a la que se puede trabajar y el ahorro de tiempo que el uso de este software supone no debe pasar desapercibido para aquellos que estamos mucho tiempo frente al ordenador y que, cuando precisamos de un determinado programa o de realizar una búsqueda específica, el proceso tradicional nos resulta excesivamente lento e ineficiente.

Supongo que los usuarios de Linux y de Mac (sobretodo estos últimos) ya dispondrán de aplicaciones similares.

Web de descarga | http://www.launchy.net/