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  • Reseña: Stoner – John Williams

    Reseña: Stoner – John Williams

    En su cuadragésimo tercer año de vida, William Stoner aprendió lo que otros antes que él habían aprendido: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra

    Es casi seguro mi novela de 2026.

    Existen libros que después de terminados dejan un flotando en el aire la emoción que despertó su lectura. Si tuviera que describir el sabor de Stoner me costaría definirlo. Diría que, sobre todo, es una novela que habla de la vida. Y la vida, es, en esencia, esperanza y melancolía; sueños y recuerdos.

    Los primeros nos proyectan hacia el futuro mientras que los segundos nos sujetan al pasado. Vivimos suspendidos entre ambos, tratando de alcanzar aquello que todavía no existe mientras aprendemos a convivir con la certeza de aquello que ya no puede volver.

    William Stoner nace en una familia pobre de agricultores del medio oeste que sobreviven a duras penas. En un intento por mejorar sus vidas y tras mucho esfuerzo, sus padres consiguen enviarle a estudiar ingeniería agrícola a la Universidad de Missouri. Allí Stoner conocerá su primer y probablemente gran amor: la literatura inglesa y su vida tomará un rumbo distinto al que parecía llevar escrito desde el principio.

    Lo verdaderamente bello de la novela es que su único propósito parece ser contarnos la vida de alguien que nunca buscó ser excepcional. No es un héroe ni destaca por ser alguien diferente al resto. Es, en su más profunda esencia, un hombre como otro cualquiera y es precisamente en esa absoluta normalidad donde la novela se convierte en extraordinaria.

    Está, además, fabulosamente escrita. De tal manera que, aún con un narrador en tercera persona, el vínculo con el protagonista es total. John Williams construye una historia capaz de introducirte en el interior del personaje hasta el punto de sentirte tan unido a él que después de terminar todavía te resuena su voz.

    Una novela que te habla a través de la vida de un desconocido de tus propios miedos y de tus anhelos. De las preguntas que la vida responde y de las que deja sin contestar. Es un canto a la normalidad. En tiempos donde solo sirve lo diferente, Stoner se encarga de mostrar que esos miedos y esos anhelos no son solo tuyos, nos pertenecen a todos por igual.

    Nota: 9/10

  • Proyecto Hail Mary y la suspensión de la incredulidad

    Proyecto Hail Mary y la suspensión de la incredulidad

    Antes de ponerme en faena, empezaré por explicar, para aquel que no conozca el concepto, qué es la suspensión de la incredulidad.

    En el mundo de la narrativa, ya sea literatura, cine, teatro, etc., existe un contrato implícito entre el autor de la obra y el receptor. Es un contrato mediante el cual ambas partes acuerdan que, durante el tiempo que dura la historia, el espectador/lector acepta que sucedan cosas que no son reales o puedan carecer de sentido en la realidad actual con el fin de disfrutar de la obra.

    Esto lleva siendo así desde que el ser humano comenzó a contar historias y funciona perfectamente bien, incluso en escenarios extremos.

    Funciona perfectamente siempre y cuando se mantenga la coherencia interna: el lector acepta que suceden cosas inverosímiles pero la historia mantiene la coherencia durante todo ese proceso.

    Si esa coherencia se rompe, el contrato se rompe y por tanto, aparece la incredulidad, el temido «Esto no tiene ningún sentido»

    Proyecto Hail Mary de Andy Weir

    Ya había leído El Marciano de Andy Weir, y, sin ser una obra fabulosa, me había gustado mucho.

    Me parecía un soplo de aire fresco en la aparentemente repetitiva escena de la ciencia ficción de los últimos 15 años.

    Confiaba, pues, que Proyecto Hail Mary fuera un paso hacia adelante.

    Sin embargo, lo que ha conseguido este libro es que incluso le vea las costuras a su novela anterior.

    Justo al acabar la historia han habido dos conceptos fundamentales que han quedado flotando en el aire

    1. Andy Weir ha decidido romper la suspensión de la incredulidad

    Y lo que es peor, lo hace prácticamente desde el principio. Son pocos los capítulos leídos cuando de repente todo empieza a oler mal: coincidencias, exageraciones, personajes muy poco trabajados y un intento constante de dotar a la historia de una pátina de cientificidad que ni necesita ni ayuda en nada.

    El problema es que si esto pasa al principio, os podéis imaginar cómo termina la cosa.

    Un profesor de instituto americano que, de la nada, se convierte en el héroe salvador de la Tierra, capaz de entender cuando sea necesario de la más avanzada biología molecular como, al instante siguiente, si la historia lo precisa, ser un experto astronauta realizando cálculos de trayectorias afectadas por la relatividad.

    Es tan absurdo que no te saca de la historia, te echa a patadas de ella.

    A partir de ahí, una buena premisa, una idea que sí que es innovadora, y cientos de páginas destrozándola con situaciones inverosímiles: objetos que aparecen en el momento justo, alienígenas que recorren millones de kilómetros a una velocidad cercana a la luz sin conocer qué es la radiación, la relatividad o la electrónica.

    El final, para rematar, es condenadamente peliculero. Lo cual, tras el éxito cosechado por la adaptación cinematográfica de El Marciano, me ha llevado a pensar que Weir ha escrito esta novela pensando mucho más en su posible tránsito a la gran pantalla que en regalarnos una buena historia.

    2. Andy Weir no sabe construir personajes

    De nuevo, al poco de estar leyendo la historia caes en la cuenta que Ryland Grace, el heroíco protagonista de la historia, no es Ryland Grace, es en realidad, ¡¡¡Mark Watney reencarnado!!!

    Es exactamente el mísmo tipo de personaje, el mismo humor, las mismas interacciones con el lector…

    Si Watney sufría por sobrevivir en Marte, Grace lo hace por sobrevivir en Tau Ceti. A partir de ahí, dos clones.

    El resto de personajes resulta aún más flojo. En especial el alienígena Rocky, presentado como un superingeniero capaz de resolver problemas de una complejidad extrema, pero que al mismo tiempo se comporta como un adolescente perpetuo. Esa combinación, lejos de resultar entrañable, termina siendo un lastre: no profundiza al personaje, sino que lo convierte en una caricatura funcional, diseñada más para facilitar la trama que para sostenerla con verosimilitud.

    Es evidente que construir personajes fuertes y que aporten a la historia no es el fuerte de Andy Weir.

    Conclusión

    Sigo sin entender por qué los best-sellers se convierten en best-sellers. Es un total misterio para mí.

    Tampoco entiendo que personajes influyentes del mundo científico recomienden este libro. Sí, de acuerdo, habla de relatividad y de conceptos de astronomía. Pero, en el fondo, no deja de ser una historia infantil embadurnada de tecnicismos. No es una buena novela.

    Con el tiempo me he dado cuenta de que ese contrato implícito de suspensión de la incredulidad se vuelve cada vez más frágil. Donde antes había margen para el asombro, ahora aparece la grieta de la incoherencia.

    Cuando eres joven, estás dispuesto a aceptar más atajos, más trampas, más concesiones internas. La coherencia importa menos porque la ilusión pesa más. Pero los años y, supongo, la experiencia de vivir, van afinando ese radar que detecta lo que no encaja.

    Quizá todo esto no sea más que una forma algo más elegante de admitir que, con la edad, vamos perdiendo un poco de esa capacidad tan valiosa de creer en la magia que teníamos de niños.

    Nota: 5/10

  • Reseña: El rey del Invierno – Bernard Cornwell

    Reseña: El rey del Invierno – Bernard Cornwell

    El legendario artúrico ha tenido para mí un aura mística desde siempre.

    Es muy probable que influído por una época donde los dibujos y las películas trasladaron la leyenda del gran Rey de Camelot, su Mesa Redonda y el mago Merlin a la televisión y el cine.

    Merlín, el encantador, fue el punto de partida si he de hacer memoria. Ahí seguramente comenzó para mí ese misticismo, esa sensación de reino lejano y desconocido que hablaba de espadas clavadas en piedras y de magos con sombrero de pico.

    Bernard Cornwell dibuja en su saga un perfil totalmente distinto. Con un peso histórico muchísimo mayor aunque sin renunciar a la la fantasía y al misterio de la magia.

    Derfel Cadarn, protagonista de esta historia, es un huérfano que vive en Ynys Witrin, una fortaleza donde el druida britano Merlin gobierna con el objetivo de reunificar la antigua Britania y desde donde acumula todo el conocimiento antiguo.

    Muchos años más tarde, recluído en un monasterio, el monje Derfel rememora la historia de su vida ligada a la del gran Arturo, hijo bastardo de Uther Pendragon.

    El rey del invierno, 1995, Bernard Cornwell, consigue trasladar la verosimilitud de las novelas históricas a una leyenda tan manoseada y, muchas veces ultrajada, como la de Arturo y sus Caballeros.

    Es una visión realista, sin adornos, en la que se respeta el contexto de la Alta Edad Media y en donde la magia y la fantasía se presentan más como construcciones de la tradición oral de relatos que terminan por convertirse en leyendas.

    Y aunque es cierto que Cornwell logra distanciarse en gran medida de la fantasía medieval tal y como la conocemos, en algunos pasajes sigue evocándome “El Gigante Enterrado” de Kazuo Ishiguro: esa sensación de no saber si lo narrado es real o imaginario, si ocurrió realmente o se trata de un relato mítico surgido de la memoria difusa de un monje en los últimos días de su vida.

    El rey del invierno es una novela completa, sólida en sus personajes, en su trama y en esa manera tan eficaz de dialogar con las historias que ya conocemos por la cultura popular. Personajes como Ginebra, Lancelot, Galahad, son nucleares en la historia, pero no son los que han habitado en las leyendas, sino que Bernard Cornwell consigue transformarlos en personajes de carne y hueso.

    Esta trilogía empieza bastante bien.

    Nota: 7/10

  • Jujutsu Kaisen: Más allá de la lucha entre bien y mal

    Jujutsu Kaisen: Más allá de la lucha entre bien y mal

    Si algo no es Jujutsu Kaisen es una serie de lucha entre hechiceros y maldiciones. O quizá más bien, no es sólo eso.

    Reducir una serie tan completa a la eterna lucha entre el bien y el mal es hacerle un flaco favor a uno de los mejores animes de los últimos tiempos.

    Es evidente que, en la superficie, puedes quedarte con eso. El enfrentamiento entre esa humanidad a la que nos aferramos y aquellos monstruos a los que les negamos ningún vínculo. Pero Jujutsu Kaisen es también un ejercicio de reflexión acerca de los demonios propios, acerca de la batalla interna de un adolescente que se encuentra en la encrucijada de no saberse héroe o villano.

    Sobre esa base, la serie desarrolla una amalgama poderosa de personajes que te acompañan en una narrativa épica y muy bien estructurada. Nada es superfluo y hay poco de exceso en sus dos primeras temporadas y en su OVA.

    Yuji Itadori es ese adolescente empeñado en enfadarse consigo mismo, incapaz de encontrar algo que le apasione en la vida y que no se reconoce en ninguno de los posibles futuros que le brinda su realidad. Es un héroe sin mística que en su búsqueda de respuestas encontrará a Satoru Gojo, sin duda el personaje en mayúsculas de la serie.

    Gojo es una brújula extraña en este viaje. No sabes si lleva tiempo estropeada o si todo obece a un plan superior, pero arrastra de una forma visceral al espectador a su mundo. Esconde mucho más de lo que muestra, pero intuyes que tras esos ojos reside un poder descomunal.

    Con ellos, como digo, Jujutsu Kaisen despliega un conjunto de personajes secundarios tan complejo como atrayente, tejiendo una intrincada historia que los termina conectando a todos y dejándote tras sus más de 40 episodios con ganas de mucho más.

    Maravillosa.

    Nota: 9/10

  • Crítica: La Sociedad de la Nieve

    Crítica: La Sociedad de la Nieve

    Hay muchas formas de hacer cine y todas y cada una de ellas tienen de alguna forma cabida en la gran pantalla.

    J.A. Bayona es de esos directores que no hacen un tipo de cine, sino que hacen Cine, como concepto: único y sin especificar.

    En su nueva producción, La Sociedad de la Nieve, podemos disfrutar de ese Cine. Una película que combina emoción, drama y personajes en una trágica epopeya basada en hechos reales.

    Una misma historia, dos formas de contarla

    ¡Viven! (1993) alcanzó la fama en su momento por contarnos la dramática crónica de aquel accidente aéreo en los Andes, de las dificultades a las que se tuvieron que enfrentar los supervivientes para lograrlo. Es una grandísima película.

    ¿Qué sentido tiene hacer una nueva versión de la historia?

    Pues porque si bien ¡Viven! se centra en el qué y el cómo de lo sucedido: en qué pasó y en cómo sobrevivieron (haciendo especial hincapié, aunque con elegancia, en ciertos elementos clave de su supervivencia), en La Sociedad de la Nieve, Bayona explora el por qué.

    Toda la película transita en el bosque de emociones de los supervivientes, a veces en forma de susurros y otras veces convertidas en gritos, pero siempre buscando la humanidad de cada individuo: tanto de aquellos que salieron vivos de aquel trance, como de quienes se quedaron en el camino.

    No son números de un desastre, no hay personajes más protagonistas que otros. Hay personas, cada una de ellas individualmente, representando un universo propio.

    Una factura al alcance de pocos

    Para poder contar en condiciones los hechos y dotar al conjunto de verosimilitud, J.A. Bayona se rodea de todo lo necesario: una fotografía impoluta, unos actores a la altura de las circunstancias, banda sonora, efectos, que hacen del conjunto una pieza para el deleite (y el esperado sufrimiento) del espectador.

    Pero, por encima de todo, está la forma de contar. Porque te puedes rodear del mejor equipo y aún así, para que una película trascienda, necesitas saber contar su historia de tal manera que traspase la pantalla.

    La Sociedad de la Nieve lo consigue prácticamente desde el primer minuto, absorbiendo la atención del espectador hasta su escena final.

    Una oda a la amistad en medio de los límites de la supervivencia. Un cuento acerca de la bondad humana, del vínculo entre personas, de la vida y de la muerte como elementos antagónicos pero inseparables.

    Es una maravillosa, tanto en lo trágico como en lo virtuoso, historia.

    Nota: 7/10

  • Crítica: Guardianes de la Galaxia Vol. 3

    Crítica: Guardianes de la Galaxia Vol. 3

    Guardianes de la Galaxia es, probablemente, una de las sagas más interesantes de todo el universo Marvel.

    Su primera entrega trajo una forma diferente de abordar las películas de superhéroes y abrió el MCU1 a muchos espectadores.

    Una de las claves de su éxito fue la ausencia de peajes en su historia, lo que le permitió explorar mucho más que títulos más importantes en la franquicia.

    Su tono gamberro y desenfadado funcionó y mostró una forma de abordar sus aventuras con un equilibrio entre humor, épica y acción.

    Es en ese éxito inesperado donde aparece Guardianes de la Galaxia vol.2, en la que, en un intento de integrarla en el arco argumental, obliga a la historia a caminar por las rígidas guías del canon del universo de Marvel. Y es en esas guías donde fracasa estrepitosamente.

    Poco es salvable de esa segunda película, que aboga por cumplir todos los errores de los que carecía su predecesora. Y, lo que es más importante, prueba que las fórmulas del éxito moderno no son matemáticas.

    Buena muestra es que Thor: Ragnarok, se alza con un éxito inusitado replicando la idea de Guardianes de la Galaxia Vol.1 y haciéndolo con un personaje nuclear del MCU.

    Como se dice, el veneno está en la dosis y Marvel iba a inyectarse su propia sentencia de muerte.

    El desolador Multiverso.

    La saga del Infinito termina con dos de las mejores películas del universo Marvel: Infinity War y Endgame. Y con ellas, algunos de los personajes más carismáticos ceden su lugar a nueva hornada de héroes.

    Marvel consideró entonces que esta especie de nueva generación podría repetir el éxito de Guardianes de la Galaxia vol.1.

    Se equivocó.

    Tal vez tocase fondo con Thor: Love and Thunder, pero entregas como Eternals o Doctor Strange, el Multiverso de la Locura, fueron también pruebas fallidas.

    Y, lo que es peor, no se percibía signo de mejora.

    Marvel se reconcilia con el espectador

    Y llegamos a lo que se considera el inicio de la Fase 5, Ant-Man y la Avispa: Quantumania. Un pequeño rayo de esperanza. Una película lejos del nivel de las primeras, pero que recuperaba cierta entereza. Había esperanza.

    Pero bien podía ser flor de un día, o quizá las bajas expectativas ante un personaje tan menor como Ant-Man podían sesgar el juicio de la película.

    Guardianes de la Galaxia, vol.3 era el todo o nada de Marvel: última película de los Guardianes, última película de James Gunn, que se marcha a trabajar para DC, última bala del MCU.

    Y entonces aparece esta pequeña obra maestra.

    Gunn vuelve a olvidarse del corsé y cae en la cuenta de que no le debe nada a nadie, sacándose de la chistera una historia que te recuerda por qué disfrutas tanto de una buena película

    Guardianes de la galaxia, vol.3 lo tiene todo: unos personajes carismáticos, una trama simple pero tremendamente efectiva, una construcción que nace desde lo visceral y que maneja a su antojo las emociones del espectador y una banda sonora que no suma, multiplica.

    Este es el cierre que la saga se merecía, el camino que debe seguir el resto del MCU en esta nueva fase para reencontrarse con el espectador. Aunque vivamos en la época de la producción en cadena, las películas siguen necesitando tener alma.

    James Gunn encuentra de nuevo la fórmula, arregla los números y el resultado es tener en 2023 una verdadera película de aventuras espaciales que te hace reír, te hace llorar, te hace gritar y te hace sentir.

    Yo cuando voy al cine, poco más puedo pedir.

    Nota: 8/10

    I Universo Cinematográfico de Marvel (MCU por sus siglas en inglés)

  • Reseña: Tau Zero – Poul Anderson

    Reseña: Tau Zero – Poul Anderson

    Tengo entendido que los grandes aficionados a la ciencia ficción distinguen a este género en dos grandes grupos: Soft Sci-Fi (algo así como ciencia ficción suave) y Hard Sci-Fi (ciencia ficción dura).

    La principal diferencia entre ambas radica en el nivel de complejidad científica de sus tramas. Mientras la primera tiene una dosis relativa de ciencia, la segunda implica conceptos científicos profundos. Así mismo, a diferencia de la ciencia ficción suave, la ciencia ficción dura se toma muchas menos licencias narrativas para enmarcar su relato: las cosas que suceden son científicamente más posibles.

    Tau Zero

    Tau Zero, de Paul Anderson, caería en la definición de ciencia ficción dura. Se trata de una interesante epopeya interestelar que orbita, nunca mejor dicho, entorno a conceptos de física relativista.

    La Leonora Christine es una nave espacial capaz de viajar acelerando hasta alcanzar velocidades cercanas a la luz. Esto permitirá a su tripulación llegar a un planeta con características similares a la Tierra para su investigación en unos pocos años.

    Sus personajes tendrán que vivir en esa nave durante los años que dure el trayecto y enfrentarse a todos los desafíos que un viaje de esas características puede presentar, tanto a nivel técnico como humano.

    Toda la historia se sustenta en la idea de la expansión y contracción del tiempo y del espacio que se produce en los objetos que viajan a velocidades cercanas a la de la luz.

    Esto ya de por sí hace que la lectura se embarre a medida que Anderson desarrolla detalladas explicaciones acerca de la definición del factor Tau y sus implicaciones en la vida de los protagonistas.

    A pesar de que, en general, la base científica que requiere el libro no es excesiva, sí que supone un desafío su lectura.

    Viajes temporales y espaciales

    Tau Zero es, además, un interesante ejercicio de análisis mental y emocional del impacto que produce en las personas los efectos de la Teoría de la Relatividad llevados a la práctica.

    Todavía recuerdo lo impresionado que me quedé cuando leí por primera vez sobre la Paradoja de los Gemelos.

    Aquí son un conjunto de exploradores los que tendrán que hacer frente, no sólo a las dificultades propias de un viaje espacial, sino también a las consecuencias de querer llegar más lejos que nadie y hacerlo lo más rápido posible.

    El libro logra transmitir la desproporción en cuanto a distancias y tiempos que hay entre las medidas estelares y las humanas: lo cortas que son nuestras vidas en comparación con el tiempo y la distancia que nos separa del resto del universo.

    Una aventura que no termina de despegar

    Es cierto que Tau Zero proporciona una lectura entretenida y que algunos de sus pasajes enganchan especialmente, pero se queda muchas veces lejos de cualquier sitio, dando la sensación de no tener muy claro hacia dónde se dirige el escritor.

    Los personajes, aunque adquieren una potencia suficiente a lo largo de la novela, no terminan de definirse del todo y la historia acaba con la sensación de que te podría haber dado mucho más.

    Es, sin embargo, en su conjunto, un relato bastante completo con grandes dosis de buena ciencia ficción.

    Nota: 6/10

  • Reseña: El Imperio Romano – Isaac Asimov

    Reseña: El Imperio Romano – Isaac Asimov

    Si por algún periodo histórico siento verdadera debilidad es por el que abarca el nacimiento, esplendor y caída del Imperio Romano. Su legado, tan presente hoy en día, sus historias convertidas en leyenda, sus grandes figuras. Hoy somos, en parte, sus herederos y tributarios.

    Si, además, quien trata del tema es un divulgador de la altura de Isaac Asimov, leer se convierte en un verdadero placer.

    El Imperio Romano – Isaac Asimov

    En El Imperio Romano, Isaac Asimov realiza un recorrido desde los cimientos y la fundación del Imperio Romano, empezando por la llegada al poder de Octavio y su proclamación como Augusto, primer emperador de Roma. Cubre todo su desarrollo y máximo explendor y finaliza con su desintegración, primero en el 476 DC, con la conquista de Roma, y, posteriormente, con la caída de de Constantinopla y la desparación definitiva del Imperio Romano Oriental.

    Un relato intenso, profundo y aderezado

    A lo largo de sus páginas, Asimov consigue mantener el espírutu didáctico, componiendo una visión global de la construcción política, social y cultural que rodeó a uno de los mayores imperios de la época antigua. Aunque está esencialmente enfocado en el devenir de los acontecimientos políticos más importantes, hay etapas en las que se centra en analizar el bagaje cultural que hemos conseguido rescatar tras su caída.

    Una de las muchas virtudes de esta obra son los mordaces comentarios acerca de alguno de los líderes del Imperio que Asimov deja caer mientras nos explica su historia. Una sutil crítica (a veces menos sutil) que muestra, por un lado, la profunda admiración que profesaba el autor a todo aquello que rodease a Roma y, por otro, su opinión clara acerca de las circunstancias que provocaron su desaparición.

    Roma, grandiosa pero a merced de unos líderes incompetentes.

    El Imperio Romano pone en evidencia cómo evolucionan las construcciones humanas: un comienzo titubeante, con un peligro abierto de desaparecer, una consolidación que lo lleva a cotas inimaginables y una lenta decadencia hasta morir. Y, en el caso que nos atañe, un denominador común que explica estas variaciones, su auge y su caída: el emperador, el líder supremo.

    Figuras con la fuerza de Augusto o Trajano, tiranos como Calígula o Nerón, locos como Domiciano y auténticos inútiles como la ristra interminable de emperadores en la última etapa del Imperio.

    Todo esto en medio de la eclosión del cristianismo que cambia por completo el destino del Imperio: primero rebelándose contra él para terminar fagocitándolo.

    La historia antigua tiene mucho de leyenda

    A pesar de buscar un rigor histórico, el relato que rodea al Imperio Romano tiene siempre un halo de leyenda. Batallas épicas como las de Trajano en la lejana Partia, decenas de traiciones como las de Julio César o Cómodo, infames actores secundarios como Narciso y un sinfín de anécdotas, curiosidades o referencias que hoy en día perduran.

    Ha sido una de esas lecturas que divierte, entretiene y, además, te culturiza.

    Nota: 8/10

  • Reseña – Bushido: El código del samurái – Inazö Nitobe

    Reseña – Bushido: El código del samurái – Inazö Nitobe

    Ficha bibliográfica

    Título: Bushido: El código del samurái
    Autor: Inazö Nitobe
    Género: Filosofia/Ensayo
    Número de páginas: 160
    Editorial: Ediciones Obelisco
    Enlace Amazon: El código del Samurai -Bushido- (ARTES MARCIALES) Tapa blanda – 30 septiembre 2002

    Reseña

    Siempre he sentido un especial interés por todo aquello que rodea a oriente en general y a Japón en particular. Japón es, desde la óptica occidental-mediterránea, un crisol de corrientes de pensamiento muy atractivas: una forma de comprender el mundo que nos fascina.

    Entender sus orígenes forma parte del viaje de descubrimiento de esta cultura y Bushido: El código del samurái nos presenta un relato muy descriptivo de uno de los momentos clave del Japón de finales del siglo XIX: el fin de los samuráis.

    Japón arrastró un sistema de gobierno muy parecido a nuestro feudalismo medieval hasta más allá de 1850. Esto fue gracias, en parte, a una política de férreo hermetismo que mantuvo a la isla oriental en un absoluto aislamiento del resto de naciones.

    Inazö Nitobe, hijo de uno de los últimos samuráis del clan Monoka, aprovecha esta circunstancia para mostrarnos lo que él considera una religión sin dios, una forma de comprensión de la vida: el Bushido.

    Nitobe fue testigo del impacto que tuvieron los cambios políticos iniciados en 1854 con la firma de los Tratados de Paz y Amistad entre Japón y Estados Unidos y que supusieron, de facto, el final de la era samurái. Con el fin del periodo Edo comenzaría una etapa de aumento del militarismo japonés que desembocaría en su participación en la II Guerra Mundial.

    El Bushido, así, es la herencia cultural que nos dejó un periodo que abarca más de 500 años y donde las familias samuráis ostentaban un poder casi ilimitado en ese Japón feudal.

    De ese poder ilimitado emanaron las grandes virtudes con las que estos guerreros constuyeron una sociedad basada en conceptos como el honor, el autocontrol, el sentido de justicia, la vergüenza o el suicidio.

    Valoración personal

    Lo cierto es que me ha gustado especialmente la forma de abordar el impacto que tuvo la política aperturista de Japón en tiempos tan convulsos como fueron las primeras décadas del siglo XX.

    Curiosamente Nitobe, dada su particular educación occidental, terminó convirtiéndose al cristianismo y esto impregna todo el análisis: hay momentos que, certeramente, traza paralelismos entre conceptos religiosos orientales y cristianos, pero en otros momentos el encaje es forzado y artificioso.

    Creo que Bushido: El código del samurái es un buen punto de partida para conocer la cultura japonesa alejándose de los tópicos más manidos, lo que te permite escarbar en las raíces de lo que es el Japón actual y las razones de su evolución.

    Nota: 6/10

  • Reseña: Herederos del Tiempo – Adrian Tchaikovsky

    Reseña: Herederos del Tiempo – Adrian Tchaikovsky

    Herederos del Tiempo es la novela que me ha hecho reconciliarme con la ciencia ficción como género literario.

    Echaba de menos esas obras en las que el autor es capaz de conectarme con la historia y sus personajes tanto emocional como intelectualmente.

    Esa habilidad para construir un vínculo con el lector que muy pocos escritores tienen, pero que una vez alcanzado, te sumerge hasta que pierdes la noción del tiempo.

    El tiempo y el espacio

    Herederos del Tiempo, de Adrian Tchaikovsky, va mucho de perder la noción del tiempo.

    Porque la obra abarca un periodo inconmensurable para el lector y, a pesar de ello, consigue que no pierdas ni por un instante el interés por saber más acerca de lo que está por suceder.

    También porque usa magistralmente la temporalidad para estructurar un relato que interconecta tiempos y lugares distantes haciéndolos accesibles para la mente de quien llega a sus páginas.

    Dos historias entrelazadas con la batalla por la supervivencia como telón de fondo. Lo que nos empuja, como seres humanos, a seguir siempre mirando hacia adelante. Lo que nos mueve a seguir luchando con la intención, no ya de sobrevivir como individuos, sino de perdurar como especie.

    Originalidad en la historia y su concepción

    Si algo he de destacar de la obra de Tchaikovsky es su marcada originalidad. Desde Asimov, no recuerdo un autor capaz de jugar con tantos elementos comunes a las historias prototípicas de ciencia ficción que, a su vez, introduzca tantos elementos novedosos.

    Lo maravilloso de su estructura es que nada desencaja, todo tiene una explicación plausible y el relato se desarrolla sobre las férreas vías de una realidad futura creíble.

    Soy muy fan de la ciencia ficción capaz de equilibrar las justas dosis de ciencia para que la ficción no termine desbocándose.

    Herederos del Tiempo aporta una receta de medidos ingredientes que deja un sabor en el lector de inconfundible valor: al acabarla sientes que has satisfecho tus ansias por conocer una historia asombrosa y, al mismo tiempo, comienzas a notar la melancolía por decirle adiós a quienes te acompañaron en esta epopeya de magnitudes majestuosas.

    Gigantes

    Hay una cita recurrente a lo largo de toda la novela, de origen antiguo y muchas veces discutido, que presenta a los seres humanos como enanos subidos a hombros de gigantes, en referencia a todos aquellos que sumaron para permitirnos llegar a ver más lejos.

    Quizá ahí radica la belleza de una historia que tiene mucho de alzarse sobre los hombros de gigantes. De llegar más alto para poder mirar, aunque sea brevemente, más lejos de lo que nadie ha alcanzado a ver antes.

    Nota: 9/10