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Categoría: Cultura (página 1 de 34)

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Reseña – Bushido: El código del samurái – Inazö Nitobe

Ficha bibliográfica

Título: Bushido: El código del samurái
Autor: Inazö Nitobe
Género: Filosofia/Ensayo
Número de páginas: 160
Editorial: Ediciones Obelisco
Enlace Amazon: El código del Samurai -Bushido- (ARTES MARCIALES) Tapa blanda – 30 septiembre 2002

Reseña

Siempre he sentido un especial interés por todo aquello que rodea a oriente en general y a Japón en particular. Japón es, desde la óptica occidental-mediterránea, un crisol de corrientes de pensamiento muy atractivas: una forma de comprender el mundo que nos fascina.

Entender sus orígenes forma parte del viaje de descubrimiento de esta cultura y Bushido: El código del samurái nos presenta un relato muy descriptivo de uno de los momentos clave del Japón de finales del siglo XIX: el fin de los samuráis.

Japón arrastró un sistema de gobierno muy parecido a nuestro feudalismo medieval hasta más allá de 1850. Esto fue gracias, en parte, a una política de férreo hermetismo que mantuvo a la isla oriental en un absoluto aislamiento del resto de naciones.

Inazö Nitobe, hijo de uno de los últimos samuráis del clan Monoka, aprovecha esta circunstancia para mostrarnos lo que él considera una religión sin dios, una forma de comprensión de la vida: el Bushido.

Nitobe fue testigo del impacto que tuvieron los cambios políticos iniciados en 1854 con la firma de los Tratados de Paz y Amistad entre Japón y Estados Unidos y que supusieron, de facto, el final de la era samurái. Con el fin del periodo Edo comenzaría una etapa de aumento del militarismo japonés que desembocaría en su participación en la II Guerra Mundial.

El Bushido, así, es la herencia cultural que nos dejó un periodo que abarca más de 500 años y donde las familias samuráis ostentaban un poder casi ilimitado en ese Japón feudal.

De ese poder ilimitado emanaron las grandes virtudes con las que estos guerreros constuyeron una sociedad basada en conceptos como el honor, el autocontrol, el sentido de justicia, la vergüenza o el suicidio.

Valoración personal

Lo cierto es que me ha gustado especialmente la forma de abordar el impacto que tuvo la política aperturista de Japón en tiempos tan convulsos como fueron las primeras décadas del siglo XX.

Curiosamente Nitobe, dada su particular educación occidental, terminó convirtiéndose al cristianismo y esto impregna todo el análisis: hay momentos que, certeramente, traza paralelismos entre conceptos religiosos orientales y cristianos, pero en otros momentos el encaje es forzado y artificioso.

Creo que Bushido: El código del samurái es un buen punto de partida para conocer la cultura japonesa alejándose de los tópicos más manidos, lo que te permite escarbar en las raíces de lo que es el Japón actual y las razones de su evolución.

Nota: 6/10

Reyes de Europa

Toda competición suele traer asociada la épica en algunos momentos, toda victoria arrastra uno o varios instantes eternizados en la retina de quienes los vivieron, agrandados hasta hacerse leyenda con el tiempo.

La final de Liga de Campeones de anoche cierra un relato en el que todos y cada uno de los envites, desde el primero hasta el último, han sido una oda a la magia de lo inconcebible.

Este trofeo bien podría ser recordado por ser el de las remontadas imposibles, por la “panenka” de Benzema, por la cabeza de Rodrygo o por el gol de Vinicius Jr. Todavía más por ese ángel de la guarda en forma de belga gigante que dejó secos a los mejores delanteros del universo.

Pero, sobre todo, este título es el de la victoria contra todos, el del triunfo de la antigua escuela, de las viejas glorias a punto de caer rendidas por el paso del tiempo frente a las rutilantes estrellas bañadas en oro de tierras lejanas.

Los trescientos espartanos frente al inconmensurable ejército persa a las puertas de la Grecia antigua.

Esta historia se escribe, como tantas veces, con el imposible como protagonista. Las verdaderas gestas germinan en ese mar de la improbabilidad, donde las cosas suceden entre una o ninguna vez.

En estos días en los que las guerras son el sinónimo del fracaso humano, vivimos huérfanos de la épica de antaño. Necesitamos de un nuevo héroe de las causas perdidas.

Ese que, pese a todo y a todos, sigue creyendo en sí mismo.

Una historia que nos conecta con nuestras generaciones pasadas y con las venideras.

Y así mi padre, que creció escuchando a su padre narrarle las hazañas de la Galerna del Cantábrico y los goles de la Saeta Rubia, anoche se imaginaba contándole a su nieto, dentro de unos años, las paradas antológicas de Courtois, los goles increíbles de Benzema o las galopadas interminables de Vinicius.

Las aventuras de aquel equipo de valientes que, de forma totalmente inesperada, alzaron los brazos a un cielo de París una cálida noche de mayo para erigirse como el mejor equipo de Europa, por decimocuarta vez.

Reseña: El Gigante Enterrado – Kazuo Ishiguro

El estilo de escritura de un escritor es un aspecto crucial a la hora del vínculo que genera con el lector. Una conexión que navega por lo subjetivo de cada uno y que es complicado de parametrizar.

Debo reconocer que el famoso Nobel de Literatura Kazuo Ishiguro tiene una manera de escribir que conecta conmigo hasta el punto de hacerme disfrutar de su lectura. En lo personal, más allá del contenido y de la historia, su relato desprende un magnetismo que atrapa al lector.

Y todo esto a pesar de que su obra El Gigante Enterrado no sea una gran novela.

Leyendas artúricas en una fantasía misteriosa

¿Por qué digo esto? Porque no solo basta con saber escribir bien, que ya es una parte importante del recorrido, sino que necesitas contar algo que atrape e interese, que te mueva a querer saber más, que te una definitivamente con quien escribe y, lamentablemente, es aquí donde la novela cojea ostensiblemente.

El Gigante Enterrado narra las aventuras de una pareja de ancianos que viven en un tiempo oscuro tras la muerte del Rey Arturo. En esa Inglaterra de magos y espadas, Axl y Beatrice sobreviven en una pequeña aldea rodeados de una extraña niebla que parece tener raros efectos en las personas.

En su historia se cruzarán jóvenes impetuosos, misteriosas criaturas, valerosos guerreros sajones y hasta personajes de gran fama de la época.

Toda la historia transita por esa espesa niebla que parece difuminar los recuerdos, haciendo que tú mismo te veas rodeado de esa sensación de no saber muy bien dónde estás ni qué andabas haciendo por allí.

Un notable intento que se queda en eso

Sin embargo, esa notable forma de relatarnos una historia se diluye cuando el contenido se queda lejos de tener la entidad suficiente. Cuando lo que nos cuentan se marchita con el pasar de las hojas y nos vemos envueltos en una aventura insípida que incluso termina siendo repetitiva.

Hay algunos intentos, con mayor o menor éxito, de reflotar la tensión narrativa, y la segunda parte de la novela consigue remontar el vuelo hasta un desenlace que no por esperado es menos contundente y satisfactorio.

Ishiguro tiene el don de contar historias de forma diferente y eso, en tiempos de tanta mediocridad manufacturada en cadena es de agradecer, pero su tímida incursión en el mundo de la novela fantástica no pasará a la historia.

Nota: 6/10

Crítica: Spider-Man: No Way Home

A Marvel se le están empezando a ver las costuras del gigantesco traje por el que llevan años arrasando en taquilla.
Un universo que empezó con pasitos tambaleantes y que terminó convirtiéndose, Thanos mediante, en una imperial obra de culto para los amantes del cómic. Ese universo hoy se enfrenta a desafíos complejos con los que lidiar para poder mantenerse vivo.

La prueba es esta tercera entrega del Spider-Man de Tom Holland. Una milimetrada producción que destila olor a producto prefabricado desde su primer minuto, con el único objetivo en mente de contentar a los miles de fans de la saga.

Muchos de estos fans surgieron, precisamente, al inicio de esta especie de nueva edad dorada del mundo Marvel en el cine.

Esos mismos fans, más pronto que tarde a este paso, terminarán cansándose si las obras del MCU tienen tanto de epicidad enlatada y tan poco de verdadera historia.

Mucho ruido y pocas nueces

Hace poco un amigo utilizaba el concepto de la cultura del shock para describir cómo estamos tendiendo, cada vez más, hacia la necesidad de que todo esté embadurnado en ese halo de misticismo épico. Esa heroicidad de lo gigante que ha pasado de ser la excepción a ser una exigencia.

Cuando tus esfuezos se vuelcan en generar en tu público la constante sorpresa y en transmitir la idea de que estás ante lo más grande jamás visto, sueles perder en el camino la esencia de toda película: su historia.

Aunque parezca que se nos está empezando a olvidar, perdidos entre epopeyas con banda sonoras legendarias, el cine, la litertura, el teatro, nacen de la necesidad humana de contar historias.

Así que Spider-Man es mucho de grandiosidad al peso y muy poco de relato que atrape. Una historia circular carente de interés, simple, evidente hasta decir basta, que termina impactando negativamente en los personajes hasta llegar a rozar el ridículo.

Lo que en otro tiempo eran comentarios socarrones que aligeraban la tensión evidente de estar intentando salvar al mundo de su destrucción se han convertido en psuedo monólogos, muchas veces sin gracia, que rellenan muy poco de las carencias de la historia.

Buenos actores para una historia tan simple como intrascendente

Si algo hemos de agradecerle a Marvel es volver a permitirnos ver a Zendaya en la pantalla grande. Desde Euphoria, pasando por Dune y terminando en esta última película del hombre araña, esa mujer tritura la pantalla y la devora sin dejar ni las migajas. Tom Holland aguanta el tipo pese a que el guión se empeñe en hacerle parecer cada entrega más infantil e inmaduro.

Del resto, poco que decir, muy enfocados en ese jueguecito de prestidigtación que es toda la película. Una ilusión que busca encontrar en la melancolía del espectador la justificación de que no tiene mucho que contar.

Muchas referencias, mucha conexión, mucho multiverso, pero todo termina reducido a cenizas cuando detrás de tanto efecto especial y tanto trampantojo te das cuenta de que lo que te han contado se cae por su propio peso.

Y ahora…

Como en todas las películas del universo Marvel, hay una escena (o dos) post-créditos que enlazan con lo que está por venir. Y, siendo honestos, esperanza hay poca. Tengo la sensación que los grandes momentos de este universo ya han pasado, que ahora toca exprimir la gallina de los huevos de oro y eso significa mucho producto y poca calidad.

Alguna última alegría nos llevaremos, eso seguro, pero poco más le vamos a poder pedir.

Nota: 6/10

Reseña: Herederos del Tiempo – Adrian Tchaikovsky

Herederos del Tiempo es la novela que me ha hecho reconciliarme con la ciencia ficción como género literario.

Echaba de menos esas obras en las que el autor es capaz de conectarme con la historia y sus personajes tanto emocional como intelectualmente.

Esa habilidad para construir un vínculo con el lector que muy pocos escritores tienen, pero que una vez alcanzado, te sumerge hasta que pierdes la noción del tiempo.

El tiempo y el espacio

Herederos del Tiempo, de Adrian Tchaikovsky, va mucho de perder la noción del tiempo.

Porque la obra abarca un periodo inconmensurable para el lector y, a pesar de ello, consigue que no pierdas ni por un instante el interés por saber más acerca de lo que está por suceder.

También porque usa magistralmente la temporalidad para estructurar un relato que interconecta tiempos y lugares distantes haciéndolos accesibles para la mente de quien llega a sus páginas.

Dos historias entrelazadas con la batalla por la supervivencia como telón de fondo. Lo que nos empuja, como seres humanos, a seguir siempre mirando hacia adelante. Lo que nos mueve a seguir luchando con la intención, no ya de sobrevivir como individuos, sino de perdurar como especie.

Originalidad en la historia y su concepción

Si algo he de destacar de la obra de Tchaikovsky es su marcada originalidad. Desde Asimov, no recuerdo un autor capaz de jugar con tantos elementos comunes a las historias prototípicas de ciencia ficción que, a su vez, introduzca tantos elementos novedosos.

Lo maravilloso de su estructura es que nada desencaja, todo tiene una explicación plausible y el relato se desarrolla sobre las férreas vías de una realidad futura creíble.

Soy muy fan de la ciencia ficción capaz de equilibrar las justas dosis de ciencia para que la ficción no termine desbocándose.

Herederos del Tiempo aporta una receta de medidos ingredientes que deja un sabor en el lector de inconfundible valor: al acabarla sientes que has satisfecho tus ansias por conocer una historia asombrosa y, al mismo tiempo, comienzas a notar la melancolía por decirle adiós a quienes te acompañaron en esta epopeya de magnitudes majestuosas.

Gigantes

Hay una cita recurrente a lo largo de toda la novela, de origen antiguo y muchas veces discutido, que presenta a los seres humanos como enanos subidos a hombros de gigantes, en referencia a todos aquellos que sumaron para permitirnos llegar a ver más lejos.

Quizá ahí radica la belleza de una historia que tiene mucho de alzarse sobre los hombros de gigantes. De llegar más alto para poder mirar, aunque sea brevemente, más lejos de lo que nadie ha alcanzado a ver antes.

Nota: 9/10

Reseña: En la arena estelar – Isaac Asimov

Ser fan absoluto de un determinado escritor no debe ser un obstáculo para observar su obra con espíritu crítico. Es saludable reconocer aquellas propuestas que no cumplen lo esperado o que se quedan lejos de lo que uno está acostumbrado.

El genio inconfundible de Isaac Asimov parece tener ligado uno de los más grandes estándares de calidad en sus novelas de ciencia ficción. Sucede que, a veces, y solo muy a veces, esos estándares pueden no terminar de alcanzarse.

Así pasa en «En la arena estelar», la primera de las precuelas de la Fundación que Asimov escribe el mismo año que la primera de las novelas de la trilogía, pero que se queda orbitando a años luz de ésta.

Se atisban lo que suelen ser las características que definen las novelas de Asimov: tecnología, personajes con potencia narrativa, estructura y giros en la narración. Pero todo es superficial, todo se queda en un quiero y no puedo, en un intento por llegar a algún sitio que, a la postre, no existe.

Una historia endeble con unos personajes predecibles

Biron Farrell es un joven que acude a la Tierra en busca de información. Un intento de asesinato desencadena una reacción de situaciones que le llevarán a diferentes mundos, participar o ser espectador de altas traiciones y de manipulaciones políticas mientras el segundero de un reloj consume los últimos instantes de su huída hacia adelante.

Sin embargo, pese a esta buena premisa, todo es predecible: los personajes, tanto el propio Biron como Artemisa oth Hiniriad, heredera al trono de uno de los planetas más importantes de la galaxia, son moldes tan prototípicos que conoces su desarrollo y desenlace casi desde el momento en el que te los presentan.

No siempre se gana

Toda la historia hace aguas por su excesiva simplicidad. Incluso el final, gran arma de Asimov en casi toda su extensa bibliografía, se diluye como un triste azucarillo en un vaso de agua a medio llenar: acabas, aceptas la derrota casi por primera vez, y confías en que la siguiente novela reconstruya este desastre.

Nota: 5 / 10.

Reseña: Aprendiz de asesino – Robin Hobb

Dice George RR Martin que Robin Hobb es, en el mundo de la literatura fantástica, un diamante en un mar de zirconitas.

Llevaba ya mucho tiempo con la idea de leerme alguna de sus novelas, más por la atracción que despertaban sus portadas y sus títulos, que por conocer nada sobre la autora. Estoy seguro que alguna de las más intensas relaciones de amor literario deben haberse forjado a partir de una buena portada.

Traspié, protagonista de esta primera de tres novelas de la Saga del Vatídico, es un bastardo de la casa real que gobierna los Siete Ducados. Los azares de un destino que parece marcado le llevan a Torre del Alce, donde desde bien temprano se ha de enfrentar con el estigma de ser un hijo ilegítimo del Rey a la espera.

En esencia no es más que el enésimo personaje que sigue el famoso «Viaje del héroe» tan manido en novelas de esta temática.

Sin embargo, Traspié, tiene dos cosas que lo alejan del arquetipo de protagonista de esta estructura literaria:

La primera y más evidente es que la historia que le rodea, lo que sucede en los Sietes Ducados, no gira, necesariamente, entorno a él. El trascurrir de su historia tiene, a veces, un papel relevante en el devenir del reino, pero otras, su impacto es del todo insignificante.

La segunda, quizá más sutil, pero también más interesante, es que aborda temas que en otras sagas se consideran ejes centrales del desarrollo, de forma mucho más superficial, restándole así una tensión dramática que muchas veces suele ser más una carga que una virtud.

Resulta un soplo de aire fresco tras muchos intentos de encontrar un notable heredero a Tolkien, Martin o Rothfuss. Lejos de la contundencia de las novelas de Brandon Sanderson, pero con los ingredientes necesarios (y la saga terminada) para convertirse en una auténtica delicia a degustar por entregas.

De lectura fácil y amena, atrayante y divertida, Aprendiz de Asesino se presenta como una inmejorable primera novela para una trilogía de literatura fantástica que ya apunta maneras.

El adiós del mito

Decía George Bernard Shaw que en la vida existen dos grandes tragedias: una es no lograr aquello que el corazón ansía; la otra es alcanzarlo.

Maradona murió ayer.

Para entender la trascendencia de la figura basta con escuchar el eco que ha dejado su marcha.

Cuenta Valdano en su preciosa elegía que hay algo perverso en una vida que te cumple todos los sueños. Maradona es el epítome pluscuamperfecto de esa enfermedad que aqueja nuestro tiempo, ese éxito empaquetado y vendido a precio de saldo para que todos podamos consumir un poco de él y seguir con nuestras vidas.

Yo nací tarde, con un Maradona consagrado en el olimpo futbolístico, demasiado pequeño para comprender su grandeza, para disfrutar de su ascenso a los cielos en aquella memorable recorrida histórica entre ingleses. Al tren del fútbol me subirían mucho más tarde otros magos de la pelota.

Pero en mi memoria el genio argentino tiene su hueco de la mano del elogio de mi padre cada vez que hemos hablado de él: «nunca habrá un jugador igual», me repite. Y, con el tiempo, me lo he terminado por creer. Porque a un padre no se le discute casi nada, y menos en términos futbolísticos y porque Maradona ha sido capaz de mantenerse como dios incontestable entre ídolos de barro. Pese a su caída en desgracia. A pesar de ese descenso a los infiernos de quien comete el terrible error de cumplir su único sueño en un mundo donde la verdadera felicidad está proscrita. La tragedia de su vida se resume en ese partido contra Inglaterra: él nunca quiso ser Dios, sino un simple mortal, villano y héroe, pero extraordinario.

Maradona ha sido el paladín de los últimos resquicios de un fútbol romántico que hoy se ahoga entre patrocinios y publicaciones de Instagram. El último gran héroe de la pasión desmedida por la pelota que trascendió la cancha para entrar en todas las historias personales de quienes vivieron su tiempo.

De ahí que el eco de su despedida resuene fuerte en los pechos de millones de personas: de las que lo disfrutaron y hoy rememoran sus propias historias enlazadas por siempre con aquel gol o aquella gambeta imposible, pero también de las que lo conocimos de oídas, sentados en el sofá mientras un padre orgulloso nos describía su manera irrepetible de llevar la pelota pegada al pie.

Crítica: Tenet (2020)

La fascinación que surge alrededor de una creación humana suele estar relacionada con la importancia que tiene en nuestra vida.

El tiempo es un elemento nuclear de nuestra realidad: desde que el hombre es hombre, el tiempo ha existido con él.

Tenet como historia.

Tenet de Christopher Nolan es el enésimo ejercicio de fascinación por el tiempo. Su esencia, como película y como relato, reside en deshacerse casi por completo de las cuerdas que sostienen nuestra concepción temporal y hacerlo sin que por ello la historia pierda credibilidad.

Tenet es una historia de espías, muy al estilo de James Bond o Misión Imposible, pero con un trasfondo filosófico y conceptual tan complejo que hace que la película se retuerza entre dos frentes. Por un lado el relato mil veces contado: el espionaje, la lucha héroe – villano, salvar al mundo. Por otro, la propuesta filosófica inherente: soltarnos sin paracaídas a una realidad donde el tiempo deja de ser el tiempo que conocemos.

Esta dualidad entre lo mil veces contado y la idea novedosa hace de Tenet una historia interesante, divertida y atrayente para el espectador.

Tenet como película

A nivel cinematográfico, Tenet es, una vez más, un regalo de Nolan a la superproducción con sus tres elementos fundamentales por todo lo alto:

Grandes actores representando grandes papeles.

John David Washington como protagonista junto con un extremadamente interesante Robert Pattinson como acompañante. Ambos sostienen toda la tensión narrativa con fuerza y empeño y logran que la película no pierda dinamismo. Si hubiera que ponerle algún pero, Kenneth Branagh es quizá el que, sorprendentemente, más hace cojear al reparto.

Una enorme banda sonora.

Nolan prescinde en Tenet de su talismán Hans Zimmer (que anda entretenido trabajando para Dune). Su sustituto, Ludwig Göransson, demuestra unas dotes inmejorables para el blockbuster con una banda sonora a la altura del peliculón que es Tenet.

Una historia contada con el mimo por el detalle.

Christopher Nolan es esto, una producción de proporciones descomunales con detalles en muchos aspectos que demuestran que detrás hay trabajo y mucho estudio. Cuando vas a ver una de sus películas pagas, precisamente, por algo así. Por eso Origen, Memento o Interestelar son tan rematadamente buenas. Por eso Tenet se suma a la lista de sus grandes obras.

Tenet como concepto

Si por algo Nolan es famoso es por rodar películas con cierta complejidad narrativa que obligan al espectador a hacer ejercicios de comprensión, primero, y de reflexión, después.

La comprensión, en Tenet, se complica algo más que en sus predecesoras como Origen o Interestelar: aquí la historia se va desarrollando como en una especie de Matrioska de relatos para que sea al final cuando todo cobre un sentido último y global.

La reflexión posterior es tremendamente interesante: la percepción subjetiva del tiempo, romper con las normas que nos sujetan a la linealidad temporal o aceptar otras perspectivas acerca de algo que siempre hemos considerado que se comporta de igual manera, desde los inicios de nuestra historia.

Romper con las normas impuestas por nosotros mismos cuando creamos un abstracto como el tiempo nos conduce a situaciones llenas de paradojas y de contradicciones.

De esas paradojas suelen surgir nuevos pensamientos que abordan los problemas actuales con ópticas distintas y así, el ser humano, en conjunto, progresa al siguiente estadio de su evolución.

La historia detrás de Tenet bien puede considerarse un ejercicio para profundizar en esa línea de pensamiento. Para enfrentarnos con nuestras contradicciones y entender que todavía estamos lejos de comprender nada.

Y, al mismo tiempo, aceptar que es el proceso de comprensión lo que nos hace avanzar, lo que nos obliga a replantearnos todo una vez más con la esperanza de ver algo distinto en este nuevo intento.

Nota: 9/10

Crítica: Upgrade (2018)

Llevo años diciendo que no me gustan géneros determinados: no soy un amante apasionado de la ciencia ficción que aborrece hasta la médula cualquier película romántica.

A mí lo que me enamora perdidamente del cine es que sea cual sea la propuesta, sobre el tema que sea, haga que me emocione de alguna manera.

Por eso puedo decirte que Upgrade (2018), te guste o no la ciencia ficción, es una película que te va a hacer pensar y que vas a disfrutar de principio a fin.

Recogiendo un poco el testigo, aunque muy someramente, que dejó Ex Machina, Upgrade es una película futurista de las que muchos califican de Serie B, pero que hace gala de una estupenda producción y un acabado, en líneas generales, impecable.

Plantea premisas muy similares a las que pudimos ver en la obra de Garland, teniendo un desarrollo igual de coherente y obligándote a racionalizar lo que la pantalla te plantea. Ese ejercicio de racionalización es lo que lleva al espectador a considerar como plausible aquello que está viendo.

Y es que una de las características críticas en toda cinta de ciencia ficción que se precie es que el índice de plausibilidad sea elevado. Esto no es más que, tú, como espectador, dejes un margen de credibilidad a lo que la narración te propone. Si ese margen falla, por mucho efecto especial y actuación inolvidable que tenga la película, su argumento se deshace a cada minuto hasta hundirse irremediablemente en un mar contradicciones.

Upgrade es, precisamente, todo lo contrario. Su desarrollo lleva al espectador a aceptar un acuerdo por el que muchas de las cosas que se esbozan, lejos de ser increíbles, las termina considerando probables en los próximos años.

Esa cercanía con la realidad, esa proximidad presente – futuro, es lo que le permite a su director, Leigh Whannell asentar su historia entorno a las ya más que conocidas dudas acerca de la Inteligencia Artificial y la nanotecnología. Dudas que ya a día de hoy los grandes científicos y filósofos tienen sobre la mesa.

Si hay que ponerle peros a esta estupenda propuesta cinematográfica, estos están bastante relacionados con su linealidad argumental y con su aparente previsibilidad. Podría haber más riesgo, como sí lo hubo en Ex Machina, podría haber profundizado algo más en los desafíos éticos que la llegada de la IA planteará a la humanidad.

Por eso se queda un escalón por detrás de la maravilla de Garland.

Pero, pese a eso, sigue siendo una más que interesante forma de disfrutar del buen cine.

Nota: 8/10