Etiqueta: literatura

  • Reseña: Stoner – John Williams

    Reseña: Stoner – John Williams

    En su cuadragésimo tercer año de vida, William Stoner aprendió lo que otros antes que él habían aprendido: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual una persona intenta conocer a otra

    Es casi seguro mi novela de 2026.

    Existen libros que después de terminados dejan un flotando en el aire la emoción que despertó su lectura. Si tuviera que describir el sabor de Stoner me costaría definirlo. Diría que, sobre todo, es una novela que habla de la vida. Y la vida, es, en esencia, esperanza y melancolía; sueños y recuerdos.

    Los primeros nos proyectan hacia el futuro mientras que los segundos nos sujetan al pasado. Vivimos suspendidos entre ambos, tratando de alcanzar aquello que todavía no existe mientras aprendemos a convivir con la certeza de aquello que ya no puede volver.

    William Stoner nace en una familia pobre de agricultores del medio oeste que sobreviven a duras penas. En un intento por mejorar sus vidas y tras mucho esfuerzo, sus padres consiguen enviarle a estudiar ingeniería agrícola a la Universidad de Missouri. Allí Stoner conocerá su primer y probablemente gran amor: la literatura inglesa y su vida tomará un rumbo distinto al que parecía llevar escrito desde el principio.

    Lo verdaderamente bello de la novela es que su único propósito parece ser contarnos la vida de alguien que nunca buscó ser excepcional. No es un héroe ni destaca por ser alguien diferente al resto. Es, en su más profunda esencia, un hombre como otro cualquiera y es precisamente en esa absoluta normalidad donde la novela se convierte en extraordinaria.

    Está, además, fabulosamente escrita. De tal manera que, aún con un narrador en tercera persona, el vínculo con el protagonista es total. John Williams construye una historia capaz de introducirte en el interior del personaje hasta el punto de sentirte tan unido a él que después de terminar todavía te resuena su voz.

    Una novela que te habla a través de la vida de un desconocido de tus propios miedos y de tus anhelos. De las preguntas que la vida responde y de las que deja sin contestar. Es un canto a la normalidad. En tiempos donde solo sirve lo diferente, Stoner se encarga de mostrar que esos miedos y esos anhelos no son solo tuyos, nos pertenecen a todos por igual.

    Nota: 9/10

  • La paradoja de Asimov con la IA: el peligro de la delegación cognitiva

    La paradoja de Asimov con la IA: el peligro de la delegación cognitiva

    Llevo todo lo que va de 2026 releyéndome los dos grandes ciclos literarios de Isaac Asimov. A lo largo de su Saga de los Robots, el autor explora las implicaciones de la irrupción de los autómatas en la historia humana. Conforme la saga avanza, un concepto profundamente contraintuitivo toma forma: lejos de impulsarnos hacia nuevos límites, la dependencia absoluta de los robots acaba condenando a la humanidad (especialmente a los mundos «espaciales») a una decadencia lenta, apática e inexorable.

    El razonamiento aparentemente lógico dictaría lo contrario. La llegada de máquinas con capacidades cognitivas y físicas superiores a las humanas debería representar un salto evolutivo sin precedentes. Debería permitirnos llegar más lejos, liberarnos del trabajo alienante y proyectar un futuro de abundancia y comodidad multiplicadas.

    Detrás de esa utopía de confort, Asimov señala una amenaza mucho más sutil, pero mucho más peligrosa que no proviene de una rebelión de las máquinas al estilo de Terminator. Las Tres Leyes de la Robótica mantienen a las máquinas férreamente subordinadas al bienestar humano. La amenaza nace, paradójicamente, de la propia humanidad, que empieza a atrofiarse precisamente cuando lo tiene todo garantizado. Cuando desaparece la necesidad de esforzarse, germina la apatía, el tedio y, finalmente, la esterilidad evolutiva.

    Existe un paralelismo inquietante entre esta intuición de Asimov y nuestra relación actual con la Inteligencia Artificial. Contra toda lógica, uno de los efectos secundarios de la IA no es hacernos más audaces y sabios, sino más dependientes, perezosos e intelectualmente frágiles. Nos aleja de la fricción, que es el motor fundamental del aprendizaje, la creación y la evolución.

    1. La trampa de Solaria: El espejo de Asimov

    En la Saga de los Robots de Isaac Asimov, los seres humanos se dividen en dos facciones opuestas: los habitantes de la Tierra, hacinados en gigantescas ciudades subterráneas bajo una constante escasez, y los Espaciales, los primeros colonos de mundos exteriores que disfrutan de una longevidad extraordinaria y de la asistencia de millones de robots hiperespecializados.

    A primera vista, los Espaciales representan la cumbre del éxito humano. Han conquistado la enfermedad, la vejez prematura y el trabajo físico. En planetas como Solaria, cada humano vive en fincas colosales, rodeado de miles de robots que satisfacen hasta el menor de sus deseos antes incluso de que este sea formulado. No necesitan cooperar, no necesitan esforzarse, no necesitan tolerar la presencia física de otros seres humanos.

    Sin embargo, Asimov revela el reverso oscuro de esta utopía: Solaria es un callejón sin salida evolutivo. Al eliminar toda fricción, incomodidad y necesidad, los solarianos han perdido la audacia, la curiosidad y la capacidad de adaptación. Se han vuelto intolerantes al cambio, extremadamente frágiles y, en última instancia, incapaces de seguir explorando el universo. Mientras tanto, la atribulada y sufrida población terrestre, obligada a convivir con la dificultad, es la única que conserva el impulso de expandirse y colonizar las estrellas.

    Esta visión de Asimov es una advertencia anticipada de lo que hoy presenciamos con la adopción masiva de la Inteligencia Artificial.

    2. La Ley de la menor resistencia y la atrofia del aprendizaje

    El aprendizaje humano no es un proceso pasivo; es una respuesta adaptativa a la dificultad.

    Tradicionalmente, cualquier destreza, desde aprender un idioma hasta dominar la programación o la escritura, requería atravesar un desierto de fricción.

    En la ingeniería de software clásica, por ejemplo, escribir código implicaba un ciclo continuo de desafío:

    • Diseñar la arquitectura mentalmente.
    • Comprender la sintaxis y las limitaciones de un lenguaje.
    • Enfrentarse al error de compilación o de ejecución.
    • Consultar documentación y comprender el *porqué* de la solución.

    En esa fricción, en el momento preciso en que el cerebro lucha por resolver un problema difícil, es donde se produce la plasticidad sináptica. El error es el maestro; el esfuerzo por superarlo es el mecanismo mediante el cual integramos el conocimiento y desarrollamos la intuición.

    Hoy, la IA generativa ha eliminado esa fricción por completo. Si un programador o un estudiante se topa con un obstáculo, la respuesta automática ya no es pensar, investigar o depurar; es copiar el error en un LLM para que devuelva la solución digerida y lista para pegar.

    Los modelos hoy nos entregan la respuesta final sin dejarnos participar en el proceso de resolución. Al ahorrarnos el camino, nos privan de la recompensa biológica y cognitiva: la verdadera comprensión. El peaje invisible que estamos pagando es una pérdida acelerada de nuestra propia competencia técnica y analítica.

    3. La farsa de las dos capas: Capacidad ilusoria frente a comprensión real

    La gratificación instantánea de ver un código o un texto complejo generado en segundos por una IA genera una ilusión cognitiva muy potente que podemos diseccionar en dos capas diferenciadas:

    La capa tecnológica (La ilusión de competencia)

    Nos ofrece la falsa sensación de haber adquirido una capacidad de manera mágica. Creemos que, porque podemos *orquestar* una herramienta que genera una solución, poseemos el conocimiento subyacente. Es la ilusión del director de orquesta que cree que sabe tocar todos los instrumentos solo porque sabe mover la batuta. En el momento en que la herramienta falla o se requiere un ajuste sutil y profundo que escape a los patrones probabilísticos del modelo, el usuario queda desarmado, evidenciando que no ha integrado el conocimiento en su propia estructura cognitiva.

    La capa humana (La renuncia al esfuerzo)

    La IA, utilizada de manera ciega y sistemática, actúa como una prótesis cognitiva que debilita el músculo original. Al externalizar el pensamiento crítico, la síntesis y la resolución de problemas, delegamos la tarea fundamental que define nuestra evolución intelectual. Producimos más artefactos (código, informes, diseños, correos), pero entendemos menos su estructura. Nos convertimos en editores superficiales de un contenido probabilístico cuya calidad profunda rara vez estamos capacitados para evaluar.

    4. La delegación cognitiva: Un fenómeno empírico

    Esta «rendición intelectual» no es una mera hipótesis filosófica. Estudios de comportamiento recientes revelan una alarmante tendencia en los usuarios de herramientas de IA: una predisposición sistemática a apagar el cerebro y delegar sus decisiones en los modelos de lenguaje.

    Investigaciones publicadas en medios especializados (como Ars Technica) demuestran que las personas están alarmantemente dispuestas a ceder su cognición a los LLM, aceptando respuestas generadas por IA de manera ciega, incluso cuando estas contradicen su propia lógica o contienen errores factuales evidentes. Es el «efecto GPS» aplicado al plano intelectual: de la misma forma en que dejamos de prestar atención a la carretera y perdemos el sentido de la orientación porque una voz nos indica en cada esquina dónde girar, la delegación cognitiva sistemática en la IA desconecta nuestra brújula mental, haciéndonos incapaces de trazar nuestros propios mapas de comprensión. Este comportamiento no es solo un fallo de atención; es la «Ley del mínimo esfuerzo» llevada al plano cognitivo: el cerebro, diseñado evolutivamente para conservar energía, detecta que un agente externo puede hacer el trabajo pesado y, simplemente, se apaga.

    5. Conclusión: Reclamar la fricción y salvar la mente

    La solución a la paradoja de Asimov no consiste en prohibir los robots ni en desenchufar la Inteligencia Artificial. En la propia saga del escritor, los robots resultan herramientas indispensables cuando se integran como copilotos del avance humano, no como sustitutos de su voluntad.

    El reto actual más que tecnológico es de diseño humano. Debemos aprender a utilizar la IA como un amplificador de nuestra curiosidad y dejar de concebirla como una «máquina de respuestas completas» que anule nuestra necesidad de pensar:

    • En lugar de pedirle a la IA que «escriba el código por nosotros», deberíamos pedirle que «nos explique las alternativas de diseño y los posibles errores de nuestro enfoque».
    • En lugar de usarla para evitar la lectura de un libro, deberíamos usarla como un interlocutor socrático para debatir las ideas de ese libro tras haberlo leído.

    Si permitimos que la IA elimine toda la fricción de nuestras vidas intelectuales, acabaremos como los solarianos de Asimov: atrapados en una burbuja de confort absoluto, contemplando pasivamente cómo nuestras capacidades cognitivas se desvanecen lentamente. El aprendizaje requiere esfuerzo. La maestría requiere fricción.

    Conservar esa fricción es el único camino para seguir siendo humanos en la era de las máquinas pensantes.

    Refs

    • Ars Technica: Research finds AI users scarily willing to surrender their cognition to LLMs] (Abril, 2026). Un estudio empírico detallado sobre cómo la adopción de herramientas de IA reduce de forma cuantificable la disposición de los usuarios a ejercer el pensamiento crítico y la verificación independiente.
    • Isaac Asimov: Saga de los Robots (incluyendo Bóvedas de Acero, El sol desnudo y Los robots del amanecer). Análisis del estancamiento evolutivo de los mundos espaciales frente al empuje de la humanidad terrestre.

  • Proyecto Hail Mary y la suspensión de la incredulidad

    Proyecto Hail Mary y la suspensión de la incredulidad

    Antes de ponerme en faena, empezaré por explicar, para aquel que no conozca el concepto, qué es la suspensión de la incredulidad.

    En el mundo de la narrativa, ya sea literatura, cine, teatro, etc., existe un contrato implícito entre el autor de la obra y el receptor. Es un contrato mediante el cual ambas partes acuerdan que, durante el tiempo que dura la historia, el espectador/lector acepta que sucedan cosas que no son reales o puedan carecer de sentido en la realidad actual con el fin de disfrutar de la obra.

    Esto lleva siendo así desde que el ser humano comenzó a contar historias y funciona perfectamente bien, incluso en escenarios extremos.

    Funciona perfectamente siempre y cuando se mantenga la coherencia interna: el lector acepta que suceden cosas inverosímiles pero la historia mantiene la coherencia durante todo ese proceso.

    Si esa coherencia se rompe, el contrato se rompe y por tanto, aparece la incredulidad, el temido «Esto no tiene ningún sentido»

    Proyecto Hail Mary de Andy Weir

    Ya había leído El Marciano de Andy Weir, y, sin ser una obra fabulosa, me había gustado mucho.

    Me parecía un soplo de aire fresco en la aparentemente repetitiva escena de la ciencia ficción de los últimos 15 años.

    Confiaba, pues, que Proyecto Hail Mary fuera un paso hacia adelante.

    Sin embargo, lo que ha conseguido este libro es que incluso le vea las costuras a su novela anterior.

    Justo al acabar la historia han habido dos conceptos fundamentales que han quedado flotando en el aire

    1. Andy Weir ha decidido romper la suspensión de la incredulidad

    Y lo que es peor, lo hace prácticamente desde el principio. Son pocos los capítulos leídos cuando de repente todo empieza a oler mal: coincidencias, exageraciones, personajes muy poco trabajados y un intento constante de dotar a la historia de una pátina de cientificidad que ni necesita ni ayuda en nada.

    El problema es que si esto pasa al principio, os podéis imaginar cómo termina la cosa.

    Un profesor de instituto americano que, de la nada, se convierte en el héroe salvador de la Tierra, capaz de entender cuando sea necesario de la más avanzada biología molecular como, al instante siguiente, si la historia lo precisa, ser un experto astronauta realizando cálculos de trayectorias afectadas por la relatividad.

    Es tan absurdo que no te saca de la historia, te echa a patadas de ella.

    A partir de ahí, una buena premisa, una idea que sí que es innovadora, y cientos de páginas destrozándola con situaciones inverosímiles: objetos que aparecen en el momento justo, alienígenas que recorren millones de kilómetros a una velocidad cercana a la luz sin conocer qué es la radiación, la relatividad o la electrónica.

    El final, para rematar, es condenadamente peliculero. Lo cual, tras el éxito cosechado por la adaptación cinematográfica de El Marciano, me ha llevado a pensar que Weir ha escrito esta novela pensando mucho más en su posible tránsito a la gran pantalla que en regalarnos una buena historia.

    2. Andy Weir no sabe construir personajes

    De nuevo, al poco de estar leyendo la historia caes en la cuenta que Ryland Grace, el heroíco protagonista de la historia, no es Ryland Grace, es en realidad, ¡¡¡Mark Watney reencarnado!!!

    Es exactamente el mísmo tipo de personaje, el mismo humor, las mismas interacciones con el lector…

    Si Watney sufría por sobrevivir en Marte, Grace lo hace por sobrevivir en Tau Ceti. A partir de ahí, dos clones.

    El resto de personajes resulta aún más flojo. En especial el alienígena Rocky, presentado como un superingeniero capaz de resolver problemas de una complejidad extrema, pero que al mismo tiempo se comporta como un adolescente perpetuo. Esa combinación, lejos de resultar entrañable, termina siendo un lastre: no profundiza al personaje, sino que lo convierte en una caricatura funcional, diseñada más para facilitar la trama que para sostenerla con verosimilitud.

    Es evidente que construir personajes fuertes y que aporten a la historia no es el fuerte de Andy Weir.

    Conclusión

    Sigo sin entender por qué los best-sellers se convierten en best-sellers. Es un total misterio para mí.

    Tampoco entiendo que personajes influyentes del mundo científico recomienden este libro. Sí, de acuerdo, habla de relatividad y de conceptos de astronomía. Pero, en el fondo, no deja de ser una historia infantil embadurnada de tecnicismos. No es una buena novela.

    Con el tiempo me he dado cuenta de que ese contrato implícito de suspensión de la incredulidad se vuelve cada vez más frágil. Donde antes había margen para el asombro, ahora aparece la grieta de la incoherencia.

    Cuando eres joven, estás dispuesto a aceptar más atajos, más trampas, más concesiones internas. La coherencia importa menos porque la ilusión pesa más. Pero los años y, supongo, la experiencia de vivir, van afinando ese radar que detecta lo que no encaja.

    Quizá todo esto no sea más que una forma algo más elegante de admitir que, con la edad, vamos perdiendo un poco de esa capacidad tan valiosa de creer en la magia que teníamos de niños.

    Nota: 5/10

  • Reseña: El rey del Invierno – Bernard Cornwell

    Reseña: El rey del Invierno – Bernard Cornwell

    El legendario artúrico ha tenido para mí un aura mística desde siempre.

    Es muy probable que influído por una época donde los dibujos y las películas trasladaron la leyenda del gran Rey de Camelot, su Mesa Redonda y el mago Merlin a la televisión y el cine.

    Merlín, el encantador, fue el punto de partida si he de hacer memoria. Ahí seguramente comenzó para mí ese misticismo, esa sensación de reino lejano y desconocido que hablaba de espadas clavadas en piedras y de magos con sombrero de pico.

    Bernard Cornwell dibuja en su saga un perfil totalmente distinto. Con un peso histórico muchísimo mayor aunque sin renunciar a la la fantasía y al misterio de la magia.

    Derfel Cadarn, protagonista de esta historia, es un huérfano que vive en Ynys Witrin, una fortaleza donde el druida britano Merlin gobierna con el objetivo de reunificar la antigua Britania y desde donde acumula todo el conocimiento antiguo.

    Muchos años más tarde, recluído en un monasterio, el monje Derfel rememora la historia de su vida ligada a la del gran Arturo, hijo bastardo de Uther Pendragon.

    El rey del invierno, 1995, Bernard Cornwell, consigue trasladar la verosimilitud de las novelas históricas a una leyenda tan manoseada y, muchas veces ultrajada, como la de Arturo y sus Caballeros.

    Es una visión realista, sin adornos, en la que se respeta el contexto de la Alta Edad Media y en donde la magia y la fantasía se presentan más como construcciones de la tradición oral de relatos que terminan por convertirse en leyendas.

    Y aunque es cierto que Cornwell logra distanciarse en gran medida de la fantasía medieval tal y como la conocemos, en algunos pasajes sigue evocándome “El Gigante Enterrado” de Kazuo Ishiguro: esa sensación de no saber si lo narrado es real o imaginario, si ocurrió realmente o se trata de un relato mítico surgido de la memoria difusa de un monje en los últimos días de su vida.

    El rey del invierno es una novela completa, sólida en sus personajes, en su trama y en esa manera tan eficaz de dialogar con las historias que ya conocemos por la cultura popular. Personajes como Ginebra, Lancelot, Galahad, son nucleares en la historia, pero no son los que han habitado en las leyendas, sino que Bernard Cornwell consigue transformarlos en personajes de carne y hueso.

    Esta trilogía empieza bastante bien.

    Nota: 7/10

  • Reseña – Bushido: El código del samurái – Inazö Nitobe

    Reseña – Bushido: El código del samurái – Inazö Nitobe

    Ficha bibliográfica

    Título: Bushido: El código del samurái
    Autor: Inazö Nitobe
    Género: Filosofia/Ensayo
    Número de páginas: 160
    Editorial: Ediciones Obelisco
    Enlace Amazon: El código del Samurai -Bushido- (ARTES MARCIALES) Tapa blanda – 30 septiembre 2002

    Reseña

    Siempre he sentido un especial interés por todo aquello que rodea a oriente en general y a Japón en particular. Japón es, desde la óptica occidental-mediterránea, un crisol de corrientes de pensamiento muy atractivas: una forma de comprender el mundo que nos fascina.

    Entender sus orígenes forma parte del viaje de descubrimiento de esta cultura y Bushido: El código del samurái nos presenta un relato muy descriptivo de uno de los momentos clave del Japón de finales del siglo XIX: el fin de los samuráis.

    Japón arrastró un sistema de gobierno muy parecido a nuestro feudalismo medieval hasta más allá de 1850. Esto fue gracias, en parte, a una política de férreo hermetismo que mantuvo a la isla oriental en un absoluto aislamiento del resto de naciones.

    Inazö Nitobe, hijo de uno de los últimos samuráis del clan Monoka, aprovecha esta circunstancia para mostrarnos lo que él considera una religión sin dios, una forma de comprensión de la vida: el Bushido.

    Nitobe fue testigo del impacto que tuvieron los cambios políticos iniciados en 1854 con la firma de los Tratados de Paz y Amistad entre Japón y Estados Unidos y que supusieron, de facto, el final de la era samurái. Con el fin del periodo Edo comenzaría una etapa de aumento del militarismo japonés que desembocaría en su participación en la II Guerra Mundial.

    El Bushido, así, es la herencia cultural que nos dejó un periodo que abarca más de 500 años y donde las familias samuráis ostentaban un poder casi ilimitado en ese Japón feudal.

    De ese poder ilimitado emanaron las grandes virtudes con las que estos guerreros constuyeron una sociedad basada en conceptos como el honor, el autocontrol, el sentido de justicia, la vergüenza o el suicidio.

    Valoración personal

    Lo cierto es que me ha gustado especialmente la forma de abordar el impacto que tuvo la política aperturista de Japón en tiempos tan convulsos como fueron las primeras décadas del siglo XX.

    Curiosamente Nitobe, dada su particular educación occidental, terminó convirtiéndose al cristianismo y esto impregna todo el análisis: hay momentos que, certeramente, traza paralelismos entre conceptos religiosos orientales y cristianos, pero en otros momentos el encaje es forzado y artificioso.

    Creo que Bushido: El código del samurái es un buen punto de partida para conocer la cultura japonesa alejándose de los tópicos más manidos, lo que te permite escarbar en las raíces de lo que es el Japón actual y las razones de su evolución.

    Nota: 6/10

  • Reseña: Herederos del Tiempo – Adrian Tchaikovsky

    Reseña: Herederos del Tiempo – Adrian Tchaikovsky

    Herederos del Tiempo es la novela que me ha hecho reconciliarme con la ciencia ficción como género literario.

    Echaba de menos esas obras en las que el autor es capaz de conectarme con la historia y sus personajes tanto emocional como intelectualmente.

    Esa habilidad para construir un vínculo con el lector que muy pocos escritores tienen, pero que una vez alcanzado, te sumerge hasta que pierdes la noción del tiempo.

    El tiempo y el espacio

    Herederos del Tiempo, de Adrian Tchaikovsky, va mucho de perder la noción del tiempo.

    Porque la obra abarca un periodo inconmensurable para el lector y, a pesar de ello, consigue que no pierdas ni por un instante el interés por saber más acerca de lo que está por suceder.

    También porque usa magistralmente la temporalidad para estructurar un relato que interconecta tiempos y lugares distantes haciéndolos accesibles para la mente de quien llega a sus páginas.

    Dos historias entrelazadas con la batalla por la supervivencia como telón de fondo. Lo que nos empuja, como seres humanos, a seguir siempre mirando hacia adelante. Lo que nos mueve a seguir luchando con la intención, no ya de sobrevivir como individuos, sino de perdurar como especie.

    Originalidad en la historia y su concepción

    Si algo he de destacar de la obra de Tchaikovsky es su marcada originalidad. Desde Asimov, no recuerdo un autor capaz de jugar con tantos elementos comunes a las historias prototípicas de ciencia ficción que, a su vez, introduzca tantos elementos novedosos.

    Lo maravilloso de su estructura es que nada desencaja, todo tiene una explicación plausible y el relato se desarrolla sobre las férreas vías de una realidad futura creíble.

    Soy muy fan de la ciencia ficción capaz de equilibrar las justas dosis de ciencia para que la ficción no termine desbocándose.

    Herederos del Tiempo aporta una receta de medidos ingredientes que deja un sabor en el lector de inconfundible valor: al acabarla sientes que has satisfecho tus ansias por conocer una historia asombrosa y, al mismo tiempo, comienzas a notar la melancolía por decirle adiós a quienes te acompañaron en esta epopeya de magnitudes majestuosas.

    Gigantes

    Hay una cita recurrente a lo largo de toda la novela, de origen antiguo y muchas veces discutido, que presenta a los seres humanos como enanos subidos a hombros de gigantes, en referencia a todos aquellos que sumaron para permitirnos llegar a ver más lejos.

    Quizá ahí radica la belleza de una historia que tiene mucho de alzarse sobre los hombros de gigantes. De llegar más alto para poder mirar, aunque sea brevemente, más lejos de lo que nadie ha alcanzado a ver antes.

    Nota: 9/10

  • Reseña: En la arena estelar – Isaac Asimov

    Reseña: En la arena estelar – Isaac Asimov

    Ser fan absoluto de un determinado escritor no debe ser un obstáculo para observar su obra con espíritu crítico. Es saludable reconocer aquellas propuestas que no cumplen lo esperado o que se quedan lejos de lo que uno está acostumbrado.

    El genio inconfundible de Isaac Asimov parece tener ligado uno de los más grandes estándares de calidad en sus novelas de ciencia ficción. Sucede que, a veces, y solo muy a veces, esos estándares pueden no terminar de alcanzarse.

    Así pasa en «En la arena estelar», la primera de las precuelas de la Fundación que Asimov escribe el mismo año que la primera de las novelas de la trilogía, pero que se queda orbitando a años luz de ésta.

    Se atisban lo que suelen ser las características que definen las novelas de Asimov: tecnología, personajes con potencia narrativa, estructura y giros en la narración. Pero todo es superficial, todo se queda en un quiero y no puedo, en un intento por llegar a algún sitio que, a la postre, no existe.

    Una historia endeble con unos personajes predecibles

    Biron Farrell es un joven que acude a la Tierra en busca de información. Un intento de asesinato desencadena una reacción de situaciones que le llevarán a diferentes mundos, participar o ser espectador de altas traiciones y de manipulaciones políticas mientras el segundero de un reloj consume los últimos instantes de su huída hacia adelante.

    Sin embargo, pese a esta buena premisa, todo es predecible: los personajes, tanto el propio Biron como Artemisa oth Hiniriad, heredera al trono de uno de los planetas más importantes de la galaxia, son moldes tan prototípicos que conoces su desarrollo y desenlace casi desde el momento en el que te los presentan.

    No siempre se gana

    Toda la historia hace aguas por su excesiva simplicidad. Incluso el final, gran arma de Asimov en casi toda su extensa bibliografía, se diluye como un triste azucarillo en un vaso de agua a medio llenar: acabas, aceptas la derrota casi por primera vez, y confías en que la siguiente novela reconstruya este desastre.

    Nota: 5 / 10.

  • Reseña: Aprendiz de asesino – Robin Hobb

    Reseña: Aprendiz de asesino – Robin Hobb

    Dice George RR Martin que Robin Hobb es, en el mundo de la literatura fantástica, un diamante en un mar de zirconitas.

    Llevaba ya mucho tiempo con la idea de leerme alguna de sus novelas, más por la atracción que despertaban sus portadas y sus títulos, que por conocer nada sobre la autora. Estoy seguro que alguna de las más intensas relaciones de amor literario deben haberse forjado a partir de una buena portada.

    Traspié, protagonista de esta primera de tres novelas de la Saga del Vatídico, es un bastardo de la casa real que gobierna los Siete Ducados. Los azares de un destino que parece marcado le llevan a Torre del Alce, donde desde bien temprano se ha de enfrentar con el estigma de ser un hijo ilegítimo del Rey a la espera.

    En esencia no es más que el enésimo personaje que sigue el famoso «Viaje del héroe» tan manido en novelas de esta temática.

    Sin embargo, Traspié, tiene dos cosas que lo alejan del arquetipo de protagonista de esta estructura literaria:

    La primera y más evidente es que la historia que le rodea, lo que sucede en los Sietes Ducados, no gira, necesariamente, entorno a él. El trascurrir de su historia tiene, a veces, un papel relevante en el devenir del reino, pero otras, su impacto es del todo insignificante.

    La segunda, quizá más sutil, pero también más interesante, es que aborda temas que en otras sagas se consideran ejes centrales del desarrollo, de forma mucho más superficial, restándole así una tensión dramática que muchas veces suele ser más una carga que una virtud.

    Resulta un soplo de aire fresco tras muchos intentos de encontrar un notable heredero a Tolkien, Martin o Rothfuss. Lejos de la contundencia de las novelas de Brandon Sanderson, pero con los ingredientes necesarios (y la saga terminada) para convertirse en una auténtica delicia a degustar por entregas.

    De lectura fácil y amena, atrayante y divertida, Aprendiz de Asesino se presenta como una inmejorable primera novela para una trilogía de literatura fantástica que ya apunta maneras.

  • Cosas que me han salvado esta cuarentena #1: OPEN – André Agassi

    Cosas que me han salvado esta cuarentena #1: OPEN – André Agassi

    Cierro los ojos y me digo: controla lo que esté en tu mano controlar. Lo repito, esta vez en voz alta. Decirlo en voz alta me da valor.

    André Agassi

    Si tengo que empezar la lista de cosas que me han salvado esta cuarentena, empezaré por el principio. Y el principio me lleva a André Agassi, a su vida, a su lucha contra sí mismo y a su triunfo final, el más importante de su carrera.

    Sin lugar a duda, Open, su biografía autorizada, es un relato de la relación imposible entre aquello que odias y lo que te hace especial cuando resultan ser la misma cosa. La pelea constante contra los fantasmas de la infancia que te han convertido en un genio de tu generación.

    Narrada en primera persona y con un ritmo que engancha prácticamente desde la primera frase, la biografía de uno de los grandes jugadores de tenis de todos los tiempos no defrauda ni un instante. Atrapa al lector hasta que siente el mismo dolor en cada golpe de revés, en cada derrota y le permite compartir algo de ese júbilo que traen las victorias: sean contra Pete Sampras o contra el propio Agassi.

    Como toda biografía, hay mucho de ensalzar al protagonista de la historia, mucho de lucha contra las circunstancias que lo terminan convirtiendo en el héroe del relato. Pero aquí hay mucho más donde buscar: muchas zonas oscuras, muchas caídas. Hay un ejercicio de reflexión y de reconocimiento de su hundimiento como deportista y como persona. Y de lo que le hizo resurgir convirtiéndose en un mito. .  

    Agassi fue un niño que se hizo campeón de todo odiando lo que hacía. Y que empezó a disfrutar de su don el día que decidió dejarlo. El camino que recorrió hasta ese final es el camino que todos, de un modo u otro, terminamos por recorrer en nuestra vida, en nuestra búsqueda por encontrar aquello que nos apasiona y que nos hace felices.

  • Reseña: La Trilogía de Trajano (Santiago Posteguillo)

    Reseña: La Trilogía de Trajano (Santiago Posteguillo)

    Por fin, después de unos cuantos meses, tuve el placer de acabar con la inmensa trilogía que Santiago Posteguillo le dedica a la figura de Macro Ulpio Trajano, el gran emperador hispano de Roma.

    La mezcla entre historia novelada e información historiográfica hacen de las tres novelas, en su conjunto, una obra de proporciones titánicas que demuestra el esmero y el esfuerzo que el autor ha puesto para dotar de verosimilitud a la narración. Las múltiples líneas argumentales entretejen una historia de amor y traición, de ascenso al poder y de caída con el trasfondo de uno de los momentos de mayor expansión militar del Imperio Romano.

    Santiago Posteguillo, con una prosa dinámica y con un marcado acento cinematográfico en muchos de sus capítulos, nos cuenta en la Trilogía de Trajano una especie de biografía del gran militar y político que fue Marco Ulpio Trajano. De su nacimiento e infancia en tierras andaluzas a su posterior desempeño militar como tribuno en el norte de Europa para, finalmente, relatar su ascenso político alcanzado el poder supremo del mundo como emperador romano.

    La Legión Perdida, último de los volúmenes de esta trilogía, debe su nombre al mito de la Legión que Craso, cien años antes de la llegada al poder de Trajano, llevó a tierras partas y que perdió en uno de los momentos más infames que recordaría el pueblo romano. El mismo Marco Licinio Craso perecería en aquella batalla en Carras y así daría inicio a una leyenda que perseguiría, cual fantasma, a todos los intentos del Imperio por cruzar el Éufrates.

    Esa misma legión perdida es la que se enrosca entre las idas y venidas de la etapa final del emperador Trajano, esa misma historia, repetida cien años después, pero con sabor a amarga victoria de las tropas romanas. Partia caería, y los límites del Imperio Romano alcanzarían una extensión que jamás volverían a ver.

    Pero Roma jamás estuvo preparada para gestionar un imperio de tales dimensiones y la muerte de Trajano trajo la contracción de un imperio que empezaba su lento viaje hacia la desaparición.

    La Trilogía de Trajano ha sido mi primer contacto con el trabajo de Santiago Posteguillo y he de reconocer que sus tres novelas son apasionantes. Están plagadas, en algunos momentos con algo de exceso, de referencias históricas que le permiten sumergirse en la Roma imperial y acercarse a la figura humana de sus emperadores y, en especial, al magnetismo y la capacidad estratégica de Marco Ulpio Trajano, uno de los más grandes emperadores que tuvo jamás el Imperio Romano.

    Como bien diría Domicia Longina en las últimas páginas de la novela: “Trajano fue un emperador demasiado grande para una Roma demasiado pequeña”.

    Nota: 8/10