Etiqueta: psicología

  • La psicología moderna y el uso de la IA (I)

    La psicología moderna y el uso de la IA (I)

    Es evidente que la Inteligencia Artificial ha supuesto un cambio de paradigma en múltiples ámbitos, y es de esperar que encuentre una resistencia intensa por parte de aquellos profesionales que ven peligrar su modo de vida. Lo estamos viendo en los trabajos afectados por la llegada de los agentes de código; en otro momento hablaré de esa lucha de extremos entre apocalípticos y negacionistas.

    Hoy quiero centrarme en un sector que lleva tiempo mirando hacia otro lado o, lo que es peor, ha optado directamente por el negacionismo: la psicología.

    Si hay un campo que va a verse impactado de forma inminente, y en una magnitud muy superior a lo que se podría haber predicho hace apenas unos meses, es este.

    Mi objetivo con esta publicación es doble: por un lado, desarrollar los elementos críticos que me llevan a pensarlo; por otro, demostrarlo con ejemplos.

    ¿Por qué creo que la psicología va a ser uno de los sectores más afectados?

    La psicología clínica, a diferencia de otras disciplinas sanitarias, arrastra un problema estructural de fondo.

    Si la mayoría de las prácticas clínicas tienen una raíz científica muy marcada, la psicología, al ser una ciencia relativamente moderna, no ha alcanzado todavía ese punto de madurez. Esto ha permitido que en un mismo ecosistema convivan prácticas de probada eficacia con otras que tienen un recorrido, cuanto menos, discutible.

    Nuestro conocimiento de los comportamientos humanos, de las emociones y de los procesos cerebrales, a pesar de haber avanzado enormemente en los últimos cincuenta años, sigue estando a años luz de otras áreas médicas. Quedan demasiadas zonas en blanco.

    Esa inmadurez ha abierto la puerta a corrientes pseudocientíficas que hoy forman parte normalizada de la práctica clínica: herramientas que, sencillamente, no tienen validez alguna. Funcionan, cuando funcionan, por pura casualidad.

    Y es precisamente aquí donde entra en escena una tecnología capaz de interactuar directamente con las personas, con acceso a un cuerpo de conocimiento científico vastísimo y con una capacidad de análisis muy por encima de la media humana.

    Pero, Sergio, una IA jamás podrá sustituir a la interacción humana

    Esta es la primera de las falacias que los detractores suelen emplear.

    Y podría ser parcialmente cierta.

    Somos seres sociales. No existe hoy ninguna tecnología capaz de reemplazar el vínculo que se genera entre personas. La interacción social es la fuente de nuestra construcción como especie. Hemos llegado hasta aquí colaborando e interactuando.

    Pero el argumento se diluye cuando quienes lo esgrimen llevan años ofreciendo sesiones online a sus pacientes.

    ¿Dónde queda, ahí, el contacto humano? ¿La interacción social? ¿Qué capacidad tiene el profesional de detectar, mediante su intuición, algún tipo de reacción fisiológica o emocional a través de una pantalla y un vídeo de mala calidad?

    Convengamos, entonces, en algo incómodo: los modelos de IA actuales pueden sustituir perfectamente las sesiones online. Y hacerlo, además, a cualquier hora del día.

    La IA es muy peligrosa y trae más problemas que soluciones

    La IA es una herramienta. Su utilidad, su beneficio y el daño que es capaz de causar siempre van a recaer en las manos de quien la utiliza.

    En eso no se diferencia de un cuchillo, de una pala o de un termómetro.

    La diferencia es que esta herramienta en particular puede sustituir, con ciertas garantías, a muchos profesionales que se han dedicado a vivir del cuento.

    Y de ahí esa resistencia tan encendida.

    Es el telar mecánico de 1785 o la imprenta de 1440. Quienes ven su modo de vida peligrar son siempre quienes más fuerte se rebelan y más se empeñan en difundir los supuestos riesgos de la tecnología.

    Pero la realidad es que los modelos de lenguaje actuales son capaces de trabajar en condiciones que reducen la ansiedad del usuario, pueden construir un perfil sólido de su situación y además diseñar planes de trabajo con técnicas adecuadas para que la persona mejore su calidad de vida.

    La IA tiene un sesgo confirmatorio, alucina y tiende a equivocarse

    Como cualquier otra herramienta, la IA no es perfecta. Tampoco lo son los profesionales de la psicología.

    Lo que sí es incuestionable es su progresión: los modelos de hoy son varios órdenes de magnitud mejores que sus predecesores de hace apenas unos meses.

    ¿Dónde está el límite? Nadie puede predecirlo.

    Sí sabemos, en cambio, que podemos acotar sus debilidades, limitar el impacto de sus errores e imponer mecanismos que garanticen la seguridad de su uso.

    Y eso, para la gran mayoría de necesidades psicológicas que no implican un riesgo físico para la persona, es más que suficiente.

    ¿Esto significa que los psicólogos están condenados a desaparecer?

    De ninguna manera. Pero, como sucede en otras áreas de conocimiento, están obligados a aceptar una nueva realidad y trabajar en aquello que los diferencia de una IA.

    Quienes sean capaces de integrar esta tecnología para potenciar sus capacidades profesionales, sobrevivirán.

    Quienes la combatan desde la desconfianza y el rechazo, terminarán sucumbiendo.

    Lo que sí estoy convencido de que va a suceder es esto: durante los próximos años, muchos vendedores de crecepelos y meditación de mercadillo exigirán regulaciones imposibles para una tecnología disruptiva como esta, mientras buscan qué otros nichos explotar para seguir viviendo del cuento.

    El problema no es la IA. El problema es que, por primera vez, hay una herramienta capaz de distinguir entre quién aporta valor real y quién simplemente ocupa espacio.

    En el siguiente artículo

    Como señalaba al inicio, esta publicación tiene dos objetivos. El primero era desarrollar mi visión sobre el impacto de la IA en el sector de la psicología.

    En la segunda parte, mostraré ejemplos concretos de uso y los evaluaré para determinar si la IA puede considerarse ya una herramienta útil y real en el día a día.

  • Tiempo

    Tiempo

    El tiempo es uno de los conceptos que más me ha fascinado durante toda mi vida.

    Su existencia está tan entrelazada a la nuestra que cuando nosotros cambiamos, él también se transforma. Se adapta a quiénes somos y se reconstruye a través de nuestra propia evolución.

    Con la llegada de la paternidad, quizá el cambio más significativo de mi vida, una nueva noción del tiempo ha emergido.

    Más allá de los cambios evidentes, la llegada de Mateo ha venido acompañada de una sensación de proyección temporal. Como si su presencia me permitiese mirar más allá del límite natural de mi condición humana. Y, al mismo tiempo, hacer mucho más evidentes sus confines.

    Hoy ese nuevo tiempo me permite imaginar qué cosas verán sus ojos que los míos jamás podrán contemplar. Qué mundos, qué historias, qué personas pasarán por su vida.

    El tiempo deja de ser lineal para convertirse en una masa voluble, moldeable, que acepta la coexistencia de pasado, presente y futuro como un juego de luces y sombras.

    En ese espacio conviven mis antepasados, a quienes Mateo conocerá por mis relatos, y mis descendientes, que sabrán de mí por lo que él les cuente, algún día.

    Lo que me cautiva es cómo esa conexión ha provocado una metamorfosis en mi percepción del tiempo.

    La importancia del ayer se diluye.

    La urgencia del ahora se vuelve relativa.

    Y el mañana, ese viejo desconocido, deja de ser un enemigo al que temer para convertirse en un cómplice al que aprender a esperar.

    Lo lógico sería que este cambio me hubiera hecho vivir el presente de una forma mucho más plena, pero la realidad es que muchas veces me siento un mero observador de una vida que sigue yendo más deprisa de lo que yo puedo correr.

    En cada capítulo nuevo que Mateo escribe en su vida debo aceptar la dolorosa realidad de no poder retenerlo.

    Porque al tiempo, por suerte o por desgracia, no se le puede atrapar.

    No me queda más opción que disfrutarlo.

  • Desafío de los 100 intentos imperfectos

    Desafío de los 100 intentos imperfectos

    Durante años he entendido que los logros personales, en su mayoría, son aquellos que vienen de la mano de la repetición constante hasta alcanzar la suficiente experiencia como para considerarte bueno en algo.

    La constancia era, por tanto, la piedra filosofal de todo proyecto o idea. Si existía una receta para el éxito, cualquier tipo de éxito, esta debía llevar en la lista la capacidad de ser constante.

    Pero ahora concibo la constancia como un elemento dual, abrazado inexorablemente a otra noción crucial en el camino hacia cualquier destino: la consistencia.

    No se trata, pues, solo de repetir, sino de hacerlo además de forma consistente: manteniendo un mínimo que no puedes dejar de exigirte. Y siendo consciente en todo momento del proceso.

    Así se puede entender, por ejemplo, que el estado físico no depende en exclusiva de cuántas repeticiones o de cuanto peso levantes, es fundamental cómo ejecutas tu plan de entrenamiento y debes exigirte un mínimo para lograr objetivos.

    Estos días he leído un par de publicaciones que hacen referencia al concepto del «100 crappy things challenge», que vendría a ser algo como el Desafío de las 100 cosas cutres o imperfectas: en resumidas cuentas, te dicen que si empiezas con algo y eres capaz de repetirlo 100 veces, llegarás a ser un experto en esa materia.

    Esta idea entronca perfectamente en esa creencia de la constancia y la consistencia que lleva tiempo orbitando por mi cabeza, lo que me lleva a la intención de ponerlo a prueba.

    Durante el próximo año y eso que lo que se viene es profudamente exigente, quiero intentar alcanzar esa marca de 100 cosas imperfectas en determinadas áreas de mi vida. Por ahora es demasiado pronto para tener una lista definida, pero no tardaré en publicarla.

    El objetivo no es otro que demostrar o refutar que es en el camino de la constancia y la consistencia donde se alcanza la excelencia.

  • Propósitos para 2024

    Propósitos para 2024

    Otro año termina.

    Así de simple. 365 días después, aquí otra vez, intentando hacer el ejercicio de mirar hacia atrás y ser mínimamente honesto conmigo mismo.

    Y, cómo ya dije hace un año: Los propósitos de año nuevo son una quimera y un arma de doble filo que lo mismo que nos divierte se puede convertir en una verdadera frustración vital.

    Así que frente al papel en blanco, y con la lista de este 2023 en el cogote, me dispongo a enfrentarme al Sergio de hace un año.

    Revisión de 2023

    Aunque escribí la lista el 31 de diciembre de 2023, hice una pequeña revisión en Abril. La intención era continuar 3 meses después, pero bueno, ya conocemos las buenas intenciones.

    Hoy me centraré en esa lista revisada, porque traté de ser más realista y más conciso y me vino bien para acotar mis expectativas:

    Objetivos para 2023

    1. Leer 15 libros (~1/mes) ✅
    2. Publicar 24 posts (2/mes) ❌
    3. Hay 4 series que quiero empezar y terminar
    4. Quiero obtener 3 Certificaciones.
    5. Hacer deporte 2 veces a la semana. / Bajar a 80kg.
    6. Terminar el libro de Latín. 
    7. Completar el Proyecto Legendarium. Poner en marcha el Proyecto Alianza Digital.
    8. Viajar a 3 destinos diferentes a lo largo del año.

    Visto así, 5 fracasos frente a 3 logros, uno se queda con la sensación de que no ha ido bien.

    Pero es cierto que muchos de esos objetivos fallidos se han conseguido parcialmente.

    • He publicado 14 entradas, duplicando las que escribí en 2022.
    • He mantenido una rutina de hacer deporte que, si bien no me ha alcanzado para llegar al objetivo, me ha demostrado que puedo ser consistente también en ello.
    • He completado proyectos web y applicaciones que me han permitido profundizar en el aprendizaje de tecnologías muy interesantes para este 2024.

    Por otro lado, dentro de los objetivos cumplidos, este ha sido un año de mucha más lectura (más de 15 libros), mucho viaje (más de 40.000 km recorridos en 3 meses) y mucho, muchísimo aprendizaje.

    Así que, en realidad, este 2023 cierra con un balance muy positivo y con la vista puesta en un 2024 que se aventura tan interesante y apasionante.

    Propósitos para 2024

    Pero aquí hemos venido a jugar. Está claro que esto es un ejercicio que tiene mucho de ficción y poco de ciencia, pero yo siempre he sido un amante de las dos:

    Para este 2024, estos son mis propósitos:

    1. Leer 20 libros: Ahora que le he cogido el gusto, y con una lista de pendientes, tanto en físico como en digital, bastante considerable, ha llegado el momento de dar otro pasito adelante.
    2. Publicar 24 posts: Aquí repito, quizá por cabezonería, pero creo que es posible alcanzar un ritmo de publicación en este espacio que me lleve a escribir dos veces al mes.
    3. Retomar el piano (2 piezas): Hay pocas cosas que me eche más en cara este 2023, como de mi total dejadez para con el piano. En 2024 es una de las cosas que pretendo cambiar sí o sí.
    4. Deporte (2 veces semana/82 kg): El camino ya está iniciado, ahora falta asentarse y complementarlo no sólo con el gimnasio sino con salir a correr de vez en cuando. De nuevo, metas asequibles.
    5. 300 contribuciones en mis repositorios: Esta es nueva, pero este año he pasado de 160 contribuciones a 110 en mis repositorios y este 2024 debe ser el año de desarrollar y desplegar los múltiples proyectos que tengo en mente.
    6. Certificaciones (3): No tiene mucho más. Con el cambio de trabajo y los múltiples frentes que he tenido abiertos, me he ido formando de forma paralela a las certificaciones regladas, en 2024 ha llegado el momento de consolidar ese conocimiento.
    7. Multiplicar mis números en internet. Hoy en día hay cada vez más plataformas, más mecanismos que nos permiten comunicarnos y este 2024 pretendo aprender a usarlos (al menos en aquellos que me siento más cómodo) y que eso conlleve más contenido.
    8. Aprender a estar. Llevo mucho, muchísimo tiempo, machacándome con la idea de que vivo 5 minutos hacia adelante, siempre lejos del presente, tratando de vivir en un futuro que no existe. Es un comportamiento aprendido durante años que me impide, en muchos momentos, disfrutar del presente. Y, como todo comportamiento aprendido, se puede desaprender.

    Y ya estaría. Ocho nuevos propósitos para un año cuyas cifras suman 8. Poco más voy a pedir.

    Hasta dentro de 365 366 días.

    ¡Feliz 2024!

  • Objetivos vs Procesos: Una lucha del Siglo XXI

    Objetivos vs Procesos: Una lucha del Siglo XXI

    De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de una característica común en todos mis proyectos. Sea cual sea el tipo de proyecto, todos comparten una visión enormemente enfocada al logro.

    Tanto es así que muchas de las actividades relacionadas con el proyecto, tanto antes como durante, llevan asociado cierto nivel de ansiedad.

    Ya escribí acerca de la trampa de la inmediatez, de cuáles eran sus características, su orígen y sus síntomas en nuestra sociedad.

    En línea con esa visión de una realidad cortoplacista está la estrategia orientada al objetivo.

    Estrategias orientada al objetivo

    Si revisamos la bibliografía asociada a la psicología mas contemporánea que trata estos temas y, sobre todo, si echamos un vistazo a todos estos libros de gestión de proyectos y autoayuda, tienen en común una idea troncal: el foco, la consecución de objetivos, la eliminación de distracciones que nos alejan del resultado.

    Y, por el camino, cientos de métodos para cuantificar hasta el más pequeño de los pasos, decenas de sistemas que parametrizan una vida para terminar convirtiéndola en un proceso con variables de entrada y de salida.

    Quizá el mayor de los problemas de esta estrategia es concebir al ser humano como una especie de máquina, de computadora.

    Alerta espoiler: no lo somos. Ni lo seremos jamás. Y aceptarlo va diametralmente en contra de toda esta corriente de pensamiento asociada a la disciplina como bandera del éxito.

    1. Una mirada enfocada en el final.

    El proceso queda relegado a un segundo plano cuando el actor principal es el resultado. Todo es, por tanto, una carrera contrarreloj con tal de llegar a la meta.

    Es contrarreloj porque, para nuestra desgracia, nuestro tiempo es limitado.

    Quizá una correcta planificación y una mirada realista de lo que uno es capaz de hacer podrían aliviar este primer problema, pero vivimos rodeados de un contexto que nos invita a pensar justo lo contrario.

    Hoy se ponen en valor la precocidad y la rapidez. Nadie valora a la persona de 60 años que vive una vida plena, sino al adolescente de 16 que termina su segunda carrera. El resultado, cuyo valor puede ser hasta incluso discutible, domina la esencia de nuestro trabajo.

    Esta mirada enfocada al objetivo tiene, a su vez, la caracterítica de ser extremadamente estrecha. Las corrientes pseudopsicológicas asociadas a la eficiencia abogan por cuantificar los proyectos (sean de la índole que sean), reducir las distracción enfocándose agresivamente en el objetivo y reducir el proceso a un mero medio para alcanzar un fin.

    2. Ausencia de refuerzo durante el proceso.

    Precisamente esa forma de entender el proceso nos lleva a la carencia de refuerzos durante el mismo. A mí me sucede constantemente en cualquiera de los proyectos en los que me embarco.

    Muchos de esos proyectos son, como mínimo, a medio plazo. Eso implica que durante el proceso pueden no haber elementos relevantes que marquen una idea de progreso.

    Puedo, claro está, intentar autoconvencerme marcándome metas a corto plazo. Puedo definir objetivos mucho más cortos, y toda esa historia tantas veces repetida.

    No funciona.

    Y no funciona porque no somos tontos y nuestro cerebro sabe perfectamente que nos estamos intentando hacer trampas jugando al solitario. Queremos el premio final, aun sin tener muy claro cuál es, y no nos conformamos con las migajas.

    Lo gracioso del asunto es que, hasta para esto, la sociedad individualista ha encontrado un filón con el que seguir vendiéndonos su producto.

    Primero te aleccionan para que tu mirada esté puesta casi exclusivamente en la meta. Luego te exigen que trabajes la disciplina, entendiéndola como una férrea dictadora que nos obliga a dejar de escuchar nuestras emociones, lo que nuestro cuerpo nos dice, obviando nuestras circunstancias y nuestro contexto. Y por último, cuando todo el sistema fracasa, te dicen que la culpa es tuya por no haberlo intentado lo suficiente.

    Estrategia orientada al proceso

    Existe una alternativa que quiero evaluar para abordar mis proyectos, mis aficiones o mi trabajo (en la medida que eso sea posible).

    Quizá suena contraintuitivo, pero puede ser un buen punto de partida alejarnos de esa visión estrecha y desenfocarla un poco.

    Que el objetivo deje de ser la meta y se centre en el proceso.

    Antonio Machado decía eso de «caminante no hay camino, se hace camino al andar» y es una frase que me ha acompañado desde el momento que la escuché por primera vez.

    Es simple, pero no por ello sencilla: toda la vida se reduce a transitar. Si vivimos en constante mirada hacia adelante, si nuestro foco está en aquello que está por venir, lo que en realidad estamos haciendo es desperdiciar nuestro tiempo aquí.

    Igual es una auténtica estupidez propia de alguna de las innumerables crisis por las que seguramente pasaré a lo largo de mi vida.

    O igual me sirve para dejar de preocuparme tanto por el resultado, por terminar, por hacer, por rellenar una lista intrascendente de cosas que a nadie le importan.

    Y aprender, de una vez por todas, a disfrutar del camino.

  • Los circuitos de la dopamina

    Mucho se ha hablado, se habla y se hablará, de la importancia que tiene la dopamina en nuestra vida diaria. Conocer los efectos que produce en nuestro organismo ha supuesto un salto cualitativo en la comprensión de los procesos mentales y de nuestra conducta. Pero pese a ser una de las grandes protagonistas en muchas de las charlas relacionadas con la psicología, es también una gran desconocida.

    ¿Qué es la dopamina?

    La dopamina es un neurotransmisor crucial para la regulación de múltiples procesos en nuestro cerebro y sistema nervioso central. Desde la coordinación del movimiento hasta la motivación y el placer, la dopamina es esencial para que podamos disfrutar de las experiencias agradables de la vida y buscar más de ellas. Sin embargo, su desequilibrio está detrás de trastornos graves como la enfermedad de Parkinson, la depresión o diferentes adicciones.

    ¿Qué es un neurotransmisor?

    Un neurotransmisor es una sustancia química que se encuentra en el sistema nervioso central y que se encarga de transmitir señales eléctricas y químicas entre las neuronas o células nerviosas. Estas señales son esenciales para la comunicación y el funcionamiento adecuado del cerebro y del cuerpo en general. Cuando una neurona libera un neurotransmisor, este se une a los receptores de otra neurona, generando un impulso eléctrico que se transmite a lo largo de las células nerviosas y permite la comunicación entre ellas. Existen muchos tipos de neurotransmisores, cada uno con una función específica.

    ¿Cómo se genera la dopamina?

    La síntesis de la dopamina se produce a partir del aminoácido tirosina, que se convierte en dopa mediante la acción de la enzima tirosina hidroxilasa. A continuación, la dopa se convierte en dopamina mediante la acción de la enzima dopa-descarboxilasa.

    La síntesis de dopamina es un proceso complejo que requiere la presencia de varias enzimas y cofactores. La disponibilidad de tirosina, la actividad de la tirosina hidroxilasa y la dopa-descarboxilasa, y la presencia de cofactores como el hierro y la vitamina B6 son factores que pueden influir en la síntesis de dopamina.

    Una vez sintetizada, la dopamina es liberada por las terminales nerviosas de las neuronas dopaminérgicas en las áreas del cerebro que la requieren. La liberación de dopamina se produce cuando las neuronas se activan y se produce un potencial de acción que lleva a la liberación del neurotransmisor. Este actúa en los receptores dopaminérgicos de las neuronas postsinápticas, lo que produce una respuesta en la célula.

    La dopamina también se puede recapturar por las neuronas que la liberaron mediante un proceso llamado recaptación. Este proceso es llevado a cabo por una proteína transportadora llamada DAT (transportador de dopamina), que mueve la dopamina de vuelta a la neurona que la liberó para su almacenamiento y posterior liberación.

    Circuitos de la dopamina

    1. Sistema mesolímbico: El sistema mesolímbico es un circuito que se extiende desde el área tegmental ventral (VTA) en el tronco encefálico hasta el núcleo accumbens en el estriado ventral. Este circuito es importante para la motivación, la recompensa y el aprendizaje asociativo. La liberación de dopamina en el núcleo accumbens en respuesta a estímulos placenteros o recompensantes puede reforzar la conducta asociada con esos estímulos.
    2. Sistema mesocortical: El sistema mesocortical es un circuito que se extiende desde el área tegmental ventral hasta la corteza prefrontal medial y dorsolateral. Este circuito está involucrado en el control cognitivo, la toma de decisiones y la regulación emocional. La disfunción del sistema mesocortical puede contribuir a la sintomatología de la esquizofrenia y otros trastornos psiquiátricos.
    3. Sistema nigroestriatal: El sistema nigroestriatal es un circuito que se extiende desde la sustancia negra hasta el estriado dorsal. Este circuito es importante para el control motor y la coordinación. La pérdida de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra puede causar la enfermedad de Parkinson.
    4. Sistema tuberoinfundibular: El sistema tuberoinfundibular es un circuito que se extiende desde el hipotálamo hasta la glándula pituitaria. Este circuito regula la liberación de prolactina, una hormona que juega un papel importante en la lactancia y la reproducción.

    Como véis, son muchos los circuitos en los que la dopamina está presente. Esto hace que las implicaciones de su correcta regulación se extiendan a muchas condutas, respuestas emocionales e incluso teniendo impacto en la coordinación motora.

    De ahí que protagonice la mayoría de «recetas mágicas» que nos prometen la felicidad eterna: la dopamina se dice que es, en muchos aspectos, la piedra filosofal de esa felicidad.

    Activación de la dopamina

    La dopamina se activa en el cerebro cuando hay una liberación de este neurotransmisor desde las neuronas que lo sintetizan y almacenan. Esta liberación se produce en respuesta a diferentes estímulos y situaciones, y puede ser modulada por diversos factores.

    1. Estímulos placenteros: La dopamina se libera en el sistema mesolímbico cuando se experimentan estímulos placenteros como la comida, el sexo, las drogas, la música, el ejercicio y otras actividades gratificantes. Estos estímulos pueden reforzar la conducta asociada con ellos, y la liberación de dopamina puede ser importante en el proceso de aprendizaje y motivación.
    2. Estrés: La dopamina también se puede liberar en respuesta a situaciones de estrés. El estrés agudo puede aumentar la liberación de dopamina en el núcleo accumbens y otros circuitos dopaminérgicos, lo que puede estar relacionado con la respuesta de «lucha o huida».
    3. Estimulación sensorial: La estimulación de los sentidos, como la vista, el olfato o el oído, también puede aumentar la liberación de dopamina en el cerebro. Por ejemplo, la visión de imágenes agradables o la escucha de música estimulante puede aumentar la liberación de dopamina en el núcleo accumbens.
    4. Drogas: Las drogas que tienen efectos sobre el sistema dopaminérgico, como la cocaína, la anfetamina y el alcohol, pueden aumentar la liberación de dopamina en el cerebro, lo que puede ser responsable de los efectos placenteros y adictivos de estas sustancias.

    Estos factores dan buena muestra de esa relación directa entre la segregación de la dopamina y la sensación de felicidad: su presencia es condición necesaria.

    No obstante, hemos de pensar en ella como en un sistema de comunicación de nuestro cerebro: la segregación de dopamina lo que nos indica es que nuestro cuerpo está enviando mensajes para activar mecanismos emocionales, sensoriales, motores o de conducta, pero no es necesariamente algo positivo.

    Por ello creo que es importante recalcar que la dopamina no es sinónimo de felicidad, sino de conexión neuronal.

    El impacto de la dopamina en la vida cotidiana

    La dopamina es, por tanto, un elemento más de la cadena de conexión de nuestro organismo y por ello se la relaciona con múltiples procesos:

    1. Motivación: La dopamina está involucrada en la regulación de la motivación, y su liberación en el cerebro puede aumentar el deseo de realizar ciertas actividades o alcanzar ciertas metas. Por ejemplo, la liberación de dopamina en el sistema mesolímbico puede ser responsable de la sensación de «placer» que se experimenta al alcanzar una meta o lograr un objetivo.
    2. Aprendizaje: La dopamina también está involucrada en el aprendizaje y la memoria, y su liberación puede fortalecer las conexiones sinápticas entre las neuronas que están involucradas en la realización de una tarea o la adquisición de una habilidad. Esto puede ayudar a mejorar el rendimiento y la eficiencia en las tareas.
    3. Emociones: La dopamina también puede afectar el estado de ánimo y las emociones, y su disfunción puede contribuir a trastornos del estado de ánimo como la depresión y el trastorno bipolar.
    4. Control motor: La dopamina es importante para el control motor, y su disfunción puede contribuir a trastornos motores como la enfermedad de Parkinson.
    5. Adicción: La dopamina también está involucrada en el proceso de recompensa y adicción, y su liberación puede ser responsable de los efectos placenteros y adictivos de ciertas drogas y comportamientos adictivos, como el juego compulsivo y la adicción a la comida.

    Conclusiones

    La dopamina es, en definitiva, parte de la red de comunicaciones que emplea nuestro cerebro para regular nuestra vida.

    Una red neuronal que coordina cómo actuamos y cómo nos sentimos, siendo vital mantenerla en buen estado. Al igual que un cableado de red, necesitamos que nuestro sistema de comunicación interno funcione bien.

    Esto se consigue manteniendo unos niveles de dopamina regulados y saludables y, para ello, podemos hacernos valer de algunos consejos básicos:

    1. Ejercicio físico: El ejercicio regular puede aumentar los niveles de dopamina en el cerebro. Se recomienda realizar actividades físicas de forma regular, como caminar, correr, nadar, andar en bicicleta o levantar pesas.
    2. Alimentación saludable: Consumir una dieta saludable y equilibrada es importante para mantener los niveles de dopamina en el cerebro. Los alimentos ricos en tirosina, como el pollo, el pavo, el pescado, los huevos, los productos lácteos, los frutos secos y las legumbres, pueden ayudar a aumentar los niveles de dopamina.
    3. Descanso adecuado: El sueño es esencial para la regulación de los niveles de dopamina en el cerebro. Se recomienda dormir entre 7 y 9 horas al día para mantener un equilibrio adecuado.
    4. Reducir el estrés: El estrés crónico puede disminuir los niveles de dopamina en el cerebro. Es importante tomar medidas para reducir el estrés, como practicar técnicas de relajación, como la meditación o el yoga.
    5. Actividades placenteras: Participar en actividades que produzcan placer o disfrute, como escuchar música, bailar, leer o socializar, puede aumentar los niveles de dopamina en el cerebro.
    6. Evitar el abuso de sustancias: El abuso de sustancias, como el alcohol, la nicotina y las drogas, puede disminuir los niveles de dopamina en el cerebro a largo plazo. Es importante evitar el consumo excesivo o adictivo de estas sustancias.

    En nuestras manos está convertir a la dopamina, ese neurotransmisor que comunica en nuestro cuerpo, en la verdadera hormona de la felicidad.

  • Final del 1Q – Revisando objetivos de 2023

    Final del 1Q – Revisando objetivos de 2023

    Este enero publiqué un post en el que me marcaba una serie de objetivos para el año 2023. A diferencia de otros años, no voy a dejar pasar esa publicación hasta que, 365 días después, la recupere para evaluar si el año ha ido bien o no.

    En su lugar, mi intención es dividir el año en cuartos (o trimestres) y analizar dónde me encuentro para poder redirigir mis esfuerzos adecuadamente.

    En este post, quiero compartir contigo mis reflexiones sobre los objetivos que me había propuesto para el primer cuarto (1Q) y los resultados que he obtenido hasta ahora.

    Además, voy a planificar nuevas acciones para el segundo trimestre del año, con el fin de continuar avanzando hacia mis objetivos y mejorar mi calidad de vida.

    Objetivos anteriores

    Lo primero es recuperar de la publicación Propósitos para 2023 la lista de propósitos que me planteé para 2023:

    1. Leer 15 libros (~1/mes)
    2. Publicar 24 posts (2/mes)
    3. Hay 4 series que quiero empezar
    4. 3 Certificaciones.
    5. Deporte y vida sana. 
    6. Latín. 
    7. Proyectos. 
    8. Vida.

    Una breve revisión de ellos me hace ver evidentes errores en la lista. Mientras que los objetivos 1, 2, 3 y 4 son medibles y específicos, el resto no son más que una propuesta genérica difícilmente evaluable.

    ¿Qué significa «Proyectos»? ¿Terminar 3 proyectos? ¿Iniciarlos?

    Existe mucha literatura tras la formulación de objetivos. Quizá la más reconocida es la técnica SMART:

    Así que, basándome en ella, voy a reformular mis objetivos del año:

    1. Leer 15 libros (~1/mes)
    2. Publicar 24 posts (2/mes)
    3. Hay 4 series que quiero empezar y terminar
    4. Quiero obtener 3 Certificaciones.
    5. Hacer deporte 2 veces a la semana. / Bajar a 80kg.
    6. Terminar el libro de Latín. 
    7. Completar el Proyecto Legendarium. Poner en marcha el Proyecto Alianza Digital.
    8. Viajar a 3 destinos diferentes a lo largo del año.

    Los objetivos, de esta forma, son específicos, pueden ser medidos, se trata de objetivos relativamente alcanzables y relevantes y están asociados a un margen temporal.

    Evaluación de resultados

    Veamos qué tal llevamos el progreso:

    1. Leer 15 libros: 1Q 7/15. 46%
    2. Publicar 24 posts: 1Q 5/24. 21%
    3. Hay 4 series que quiero empezar. 1Q 1/4 . 25%
    4. 3 Certificaciones. 1Q 0/3. 0%
    5. Hacer deporte 2 veces a la semana. / Bajar a 80kg. Al haber redefinido el objetivo, lo evaluaré en el 2Q.
    6. Terminar el libro de Latín. No iniciado.
    7. Completar el Proyecto Legendarium. Poner en marcha el Proyecto Alianza Digital. 1Q Legendarium 20%.
    8. Viajar a 3 destinos diferentes a lo largo del año. 1Q 0/3. 0%

    En líneas generales, no voy mal. Cuatro de los ocho objetivos llevan buen ritmo, a pesar de que otros 3 no los he iniciado.

    Teniendo en cuenta de que estamos todavía en el primer trimestre del año, puedo permitirme este margen de maniobra. El 2Q es el momento ideal para pegarle un buen empujón a aquellos objetivos que todavía no se han movido o que han avanzado mínimamente durante estos últimos 3 meses.

    Planficación para 2Q

    Partiendo de la reformulación de los objetivos de 2023, voy a repartir los pesos, en términos de prioridad, para cada uno de ellos, suponiendo que el total de los pesos es 100:

    ObjetivoPeso
    Leer 15 libros5
    Publicar 24 posts10
    Serie Mítica 10
    Certificación20
    Deporte 2 veces por semana10
    Latin15
    Proyecto Legendarium15
    Viajar a 1 destino15
    Total100
    Reparto de pesos por objetivos de 2023

    De esta forma sé que, a partir de ya, debo enfocarme tanto en los últimos 3 objetivos como, sobre todo, en el de obtener alguna certificación interesante.

    El proceso de revisión es clave porque permite evaluar a tiempo el rumbo de los acontecimientos y poder modificar aquello que sea necesario con tal de asegurar llegar al destino deseado.

    Conclusión

    Una de las grandes carencias con las que me he enfrentado a lo largo de mi vida en el terreno de la planificación personal ha sido una mezcla de lo que que contiene esta publicación.

    Por un lado, objetivos poco realistas, poco medibles y, por tanto, prácticamente irrealizables.

    Por otro, una falta de revisión que permitía que mis avances, bien se estancaran, bien no siguieran un rumbo satisfactorio.

    Veremos qué nos depara este segundo trimestre. Volveré a somarme aquí en unos meses y os contaré.

  • Sociedad Hiperbólica

    Sociedad Hiperbólica

    En el mundo actual, en el que estamos más conectados que nunca, asistimos a una propagación de comportamientos «universales» cada vez mayor.

    A popularizar estas tendencias, como es obvio, ha ayudado disponer de múltiples canales desde donde somos bombardeados insistentemente con patrones de comportamiento a imitar.

    La mayoría de estos patrones pueden parecer a simple vista inocuos, infantiles y sin excesivo impacto en nuestra vida, pero muchos de ellos impregnan nuestra conducta con mecanismos asociados a un determinado rol y una determinada forma de pensar.

    La cultura de la hipérbole

    Quizá uno de los más importantes que he podido percibir: tanto por su rápida progresión como por el evidente impacto en la gran mayoría de nosotros, es lo que he llamado la cultura de la hipérbole.

    Nuestra naturaleza nos empuja a observar todo desde un prisma egocéntrico: entendemos nuestro entorno desde nuestra perspectiva. Eso nos convierte en actores principales de nuestro relato y ahí es donde se cuela esta nueva forma de entender ese relato: la necesidad de convertirlo en antológico.

    Hoy más que nunca somos personajes públicos: tengamos 2 o 2 millones de seguidores en redes sociales, la inmensa mayoría proyectamos nuestras vidas (la parte que nos interesa) hacía el resto de nuestra red social. En esa construcción de una historia protagonizada por nosotros mismos no caben medias tintas, ya no se conciben historias mediocres porque esas historias hace ya mucho tiempo que dejaron de vender.

    En la sociedad hiperbólica el «me gusta» es la moneda corriente y no se consigue trabajando más, sino impactando mejor.

    Si todo es histórico, nada es histórico

    En ese afán por alcanzar siempre una cima más alta que la anterior se termina llegando a la paradoja de normalizar lo extraordinario: lo alternativo es lo mainstream.

    Si todos vivimos momentos históricos, si cada día se alcanza un hito para el recuerdo, en realidad nada lo es ya.

    Es una carrera ciega a ninguna parte y llegará el momento en el que no podamos seguir corriendo.

    Además, toda historia exige su parte de fracaso, su realidad dura, para poner en valor el éxito si se consigue, y en esto a cultura de la hipérbole ha jugado sus cartas manipulando también ese elemento. Todos los que hoy alcanzan el techo legendario de sus vidas, lo han hecho tras esfuerzos excepcionales.

    El relato exige su cuota de sacrificio y la hipérbole no se da solo al alcanzar la cima, sino al valorar también el ascenso a la misma.

    El castillo es de cartón piedra

    Las consecuencias de construir un relato vital basado exclusivamente en exageraciones las vamos viendo cada día más, tanto en nuestra generación como en las siguientes.

    Silenciosamente hemos ido desensibilizando a nuestras mentes ante el impacto de lo diferencial y llegado el momento, nada nos resulta atractivo, nada nos parece diferente.

    Si el ser humano se caracteriza por algo es por su curiosidad. La curiosidad es la fuente de la mayoría de nuestros logros, tanto como sociedad, como individualmente. Si eliminamos la curiosidad, o más bien la exprimimos hasta agotarla, perdemos gran parte de nuestro interés vital y eso nos terminará pasando factura tarde o temprano.

    En parte es como si estuviéramos sustityendo la curiosidad por la necesidad de ser: ahora resultan menos interesantes las historias de los demás, porque por encima de ellas está la nuestra, que es más importante, más increíble.

    En definitiva, seguimos en esa caída libre que nos aleja de la empatía y nos sume en el desierto del individualismo: más conectados que nunca, más solos que nunca.

    Las historias también pueden ser normales

    Como todo movimiento cultural y social, llegará el momento del retorno. La sociedad y el individuo caminarán en la dirección contraria y veremos cómo muchos se apresuran a subirse al barco de la normalidad.

    La hipérbole dejará paso a lo cotidiano y se nos venderá, porque de eso trata todo, que las mejores vidas son las normales porque encierran la esencia del ser humano corriente.

    Hoy no somos distintos a hace 2000 años, simplemente nos damos la chapa más a menudo y entre más personas.

    Regresaremos, quiero creer, a una visión más colectiva de la sociedad. En algún momento el individualismo dejará de ser atractivo y los beneficios de trabajar verdaderamente en sociedad sobresaldrán al afán de protagonismo.

    Mientras tanto, saber surfear las olas de las tendencias es lo que nos va a mantener medianamente cuerdos.

  • El equilibrio entre teoría y práctica

    El equilibrio entre teoría y práctica

    Una de las dudas más repetidas a lo largo de toda mi etapa educativa (que ya dura más de 20 años) ha sido la relacionada con la metodología a la hora de enfocar la adquisición de una nueva habilidad.

    En concreto encontrar la respuesta a qué es más necesario al comienzo, una profunda base teórica que nos proporcione seguridad en el conocimiento o enfocarnos en el apartado práctico y en los resultados que la experiencia nos facilita.

    La teoría es necesaria, pero no te vuelvas loco.

    La teoría es asesinada tarde o temprano por la experiencia.

    Albert Einstein

    Una primera aproximación exige establecer unos mínimos. De nada sirve ejercitar una habilidad si desconocemos lo básico sobre ella. Por eso es fundamental que nos obliguemos a asegurar una base sólida de conocimiento.

    Esto nos va a permitir aventurarnos en el terreno práctico con garantías de éxito.

    No obstante, hay que tener cuidado con no abusar de esta fase. Debemos huir de la trampa de una autoexigencia desmedida que nos bloquee el progreso.

    Hay un determinado momento en el que el esfuerzo en adquirir nuevos conocimientos va a tener un impacto cada vez más limitado en nuestra habilidad con la materia.

    Será entonces el momento de poner en práctica la teoría.

    Practica todo lo que puedas, pero sabiendo lo que haces.

    Necesaria es la experiencia para saber cualquier cosa

    Séneca

    Una vez adquirida una base consistente de conocimientos debemos dar el paso de ponerlos a prueba.

    La práctica es, en esencia, la consolidación de la teoría a través de la experiencia.

    Y es en la experimentación donde reconoceremos las carencias teóricas que necesitamos resolver.

    Es por eso que, al igual que sucedía con la teoría, debemos afrontar esta fase con las garantías necesarias: de poco sirve lanzarse a practicar sin saber qué estamos haciendo.

    Experimentar no es sinónimo de hacer, sino de probar, y las diferencias entre ambas acciones son notables: el ejercicio de la experimentación exige un conocimiento previo y una idea clara de qué conocimientos buscamos evaluar o adquirir.

    Sólo así la práctica tendrá un peso específico en el propósito de adquisición de una habilidad. Seremos más eficientes y alcanzaremos nuestros objetivos en menor tiempo y con menor esfuerzo.

    El equilibrio se adquiere con el tiempo.

    A pesar de que pueda parecer sencillo, alcanzar ese punto de equilibrio entre teoría y práctica no es sencillo: depende de muchos factores, entre ellos, nuestra propia forma de adquirir conocimientos. Para algunos, unas pocas horas de teoría serán suficientes antes de lanzarse a probar cosas. Para otros, en cambio, esta primera fase exigirá más dedicación.

    Lo fundamental es que, sean cuales sean nuestros tiempos, se trate de un proceso controlado. Sepamos en todo momento dónde estamos, qué buscamos encontrar y hacia dónde nos dirigimos.

    A partir de ahí, todo se reduce a asegurarnos de que disfrutamos del proceso.

  • La diferencia entre perder el tiempo y disfrutar del tiempo libre

    La diferencia entre perder el tiempo y disfrutar del tiempo libre

    Nos encontramos ante un momento de nuestra historia en el que el tiempo, o más bien su uso, se ha convertido en un elemento capital de nuestra rutina diaria.
    Son cientos los profesionales, y no tan profesionales, que dedican sus esfuerzos a explicarnos cómo gestionar mejor nuestro tiempo.

    Son miles las teorías, los métodos, las apps, que han venido a revolucionar nuestra forma de manejarlo, que nos aseguran cumplir la lista de objetivos interminable que nos han dicho que debemos cumplir.

    Todo este enorme circo se basa en una necesidad construida con el tiempo y al abrigo de intereses ajenos.

    No necesitamos aprovechar el tiempo

    La realidad más simple es esa. No nacemos con la obligación natural de hacer que nuestro tiempo sea eficiente. Es un concepto adquirido y, por desgracia, distorsionado.

    Hemos trasladado las obligaciones laborales a la parcela personal hasta convertir el tiempo que nos dedicamos a nosotros en una carga más.

    La sociedad capitalista ha cristalizado completamente, alargando sus tentáculos ideológicos hasta cubrir cada instante del tiempo de nuestras vidas. Ya no se trata de que produzcas y consumas, se trata de que lo hagas en cualquier momento del día.

    A esta imagen distorsionada del aprovechamiento vital han contribuido, como era de esperar, la cultura audiovisual y los medios, empeñados en mostrarnos historias de «éxito» directamente relacionadas con su capacidad de esfuerzo y dedicación constante. Hombres y mujeres que han logrado tocar lo más alto por haber sido capaces de aprovechar su tiempo.

    La clave de todo la tiene esa palabra: aprovechar.

    ¿Qué significa aprovechar?

    Etimológicamente, aprovechar significa estar cerca del provecho, que se entiende como un beneficio, producto, lucro o ganancia. Ahora pregúntate qué entiendes por lucro o ganancia.

    Como prácticamente todo aquello que nos mueve y nos motiva en esta vida, nuestra perpeción de las cosas es fundamental en el desarrollo de nuestros comportamientos.

    Si siempre hemos visto, oído o leído palabras como lucro, ganancia o producto, asociadas a una temática puramente económica, no es difícil aventurar que hemos vinculado esos conceptos.

    Pero un beneficio, una ganancia, también puede ser disfrutar de un rato tirado en el sofá sabiendo que no tienes nada que hacer.

    Una buena rentabilidad también debería entenderse como el equilibrio entre una larga jornada laboral y un buen rato de desconexión, de no hacer absolutamente nada.

    Es difícil disfrutar del tiempo si sientes que lo estás perdiendo.

    Y, sin embargo, ese aprendizaje temprano del provecho como lucro económico hace que muchos sintamos que perdemos el tiempo si no hacemos algo de nuestra lista de tareas pendientes.

    Hemos estigmatizado aburrirnos por considerarlo lo opuesto a sacar beneficio del tiempo, cerrándonos la puerta a una mayor capacidad de reflexión y de creatividad.

    El tiempo libre es entendido, así, como un depósito finito de oportunidades para alcanzar tu sueño. No hacer nada, o hacer algo que no tenga ligado directamente un lucro o un beneficio, que te acerque más a ese falso éxito, es abrir el grifo del despósito y verlo vaciarse.

    De esta forma se produce la pardoja de que, a pesar de preocuparnos por disponer de tiempo libre, no sabemos disfrutar de él cuando lo tenemos. O incluso lo reconvertimos en tiempo de trabajo, para aliviar el sentimiento de pérdida. Nos aterra perder el tiempo. Nos asquea aburrirnos.

    Por eso todos esos gurús, todas esas metodologías mágicas, insisten en que llenes tu tiempo libre, que lo bloquees de posibles distracciones, que lo midas hasta el segundo para no dejar escapar ni un mínimo de esa productividad ficticia.

    En mi caso todavía sigo en el proceso de desaprender esa idea distorsionada que he tenido siempre acerca de lo que verdaderamente significa aprovechar el tiempo.

    Son muchos años los que me ha costado entender que disfrutar de tu tiempo se reduce, sencilla y llanamente, a hacer aquello que te apetece, sin preocuparte por nada más.

    La ausencia de preocupación.

    Ahí radica la clave que hace que el tiempo libre tenga su correspondiente valor asociado: entenderlo como una forma de desligarte de una realidad apresurada y medida en función de tus obligaciones.

    Basta solo eso, arrancar de raíz esa sociedad entre acción y retorno, entre comportamiento y resultado.

    No todo lo que hacemos tiene que tener un fin, tiene que tener un objetivo, tiene que devolvernos algo. Hay muchas, muchísimas cosas en la vida cuyo beneficio, cuyo provecho, cuyo valor intrínseco se circunscribe al placer de poder realizarlas.

    La próxima vez que te tires en el sofá a cambiar de canales sin rumbo fijo, prueba a sentir que disfrutas de la sencillez de no estar haciendo nada.