Autor: Sergio Madrigal

  • Crítica –  Star Wars: Rogue One (2016)

    Crítica – Star Wars: Rogue One (2016)

    Y cuando ya no quedaba esperanza, sucedió.

    Star Wars ha vuelto

    Un año después del bochornoso espectáculo de El Despertar de la fuerza, el director Gareth Edwards, que venía con el cuestionable honor de haber filmado el prescindible remake de Godzilla, le ha enseñado al famoso J.J. Abrams cómo se tienen que hacer las cosas.

    Con Star Wars: Rogue One, lo que vendría a ser un Episodio 3.5, la saga vuelve a la senda de la que no habría de haber salido jamás: cine palomitero de fantasía.

    Esta nueva entrega, que se ha bautizado como spin-off de la saga oficial, aúna todos y cada uno de los elementos que convirtieron hace más de 30 años a Star Wars en un icono del cine de aventuras.

    Así que hoy se puede decir bien alto que, por fin, Star Wars ha regresado.

    Argumento

    Una historia de muchas historias

    Star Wars: Rogue One tiene un inicio trepidante en el que se asientan las bases de la situación de la galaxia. Se plantean o, más bien, se esbozan, los personajes que van a ir haciéndose hueco durante el desarrollo de la historia.

    Lo fundamental, lo que ya marca el devenir del resto de la película, es que ya en los primeros diez minutos de metraje uno respira la atmósfera de una epopeya. Planetas lejanos. Mundos olvidados. Leyendas vivas. Personajes con carisma. Todo eso, en diez minutos. Imaginad la sensación, sentado en la butaca, cuando uno está ante los hilos de una historia que siente como inconmensurable.

    Un desarrollo sostenido y coherente

    Y con estos mimbres, el bueno de Edwards se dedica a contarnos una historia en la que entreteje los elementos más puristas de la saga de las galaxias junto con la libertad que le proporciona disponer a su alcance de un universo por descubrir. Las escenas de acción encajan a la perfección con el paso lento de los momentos más ideológicos, más políticos y con aquellos más sentimentales.

    El proceso, además, lo disfruta uno con la impresión de que en ningún momento se pierde la coherencia con los axiomas básicos de la historia. Aquí no hay ningún personaje capaz de dominar la Fuerza cuando cinco minutos antes desconocía su existencia.

    Una trama más adulta

    Otro de los grandes elementos de la película es el tono de su historia. Alejada de infantilismos y mercantilismos, Star Wars: Rogue One nos muestra las sombras de la constante lucha de la resistencia galáctica contra el malvado Imperio Galáctico. No existe, en este relato, una división meridiana entre buenos y malos. Hay lugar para los grises, para las personalidades que se difuminan entre el objetivo honorable y los medios oscuros para lograrlo.

    Con ello, sus personajes adquieren un grado más de profundidad, en especial el joven Cassian Andor (interpretado por Diego Luna), que se aleja del prototipo de héroe perfecto para acercarse más a los defectos de la humanidad.

    Personajes

    Grandes protagonistas secundarios

    Este spin-off está protagonizado por personajes tangenciales a la saga central y, por tanto, estaríamos hablando de que la historia orbita entorno a personajes secundarios de la Guerra de las Galaxias.

    La primera e indiscutible protagonista de Star Wars: Rogue One es la joven Felicity Jones en el papel de Jyn Erso. Hija de un importante científico del Imperio, su rol será fundamental en todo el desarrollo de la película. Es, junto con Andor, el personaje que más evolución sufre a lo largo del relato.

    El segundo, en una especie de dúo Han Solo-Leia, es el mejicano Diego Luna, dando vida al joven rebelde Cassian Andor. Como ya he mencionado antes, es un personaje alejado de arquetipo de héroe en el que la lucha entre el Lado Oscuro y la Fuerza se hace más patente.

    Y para cerrar el trío de personajes fundamentales, el gran villano, el teniente comandante del Imperio, Orson Krennic, interpretado por un muy solvente Ben Mendelson, que nos permitirá apreciar las debilidades que el Imperio comenzaba a tener en su propio seno. Y el miedo latente al poder del Lado Oscuro.

    El carisma en los verdaderos secundarios

    Si a este buen trío de actores le añadimos algunos secundarios realmente buenos, como el gran Forrest Whitaker haciendo de el extraño Saw Gerrera, a Mads Mikkelsen interpretando al padre de Jyn, el científico Galen Erso y, sin ningún género de dudas, el increíble Donnie Yen en el papelón del monje guerrero Chirrut Îmwe (personaje al que directamente le daba un spin-off a él solito), nos queda un elenco de actores y personajes más que decente.

    Mención especial: KS2O

    Sin embargo, si alguien aparece por encima del resto como una sorpresa absoluta, éste es el robot KS2O. Alejados ya de copias baratas de R2D2, sin la necesidad de hacer un producto que se vaya a vender en Amazon, Edwards dibuja a un increíble androide imperial reprogramado para servir a la Rebelión. Es el contrapunto perfecto en la mayoría de situaciones de tensión. Así, añade esa pizca de humor socarrón que tanto se echó de menos en el Episodio VII. Todo un acierto.

    Conclusiones

    Un gran acierto

    En todos los aspectos Star Wars: Rogue One da en el blanco. Nos recuerda que el cine de aventuras con el que crecimos, el que se gestó allá por los 80 y que mantuvo embobados a la gran y pequeña pantalla a millones de niños y adolescentes, todavía tiene un hueco entre tanto refrito insalubre. Todavía podemos disfrutar de una verdadera historia de aventuras con sus héroes y villanos y con sus objetivos nobles.

    Esta película devuelve, al menos en parte, la ilusión que muchos perdimos al ver la desastrosa continuación de la saga hace un año. Puede que todavía quede esperanza para la Guerra de las Galaxias.

    Porque ya sabéis:

    Las rebeliones se construyen con esperanza.

    Nota: 8/10

  • Primeras impresiones: Black Mirror S03

    Primeras impresiones: Black Mirror S03

    Hace poco Netflix anunciaba a bombo y platillo la llegada a su servicio de la esperada temporada 3 de Black Mirror.

    Black Mirror es una serie un poco atípica.

    Producida en el Reino Unido, sus dos primeras temporadas eran de tan sólo 3 episodios cada una, de alrededor de una hora por capítulo.

    Eran historias autoconclusivas que tenían como eje conductor común el centrar su argumento en un futuro relativamente cercano y una realidad acorde con él. Un mundo plausible, a medio plazo, en el que la humanidad progresaba, la tecnología avanzaba y la sociedad se adaptaba a ello. 

    Lo interesante de las dos primeras temporadas era que la práctica mayoría de los episodios inducían al espectador a reflexionar acerca del progreso, de la dirección que la sociedad podría estar tomando y de su participación como individuo en ella.

    La tercera temporada: un inicio interesante.

    Cuando Netflix anunció la disponibilidad de la tercera temporada me lancé a por ella. El primero de los seis episodios que consta esta serie, titulado “Caída libre”, me entusiasmó al principio: un análisis muy certero acerca de la superficialidad a la que nos están abocando las redes sociales y su posible influencia en la vida real y en cómo ésta se articula.

    Cierto es que el capítulo se fue un poco de madre y el final terminó por no redondearlo, pero fue una buena primera toma de contacto. La serie apuntaba maneras.

    Un desarrollo pobre e inestable.

    Sin embargo, mi gozo en un pozo. He visto ya los tres episodios siguientes y, la verdad, es una temporada decepcionante.

    Tanto el segundo como el tercer episodio son del todo lamentables: carecen del espíritu original de la serie. Uno no reflexiona absolutamente nada con ellos. A veces hasta se siente un poco perdido intentando entender si encierran algún tipo de mensaje escondido, pero no. Son simples, planos y sin alma.

    El cuarto parece que remonta un poco, aunque vuelve a perderse en caminos a ninguna parte, terminando, otra vez, la faena a mitad.

    Un futuro incierto

    Me quedan los dos últimos, un pequeño hilo de esperanza. Tal vez con ellos la serie termine la temporada de una forma digna, pero no albergo demasiadas ilusiones. Quizá había demasiadas expectativas puestas sobre ella. Tal vez se nos ha hecho demasiado mainstrem.

    Lo que está claro es que anda lejos, muy lejos, de la calidad y el nivel de algunas de las maravillas de temporadas anteriores.

  • Reseña: El dragón de hielo – George RR Martin

    Reseña: El dragón de hielo – George RR Martin

    Después de haber leído algunas obras alejadas de Canción de Hielo y Fuego, del archiconocido escritor George R.R. Martin, me aventuré a descubrirlo en un género totalmente desconocido: el de los cuentos infantiles.

    El dragón de hielo es una aproximación, porque no lo considero plenamente, a la literatura infantil en la que Martin trata de jugar con sus virtudes literarias rebajando el nivel de complejidad de la obra.

    Adara, una jovencita nacida en un frío invierno, protagoniza esta tierna historia en la que el famoso autor tira de repertorio conocido: dragones, guerras, caballeros, fuego y hielo. Sin embargo, a pesar de su intento por endulzar el relato para acercarlo a un público más joven, no llega a completar con éxito su empresa y algunos pasajes se tornan relativamente complejos para considerarlos puramente un cuento infantil.

    Además, la propia historia adolece de cierta falta de esa inocencia que caracteriza a los relatos para los más pequeños.

    Se trata, por tanto, de una novela corta más que un cuento infantil, tal vez a medio camino sin llegar a ser un relato juvenil pero, sin embargo, sin alcanzar las características que lo conviertan en una historia para contar a los más pequeños.

    Tal vez, salvando las grande distancias, se me antoja que esa situación ambigua en el contínuo de las edades a la que el libro puede resultar accesible, se asemejaría a “El Hobbit” de Tolkien: un libro que no es una novela adulta, no es un cuento infantil, pero que tampoco llega a tener todos los ingredientes para ser un relato juvenil.

    Sea como sea, se trata de una lectura amena, divertida, tierna en algunos momentos y, esto sí que es cierto, con momentos emotivos suficientes como para, tras una breve adaptación, ser una delicia para los más pequeños de la casa.

    Nota: 6/10

  • Crítica: Un monstruo viene a verme (2016)

    Crítica: Un monstruo viene a verme (2016)

    Hoy os traigo un combo de uno de los fenómenos audiovisuales de los últimos meses: crítica y reseña de Un Monstruo viene a verme.

    La novela

    No siempre hay un bueno. Ni siempre hay un malo. Casi todo el mundo está en algún punto intermedio.

    Primero empezaré por la novela, de Patrick Ness, que cayó en mis manos a raíz de la publicidad que estaba teniendo la película.

    Argumento

    Un Monstruo viene a verme es una novela relativamente corta (rondará las 200 páginas) acerca de la vida de Connor O’Malley. Connor es un joven británico de 11 años que vive una compleja situación: su madre está enferma y sobre él ha recaído la pesada carga de sobrellevar el día a día. Su situación en el colegio no es mucho mejor, lo cual contribuye a dotar a su realidad de una neblina de pesimismo y tristeza.

    Inmerso en esa lucha diaria con su madre, Connor sufre noche tras noche una pesadilla que se repite y que trastorna hasta lo más profundo de su alma. Sus miedos condesados en su inconsciente.

    Y de repente, en medio de una de esas tormentosas pesadillas, aparece un monstruo.

    Ness juega brillantemente con el equilibrio entre lo real y lo imaginario, entre realidad y sueño, para dotar al monstruo de una fina capa de realismo. No es un monstruo común, no se trata de una aparición cualquiera, propia de nuestros miedos infantiles, de los cuentos de la abuela. El monstruo representa algo mucho más profundo. Y es, precisamente, el simbolismo que rodea a ese personaje, lo que imprime en la novela una fuerza considerable.

    Es la relación entre Connor y ese monstruo sobre la que Ness cimienta el desarrollo de la narración. Sus largas conversaciones, las historias que el monstruo utiliza como parábolas, ayudan a perfilar la relación maestro-discípulo, el proceso de iniciación. Porque si de algo va esta historia es, fundamentalmente, del paso de la niñez a la edad adulta. De la comprensión acerca de la vida misma cuando las nubes de la infancia se despejan. Cuando se abre el camino hacia la verdad absoluta.

    Junto con esto, la novela profundiza en otro aspecto crucial: la relación niño-adulto. Y lo hace desde la perspectiva del niño, de aquel que empieza a comprender pero no le dejan. De un mundo que previene a los niños que no son tan niños de todo contacto con la realidad con tal de protegerlos. O más bien sobreprotegerlos.

    Personajes

    Conor O’Malley. Protagonista indiscutible. Niño no tan niño pero demasiado niño para ser adulto. Aprenderá demasiado pronto la realidad de la vida misma, de sus dificultades, pero con ello también aprenderá el verdadero significado de amor incondicional. La verdad que esconde en su corazón, la que le atenaza el alma, será la que finalmente le libere y le abra las puertas a la edad adulta.

    El Monstruo. El símbolo. El árbol sobre el que las ramas de la historia crecen. Es el catalizador de Conor, la brújula que le indica el norte en la senda hacia a la adultez. Su existencia no queda del todo bien definida dotándole de esa atmósfera de misticismo: ¿es una ilusión? ¿un delirio? ¿una consecuencia? O realmente existe y todos tenemos ese monstruo dentro de nosotros.

    La madre de Conor. A pesar de ser un personaje secundario, tiene un papel tan fundamental en la historia como el propio Conor. Es el yang, la cara amarga de la historia. Está enferma y sufre por dos: por ella y por su hijo. Es la relación entre ella y Conor la que dice más en menos.

    La abuela y el padre de Conor. Representan, junto con sus compañeros de colegio, el exterior, el entorno de Conor. Algunos opresivos, otros amigables pero distantes y algunos incluso violentos. Es el día a día al que se tiene que enfrentar Conor.

    Sensaciones

    A veces las joyas literarias vienen envueltas en largas novelas de una saga épica que queda escrita para la eternidad. A veces, como es el caso, son pequeñas historias que tienen mucho más detrás de lo que a primera vista parece.

    Un monstruo viene a verme es más que la historia de los problemas de un niño de 11 años y de su madre enferma. Induce a la reflexión acerca de la propia vida. De cuándo y cómo dejamos de sentirnos niños, invencibles, eternos, para comprender la realidad de nuestra existencia. Cuando nos enfrentamos cara a cara a la crueldad de la vida, cuando miramos a los ojos a la injusticia y entendemos que no hay juez que la imparta, que no podemos buscar justificar el dolor porque forma parte inherente de la propia existencia.

    Pero también habla de esperanza, de amor y de futuro. Habla de los dos lados de esa moneda que cada mañana lanzamos al aire esperando lo mejor de ella.

    E historias así, merecen la pena ser leídas.

    Nota: 7/10

    La película

    Adaptación

    Juan Antonio Bayona hace una adaptación de la novela de Ness prácticamente perfecta. No hay peros. Y mira que resulta complicado cuando estamos hablando del paso al celuloide de cualquier obra literaria. La película sigue con milimétrica brillantez la línea argumental de la novela. Especial mención para las escenas que reproducen las historias contadas por el monstruo, de una belleza espectacular.

    Interpretación

    Si algo importaba a la hora de elegir el elenco, sin ningún género de dudas, era quien iba a interpretar al pequeño Conor O’Malley. La elección de Lewis MacDougall me parece acertadísima. Si la película convence es gracias a su irreprochable actuación.

    Junto a él, Felicity Jones en el papel de madre y una fantástica Sigorney Weaver en el de abuela, conforman el reparto principal de la película. Todos con un nivel notable.

    Mención a parte tiene el papel del monstruo. Una majestuosa animación en tres dimensiones cuyos dos elementos fundamentales son sus ojos y su boca. La expresividad del monstruo está fuera de toda duda. Y eso lo hace creíble. Tan creíble que el vínculo que une al monstruo y al pequeño Conor se agiganta en cada escena.

    Banda sonora y fotografía

    Si a todo lo dicho le añadimos una banda sonora que arranca de la piel los pelos para convertirlos en verdaderas escarpias.

    Y si además jugamos con escenas pintadas en acuarela, animaciones preciosistas y un juego de luces y sombras durante toda la película, a uno no le queda otra cosa más que rendirse ante la magnífica obra de Bayona.

    Sensaciones

    La película es un ejemplo maravilloso de como llevar al cine una historia y hacerla todavía más grande. La magia del cine es esta: la de convertir en realidad nuestra imaginación. Si para mi El Orfanato era una obra maestra del cine de terror, Un monstruo viene a verme es una auténtica piedra preciosa del drama. De esas películas que uno sale con el sabor agridulce que dan las historias que no tienen vencedores ni vencidos, en las que no hay buenos y malos.

    Porque, y esto es los verdaderamente importante, en la vida real, no los hay.

    ¿A qué estás esperando para ir a verla?

    Nota: 8/10

  • Reseña: El fin de la eternidad – Isaac Asimov

    Reseña: El fin de la eternidad – Isaac Asimov

    Creía firmemente que la saga de la Fundación era, sin albergar duda alguna, la mejor obra de Asimov. Ahora, tras leer El fin de la eternidad me asaltan dudas. Tal vez La fundación sea la mejor saga, pero como libro, esta pequeña joya de algo más de 260 páginas no tiene competidor.

    Solo haciendo frente a las grandes pruebas puede la Humanidad elevarse a nuevas y mayores alturas. Del peligro y de la aventura han salido siempre las fuerzas que han llevado al Hombre a nuevas y más grandes conquistas.

    La historia

    La humanidad ha alcanzado el conocimiento necesario para realizar saltos en el tiempo y con ello guiar el destino de la raza por la senda del éxito. Miles de mentes pensantes y grandes computadores analizan las infinitas alternativas que un determinado cambio produce en el futuro y, así, modifican nuestro destino a su antojo para lograr que nos mantengamos sanos y salvos.

    Pero algo está a punto de suceder. La falibilidad del ser humano, de nuevo, va a poner en jaque todo este sistema, situándolo al borde de su desaparición. La Eternidad, esa línea temporal paralela, carente de principio ni fin y que nos tutela en nuestra realidad, está en serio peligro.

    Los personajes

    Andrew Harlan es el protagonista de la novela. Es un Ejecutor, un cargo dentro de la jerarquía de la Eternidad de gran relevancia pero con muy mala fama: se encarga de ejecutar los cambios que supondrán modificar la historia de millones de personas en el futuro, e incluso de eliminarlas.

    Laban Twissell es el jefe de Harlan y jefe del Consejo Pantemporal. Considera a Harlan su pupilo con mayor proyección y tutela su carrera dentro de la Eternidad. Representa una figura casi paternal en relación con Harlan y su personaje es va desarrollando al mismo ritmo que la historia.

    Noys Lambent es una temporal, es decir, no vive en la Eternidad. Trabaja, eso sí, para uno de los Programadores (otro cargo distinto y de mayor rango dentro de la jerarquía eterna). Su participación en la historia también es importante.

    Mi opinión

    Como ya he dicho antes, El fin de la eternidad me parece una de las grandes joyas de Asimov. No alcanzo a entender cómo no se encuentra a la misma altura que la saga de los Robots o la saga de la Fundación en cualquier librería. El genio ruso es capaz de hilvanar y entrelazar una historia de saltos en el tiempo, de paradojas temporales excepcionalmente descritas, de amor, de odios, de dramas personales… y coserlo todo a una historia apasionante, donde los giros argumentales son de un imprevisible casi pasmoso y donde el final es tan perfectamente perfecto que uno se pregunta qué tenía Asimov en la cabeza para dar rienda suelta a ideas tan increíbles.

    Es una auténtica delicia para los sentidos que permite al lector dejar volar la imaginación hacia una realidad donde el tiempo se mide en miles de siglos, donde la humanidad perdura hasta el infinito, donde nuestra misma existencia se reduce a la nada más absoluta.

    Una obra que induce a la reflexión, al análisis del elemento humano en todas las relaciones, en todos los avances.

    Recomendadísima.

    Nota: 9/10

  • Mi experiencia Konmari

    Mi experiencia Konmari

    Hace unos días, cosas de pasearse un sábado por la mañana por el centro de Valencia y sus librerías, terminé leyendo el libro de Marie Kondo: La magia del orden.
    En él, la escritora/asesora japonesa nos expone su método, el método Konmari, para organizar nuestro entorno.

    Su sistema se basa, principalmente, en eliminar todo aquello por lo que no sintamos una verdadera relación de necesidad o de conexión. Aunque pueda parecer un poco alternativa la idea, se trata de un concepto que bien explicado tiene mucho sentido.

    Así, Kondo nos propone una interesante idea centrada en el objetivo de reducir al máximo el número de cosas que almacenamos. Junto con otros pequeños trucos de organización, su propuesta fundamental pasa por ordenar todo de una vez, y sólo mantener con nosotros aquellos objetos por los que se nos despierte algo al tenerlos entre las manos.

    Qué he aprendido

    Pese a lo peculiar del planteamiento, durante estos días de organización global me he dado cuenta de la cantidad increíble de objetos que mantenemos con nosotros excusándonos en el por si acaso o en el me sabe mal tirarlo, está nuevo. Aplicando el método konmari, me he deshecho (y no es coña) de más de 8 bolsas de basura llenas de ropa y de otras tantas de objetos innecesarios y papeleo redundante.

    Aprender a eliminar de nuestra vida aquello verdaderamente superfluo, que no aporta nada, y que sólo coge polvo, ha resultado ser una actividad reveladora que me ha permitido aplicarla, no sólo a cosas tan sencillas como la ropa, sino a otros elementos tanto físicos como mentales de carácter más emocional.

    Lo positivo del método

    • Fundamentalmente su sencillez. Hablamos de un método que se aplica sin que se requiera nada especial, salvo tiempo.
    • Su universalidad. Vale tanto para la cocina como para el baño. Para nuestra vida en casa como en el trabajo. Para nuestros papeles de estudio como para el correo electrónico.
    • Su vertiente psicológica. Hay un componente fundamental en el proceso que tiene mucho más que ver con nuestra mente que con nuestro entorno físico. Cuando nos decidimos por tirar algo, en algunas ocasiones, liberamos de nuestra mochila vital el peso de ese objeto y su historia. Es un ejercicio de purificación y «reseteo» de la mente muy positivo.
    • El resultado final. Una vez llegamos al punto en el que tenemos todo nuestro alrededor organizado y limpio, nuestra vida, nuestra rutina, recibe un soplo de aire fresco que nos carga de energía positiva desde buena mañana.

    Lo negativo del método

    • Se trata de un método costoso. Aunque, aparentemente, parece sencillo, limpiar y organizar toda la casa lleva mucho tiempo y mucha energía. Hablamos de un esfuerzo físico importante que nos dejará exhaustos por varios días.
    • También sufriremos agotamiento mental. Se produce, paralelamente al cansancio físico, un desgaste mental producido por varios aspectos: tenerlo todo desorganizado antes de poder empezar, que el proceso se empiece a eternizar, etc.

    Mis recomendaciones

    A pesar de que el resultado final es incuestionable y la sensación de estar viviendo en un entorno organizado, limpio y que sigue un criterio claro de orden, es muy positiva; aplicar el Método Konmari cuesta lo suyo. Así que aquí tenéis algunas recomendaciones:
    1. Paciencia: es fundamental que os carguéis de paciencia desde el primer día.
    2. Todo listo: tened a mano todo lo que vayáis a necesitar, desde los utensilios de limpieza, cajas para organizar, bolsas de basura, etc., hasta el sitio donde ir dejando cada cosa.
    3. Youtube: En internet y, especialmente, en Youtube, tenéis miles de vídeos con información acerca de este método, y otros similares, que os van a ser de gran ayuda a la hora de aplicarlo.

    Resulta fundamental que se entienda que el verdadero motivo de tener un entorno organizado es que reflejará nuestro interior. Cuanto más limpio, simple y ordenado tengamos nuestra casa, tanto así tendremos nuestra cabecita.

  • El síndrome de Diógenes digital: un breve análisis.

    El síndrome de Diógenes digital: un breve análisis.

    Qué es el Síndrome de Diógenes

    El síndrome de Diógenes es un trastorno del comportamiento que afecta, por lo general, a personas de avanzada edad que viven solas. Se caracteriza por el total abandono personal y social, así como por el aislamiento voluntario en el propio hogar y la acumulación en él de grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos. [Fuente: Wikipedia España]

    Quién era Diógenes

    Diógenes de Sínope, también llamado Diógenes el Cínico, fue un filósofo griego perteneciente a la escuela cínica. Nació en Sínope, una colonia jonia del mar Negro, hacia el 412 a. C. Vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, convirtiendo la pobreza extrema en una virtud. Se dice que vivía en una tinaja, en lugar de una casa, y que de día caminaba por las calles con una lámpara encendida diciendo que “buscaba hombres” (honestos). Sus únicas pertenencias eran: un manto, un zurrón, un báculo y un cuenco.

    La escuela cínica consideraba que la civilización y su forma de vida era un mal en sí mismo y Diógenes de Sinope llevó hasta el extremo las ideas del fundador de esta filosofía, Antístenes. Lejos de lo que hoy se entiende por cinismo (tendencia a no creer en la sinceridad o bondad humana y a expresar esta actitud mediante la ironía y el sarcasmo), las ideas de Antístenes buscaban alcanzar la felicidad deshaciéndose de todo lo superfluo. Así, este discípulo directo de Sócrates se retiró a las afueras de Atenas para vivir bajo sus propias leyes, sin obedecer a las convenciones sociales. No obstante, fue su aventajado discípulo, Diógenes, quien hizo célebre su obra a través de la indigencia más absoluta.

    El principio de su filosofía consiste en denunciar por todas partes lo convencional y oponer a ello su naturaleza. El sabio debe tender a liberarse de sus deseos y reducir al mínimo sus necesidades.

    Síntomas del síndrome

    Básicamente los síntomas están relacionados con cuadros depresivos y, en especial, con la sensación de soledad. Así, las personas que lo padecen, sufren de un marcado aislamiento social, llegando a recluirse en el propio hogar y a desatender la limpieza del mismo y toda higiene personal.

    Directamente relacionado con esto último está la tendencia a acumular cualquier tipo de cosas por considerar que, de algún modo, tienen o tendrán alguna utilidad. De ahí que se le conozca como Síndrome de Diógenes por entrar en directa contraposición con las ideas del filósofo griego.

    Su analogía digital

    Quedaos con esta última idea: acumular cualquier tipo de cosas y haced una reflexión. ¿Cuántos archivos tenéis ahora mismo en vuestro ordenador personal cuya utilidad es dudosa y que, acumuláis por las más variopintas de las razones?

    Lo que yo considero el Síndrome de Diógenes digital es una extensión del trastorno original que nos lleva a acumular cantidades increíbles de archivos de todo tipo justificando su almacenamiento por motivos de utilidad, valor emocional o por su posible futuro uso.

    Este síndrome se manifiesta en forma de carpetas abarrotadas de archivos (de difícil organización), descargas masivas de distintos tipos de ficheros, miles de fotos sin clasificar sin un sistema claro de ordenación, etc.

    Consecuencias

    Para mi, hay dos grandes problemas directamente relacionados con padecer este síndrome:

    El primero es de carácter organizativo. Resulta tremendamente complicado gestionar tales cantidades de información con lo que se termina por emplear distintos sistemas de organización (o tal vez ninguno). Esto lleva a ralentizar más que agilizar todos los procesos: tanto a nivel de hardware del sistema, puesto que a nuestro PC le cuesta más trabajar cuanto más abarrotado esté todo, como a nivel de usuario: ¿cuántas veces hemos perdido la noción del tiempo buscando, con la seguridad de que sabemos que está por algún lado, ese o aquel archivo?

    El segundo está directamente relacionado con la psicología del usuario. Tamaña cantidad de datos repercute negativamente en la forma que el usuario se relaciona con el ordenador. Por un lado, porque no estamos preparados cognitivamente para gestionar tantas categorías, tantas etiquetas, tantos sistemas de archivos, por lo que, cuando entramos en un sistema que padece Diógenes, la sensación mental que se nos produce es de rechazo. Por otro lado, se genera también cierta ansiedad cuando disponemos de mucha cantidad de contenido sin visualizar (películas, series, libros, música) y no tenemos el tiempo suficiente para hacerlo.

    Consejos para superarlo

    Be simple

    Al final un ordenador no es más que una habitación más, una casa más, un carpesano más. Es decir: es un contenedor de información, de objetos, con el que interactuamos. Cuanto más simple sea, cuanto mejor estructurado esté, más fácil será para nosotros trabajar con él.

    Aquí tenéis algunos consejos en función de cada tipo de archivo.

    Películas y música

    Estos suelen ser los más pesados (en cuanto a tamaño) y los que más ansiedad generan.
    Descargamos (legal o ilegalmente) decenas de películas, de series completas que, por falta de tiempo, se quedan esperando a ser vistas.

    El problema es cuando acumulamos tantas que se hace impracticable su organización y, lo que es peor, su visualizado.

    Decide: coge la carpeta o carpetas donde tengas las películas y las series y elimina aquello que no te genere ganas reales de ver en ese mismo instante. Frases como «bueno, no tiene mala pinta, aunque ver ahora esta adaptación koreana de la obra de Shakespeare, no me termina mucho» son indicadores claros de objetos a eliminar. Quédate sólo con aquellas películas y series que vas a ver en el corto plazo. Las demás, ya las conseguirás más adelante.

    Un caso similar sucede con la música: aquello que no has escuchado, que no has grabado en CD o has pasado al reproductor de MP3, y que sigue sin apetecerte escuchar, difícilmente lo vas a escuchar en un futuro. ¡A la papelera!

    Aplicaciones

    Con las aplicaciones es más sencillo actuar. Las almacenamos muchas veces por desidia, porque instalamos el programa y nos olvidamos del instalable.

    ¿Qué sentido tiene que todavía guardes el instalador de la versión 6 de Photoshop que te bajaste hace 2 años?
    ¿O esa versión beta del Winamp del 98?

    Todo lo que no tenga una utilidad directa y real (o que no puedas conseguir fácilmente), a la basura.

    En realidad, yo te diría que lo borrases todo salvo los 3 o 4 programas imprescindibles para cualquier instalación básica: Paquete ofimático, reproductor de Vídeo/música y poca cosa más.

    Documentos

    Aquí haz dos distinciones.

    • Los documentos personales: Que al final son los que realmente necesitas almacenar: estructura un buen sistema de carpetas organizándolos en categorías simples y de fácil acceso.
    • Los documentos no personales: guías, licencias, PDFs, etc. A la basura.

    Fotografías

    Aquí llegamos a la madre del cordero. Esto es, sin ningún género de dudas, lo más complicado de gestionar. Desde la invención de la fotografía digital, carpetas y carpetas con fotos y fotos, abarrotan nuestros ordenadores. Con la ya manida frase «tu echa fotos, total, son gratis», nos encontramos con carpetas del cumpleaños de tu prima de hace 3 años, con más de 200 fotos sin clasificar.

    A eso súmale los vídeos.

    Se que lo que te voy a decir no te va a gustar, pero debes empezar a limpiar. Esto es como guardar 300 o 400 álbumes de fotos. Los guardas por su «valor sentimental» pero sabes (o más bien sabemos, tú y yo) que pocos o ninguno van a salir del estante donde están cogiendo polvo.

    Dedícate a borrar todo aquello que no te genere una sensación positiva y, para la próxima, si vuelves de la comunión de tu sobrina con 600 fotos, haz el esfuerzo de seleccionar ese día o al día siguiente, sólo aquellas que verdaderamente merezcan la pena.

    Ve a lo sencillo, practica el minimalismo

    Prueba a jugar al juego de mantener a raya la «suciedad» digital. Si te bajas una foto para enviarla por correo, bórrala de tu disco duro. Cada elemento que se cruza en nuestra vida tiene un objetivo en ella, una vez cumplido, déjalo ir.

    Si mantienes esa idea en la cabeza, con un poco de suerte, dentro de un tiempo, no tendrás una carpeta con 400 películas que no vas a ver jamás.

  • Crítica: Al final del túnel (2016)

    Crítica: Al final del túnel (2016)

    Al cine argentino le pasa un poco como a Messi: o lo adoras hasta casi endiosarlo o lo defenestras hasta cubrirlo de lodo.

    Y en cierto modo esta dicotomía no anda lejos de ser justa. El cine argentino es… especial.

    Al final del túnel (Rodrigo Grande) es de aquello que llaman «coproducción» hispanoargentina y que viene a significar que hay actores de ambos lados del charco y que la plata también se reparte. Lo que suma, y mucho, es el talento de ambos países.

    Si uno salva el efecto relativamente desagradable que provoca ver a Clara Lago impostando el acento porteño, esta película es de las de guardar en el cajoncito de «buenas pelis» para cuando uno tenga algún rato libre.

    Para empezar tenemos a Leonardo Sbaraglia. ¡Qué porte tiene este señor siempre! Hasta cuando hace de tullido se come la pantalla por los cuatro costados.

    Así, un Sbaraglia lisiado es quien nos introduce en una historia oscura, de engaños (a los personajes y al espectador), algunos evidentes y otros menos, con el telón de fondo de un atraco a un banco.

    A la Lago la vemos crecer conforme se desarrolla la historia, ya digo, superando el estupor que produce tener la sensación de que la están doblando. Y para cerrar el trío mágico de actores, un genial Pablo Echarri que hace de malo, pero de malo malísimo. De esos que te provocan un miedo atroz casi desde su primera línea de diálogo.

    Con estos mimbres, sólo nos faltaba una cosa, que la historia mereciera la pena, y teníamos una película redonda. Y, contra todo pronóstico, así fue. Una cinta que te mantiene taladrado a la butaca sus dos horazas de duración y que por momentos convierte a la atmósfera de la sala de cine en casi irrespirable.

    Ya digo, cine argentino. Una lotería.

    En esta, toca el premio.

    Nota: 8/10

  • Reseña: Martes con mi viejo profesor – Mitch Albom

    Reseña: Martes con mi viejo profesor – Mitch Albom

    «Una vez que sepas cómo morir, sabras cómo vivir.» Morrie Schwartz

    De vez en cuando, a veces por casualidad y otras veces porque alguien lo pone en tus manos, terminas perdiéndote entre las líneas de un libro que tiene un sabor especial.

    Martes con viejo profesor es uno de esos libros.

    La Historia

    Esta novela autobiográfica está escrita por Mitch Albom y relata los encuentros de éste con su antiguo profesor de universidad Morrie Schwartz.

    Tras graduarse, Mitch le promete a su profesor mantener el contacto, pero su dedicación al trabajo pronto hace que se olvide de su promesa.

    Dieciséis años después, Mitch ve a su antiguo profesor salir por la televisión en un programa de máxima audiencia: tiene ELA, una enfermedad sin cura.

    A partir de ahí decide retomar el contacto con él y tratar de recuperar el tiempo perdido.
    La novela cuenta cada uno de los encuentros (siempre los martes) entre el alumno y el profesor y sus charlas acerca de los grandes aspectos de la vida humana.

    Los Personajes

    Mitch Albom: Conductor de la historia. Es el ciudadano de a pie, con el que el lector probablemente se sienta más identificado. Se trata del catalizador, del elemento que nos permite a nosotros convertirnos también en alumnos del profesor Schwartz y aprender mientras la historia se desarrolla.

    Morrie Schwartz: Protagonista fundamental de la novela. Es el maestro, el mentor. El alma bondadosa y sabia que se tiene que enfrentar con la terrible noticia de una muerte anunciada. El tiempo que le resta lo decide pasar transmitiendo aquello que la vida y la experiencia le han enseñado.

    Mi opinión

    Nadie puede negar que Martes con mi viejo profesor se trata de un libro de autoayuda (o cuanto poco de ensayo filosófico) al estilo de, por ejemplo, El Alquimista de Coelho. Así, en ambos, es una historia narrada la que hace de hilo conductor y de la que se sirve el escritor para transmitirnos sus ideas acerca de temas trascendentales.

    Sin embargo esta novela está francamente mejor que el libro del brasileño.

    Tanto en El Alquimista como en otros muchos libros de los considerados de autoayuda, uno se encuentra pronto con los hilos de la marioneta artificial que pretenden vendernos. Y al descubrir la explicación al truco, el prestidigitador queda en evidencia. En el libro de Mitch Albom, la voz de una persona real, con sus problemas reales, que se enfrenta a un final por el que todos hemos de terminar pasando, resuena con el potente eco que proporciona nuestra relación con la muerte.

    En esta novela no hay tanto artificio, tanta solución mágica y maravillosa, tanto camino hacia ninguna parte que nos lleve, de forma milagrosa, a descubrir nuestro potencial. Aquí, Morrie Schwartz se dedica exclusivamente a enseñarnos, a base de arrancar capas de superficialidad a nuestra existencia, que el ser humano viene a la vida para vivir. Y por sencillo y simplista que parezca, muchas veces nos olvidamos.

    Cegados en esa carrera por obtener cada vez más cosas, ser cada vez más grandes y llegar cada vez más alto, olvidamos nuestra verdadera razón de ser. Lo que nos hace únicos y, a la postre, nos termina convirtiendo en eternos: nuestra capacidad de amar.

    Es el amor el motor del ser humano, la verdadera quintaesencia de su existencia, su mayor don. Sólo una vida en la que hayamos amado, en la que nos hayamos sentido amados y en la que terminemos amando las cosas que hacemos, es una vida plena.

    Conclusiones

    Martes con mi viejo profesor es una novela corta y de lectura fácil a la que merece la pena dedicar un par de ratitos cualquier tarde de verano si, con ello, nos hace reflexionar acerca de los temas que de verdad importan.

    Nota: 7/10

  • Reseña: Danza de Dragones (George R.R. Martin).

    Reseña: Danza de Dragones (George R.R. Martin).

    Después de unas cuantas semanas de lectura hoy he dado por concluido, al menos temporalmente, mi viaje a Poniente y mi paseo por el Muro. Con Danza de dragones termina, por ahora, la saga escrita de George R.R. Martin conocida como Canción de Hielo y Fuego.

    Ha sido un viaje complicado, plagado de subidas y de bajadas que hace de esta pentalogía una de las sagas más largas que recuerde haber leído.

    La historia

    Danza de dragones prosigue la historia más o menos donde Tormenta de Espadas (el tercer libro) lo dejó. Muchos sabéis que Festín de Cuervos, el cuarto libro, es casi coetáneo a Danza de Dragones sólo que está protagonizado por personajes distintos.

    [su_box title=»Aviso importante» style=»bubbles» box_color=»#cb5509″]A partir de aquí, la reseña contiene spoilers, desvelando parte de la trama de la saga, en especial de los libros anteriores. Lee bajo tu propia responsabilidad. [/su_box]
    Todo Poniente está patas arriba, Jon, nuevo Lord Comandante de la Guardia de la Noche, se enfrenta al más terrible de los peligros con la llegada de los Caminantes Blancos.

    En el Trono de Hierro se sienta el joven rey, Tommen Lannister, marioneta de su madre Cersei. Sin embargo, la llegada de un nuevo Septón Supremo cambiará por completo el equilibrio de fuerzas en Desembarco del Rey.

    Más allá del Mar Angosto, en la bahía de los esclavos, Daenerys Targaryen, la Madre de Dragones y heredera (o aspirante, porque a este paso ya todos lo son) al trono de los Siete Reinos, se debate entre su responsabilidad como libertadora de los esclavos y su legítimo derecho al trono.

    Y entre tanto, nuevos personajes, nuevos peligros, nuevos giros inesperados de la historia hacen que todo se entremezcle para formar una gran enredadera de historias que sumergen al lector en un mundo complejo pero totalmente definido.

    Los personajes

    Si bien no voy a listarlos todos, si que haré un breve repaso de los que yo considero claves.

    Jon Nieve: Para mi uno de los grandes personajes de la saga. Bastardo de la casa Stark, en este libro madura dado su nuevo puesto de responsabilidad convirtiéndose en un verdadero gobernador. Sin embargo siguen atormentándole los mismos miedos, sigue sintiéndose culpable por la caída de Invernalia, por la desaparición de su casa. Añora a todos aquellos que fueron en su día su familia.

    Daenerys Targaryen: La gran protagonista de la saga. Sin duda. De corazón bondadoso pero descendiente de la más grande y poderosa de todas las casas de Poniente. La verdadera y legítima heredera al Trono de Hierro. Su destino le hace tener que cambiar sus planes y liberar las Grandes Ciudades de esclavos. Conocerá el amor, la pasión y la traición, y crecerá para seguir acercándose a ser la gran reina que todos deseamos que sea.

    Tyrion Lannister: Tras asesinar a su padre a sangre fría, comienza un periplo que lo irá acercando cada vez más a Daenerys. Si Jon sufre un lento pero notable proceso de maduración, la evolución de Tyrion es prácticamente nula durante todo el libro. Teniendo en cuenta que es mi personaje favorito, es algo que echo mucho en falta.

    Cersei Lannister: Su historia comienza a dar un giro extraño cuando pasa de ser una conspiradora a estar bajo el yugo de la Fe y tener que arrastrarse para poder sobrevivir. Futuro incierto el que le espera a esta hija de la Roca, reina regente y madre del actual rey. Demasiadas intrigas a sus espaldas.

    Ramsay Bolton: Se erige como el malvado por excelencia. Como la detestable sabandija sádica que todos queremos ver morir. Un personaje que pasa de secundario a convertirse en fundamental y sobre el que se sustenta buena parte de la narrativa del quinto libro.

    Arya Stark: La que más promete de todos. Siento verdadera pasión por su historia con el Dios de mil rostros, y ardo en deseos por saber cómo terminará su historia. Lo que comenzó en Festín de Cuervos encuentra en Danza de Dragones su digna continuación. ¿Quién eres?. Nadie. Mientes.

    Análisis

    Es cierto que Martin ha concebido un mundo increíblemente grande con su saga. Y con este mundo tan enorme, uno corre el riesgo de perderse.

    Lo que en Tormenta de Espadas supuso un golpe para el lector, por aquello de enlazar tantas muertes de personajes importantes de forma sucesiva y poner todo ese mundo del revés, ha sido un gran lastre con el que ha tenido que lidiar el escritor en los siguientes dos libros. Demasiados hilos sueltos, demasiadas historias a medio tejer, que hacen que el lector pierda a veces el sutil equilibrio entre el interés y la desidia. Cuando asesinas a personajes carismáticos y lo conviertes en una costumbre, terminas rodeándote de personajes secundarios de los que, ya desde el primer momento, el lector prevenido se distancia.

    Durante todo Danza de Dragones uno tiene la sensación de que todos sus personajes se dirigen constantemente a algún lado pero nunca llegan. Ni siquiera esos cortes llenos de suspense al finalizar un capítulo tienen el nivel al que se llegó en los libros anteriores. Es ese tipo de lectura en el que uno no descansa como deseando que suceda algo que nunca llega a suceder.

    Otro de los grandes peros de esta entrega está relacionado con el nivel de verosimilitud. Todos sabemos que se trata de un libro de fantasía, ambientado en un mundo en un contexto histórico similar al medievo, pero con magia, dragones y seres extraños. El problema aquí nace cuando a un único personaje, le suceden tantas cosas en tan poco tiempo (de las que curiosamente sale airoso), que uno empieza a cuestionarse cosas.

    Por lo demás, Martin se prodiga en las descripciones y se le ve muy cómodo hilvanando historias de casas antiguas y creando nuevas aventuras de los herederos de las mismas. Ha convertido su saga en un gigantesco tablero de juego en el que cada mínimo detalle está cuidado hasta casi la extenuación.

    Conclusiones

    No es el mejor libro de los cinco, tal vez no es ni el segundo mejor, pero Danza de Dragones es una digna continuación de la saga. Mantiene abiertas prácticamente todas las posibilidades y, siguiendo su dinámica, deja dos o tres sorpresas inesperadas.

    No obstante, Martin debería plantearse empezar a bajar ya la inmensa montaña que está escalando, porque se puede empezar a tener la sensación de que no se ve la cima. Como le puede suceder a Rothfuss con su saga, a Canción de Hielo y Fuego hay que ir preparándola ya para su final, para cerrar todas esas historias de una forma satisfactoria, para que este mural del que ahora sólo tenemos retales, se convierta en una verdadera obra maestra.

    Nota: 7/10