Todo sucede rápido, tan sumamente rápido que el cerebro tiene poca capacidad de reacción.
Y aún así reacciona. Trata de usar todos sus conocimientos y su inconsciente mecanismo de supervivencia para protegerte, para sacarte de esa situación.
Ocurre en décimas de segundo. Pero existe una de esas décimas en las que el cerebro saca una terrible conclusión: no va a ser capaz de hacer más.
Y así deja de analizar posibilidades y se prepara para reducir al máximo el daño.
Los seres humanos somos así en todos los aspectos de la vida. Cuando vemos que la situación nos supera, cuando entendemos que no está en nuestra mano el poder hacer nada más, surge en nosotros el mecanismo innato que trata de reducir al máximo el impacto de aquello que nos pueda herir.
Felizmente, en este caso, todo quedó en un bendito susto.
Creo que de vez en cuando es bueno y saludable parar un momento, desenchufar el cable de alimentación e hincharte los pulmones de aire puro.
Así que durante las próximas 48 horas es exactamente eso a lo que me voy a dedicar: respirar el limpio aire de las alejadas montañas de una sierra perdida, pasar las horas entre risas, lectura, pachangas de fútbol, fiestas patronales y vete-tu-a-saber-qué.
Sumergirme en un lugar apartado en plena naturaleza, más propio de La Comarca de Tolkien que de cualquier otra cosa y terminar de cargar las pilas para lo que está por venir, que no es poco.
Aunque todavía estamos un poco lejos de septiembre, lo cierto es que estos días me siento un poco como en los inicios de ese mes.
Si echamos la vista un poco atrás, septiembre siempre ha sido el mes de «la vuelta a…»; la vuelta al cole, la vuelta al instituto, la vuelta a la universidad. Libros nuevos, el olor de las libretas a punto de estrenar, nuevas asignaturas, nuevos profesores y, en general, nuevos proyectos.
Bueno, y no tan nuevos.
Porque parece que hay todavía ilusión y ganas de seguir alimentando la idea que surgió hace ya más de un año. Creo que nadie nos puede echar en cara que no somos emprendedores.
Hemos aprendido de nuestros errores, hemos liberado parte del lastre que quizá frenaba el progreso de nuestra aventura, y ahora, con más gasolina, con más fuerza, con más ideas, nos ponemos en marcha otra vez.
Seguiremos equivocándonos, estoy seguro, seguiremos dando pasos en direcciones erróneas, pero cada paso no será en balde, porque estoy completamente convencido que cada «pequeño» fracaso es una lección de experiencia que nos hace más sabios, más competitivos, más capaces.
Y la aventura es sin lugar a dudas el excitante viaje.
Últimamente estoy analizando concienzudamente algunos de los aspectos de vivir de forma independiente.
Uno de ellos es la sensación de que pese a que recojas las cosas, la tendencia innata de todo lo que te rodea es el desorden.
Ello me ha llevado a terminar dando con la definición de una magnitud física: la entropía. Si tenéis tiempo, ganas, y unos mínimos conocimientos en física os recomiendo enérgicamente que le echéis un vistazo al interesante artículo sobre ella que tiene la Wikipedia. [ Entropía ]
A grosso modo y para que nos entendamos, la entropía aplicada a nuestro caso es un concepto relacionado con el desorden de un sistema, su homogeneidad, y viene a decirnos que cualquier estado natural tiene la tendencia innata al desorden y no al revés.
¿Por qué?
Básicamente porque pasar de un estado «desordenado» a un estado «ordenado» consume más energía. Y tiene sentido, podemos dejarnos llevar en el día a día y los cestos, mesitas, cómodas y camas comenzaran a tender a un estado caótico sin lógica salvo que hagamos un esfuerzo, aportemos esa energía necesaria para alcanzar el estado «ordenado».
Y he aquí que me pregunto yo…
Si la naturaleza tiende, en esencia, al desorden, ¿quiénes somos nosotros para ir contra natura?
En realidad este post debería titularse: «cómo hacer la mejor trilogía cinematográfica de una adaptación de un cómic».
Sin lugar a dudas Christopher Nolan ha hecho mucho por el mundo del cómic y del cine. Mucho no, muchísimo.
Todas las adaptaciones que he podido ver, salvo contadísimas excepciones, han supuesto una notable decepción. Es muy complicado que un tío con mallas y los calzoncillos por encima de los pantalones, o lo que es peor, con una máscara, resulte mínimamente creíble.
Nolan sin embargo ha conseguido con esta trilogía demostrarle al mundo que una historia creíble, profunda y con actuaciones que rozan lo soberbio, basándose en un superhéroe de cómic, es posible.
No tiene desperdicio. Ni lo tuvo la primera película, ni la genial secuela ni este fabuloso desenlace. Christian Bale hace lo que sabe hacer casi a la perfección: bordar los papeles que le dan.
En esta tercera entrega de las andanzas del caballero oscuro por la ciudad de Gotham ahondaremos todavía más en la mente del multimillonario Bruce Wayne: sus miedos, sus debilidades, sus deseos…
Y todo esto en una película de dos horas y media que se pasa en un suspiro.
En realidad no os puedo contar mucho más: tenéis la obligación de ver las tres películas y saborear lo que significa la palabra «adaptar».
Desde mis tiempos universitarios he sentido cierto interés sobre LaTeX.
LaTeX es un sistema de composición de textos, orientado especialmente a la creación de libros, documentos científicos y técnicos que contengan fórmulas matemáticas. [ es.wikipedia.org ]
La diferencia fundamental con un procesador de textos convencional, como por ejemplo Microsoft Word™ es que si bien éste es un editor WYSIWYG, aquello que ves es aquello que obtienes, LaTeX se fundamenta en un archivo de código de marcas. Algo parecido a HTML.
Ventajas
Es independiente del sistema operativo. Lo cual nos permite llevar nuestros archivos LaTex (.tex) a cualquier entorno y crear los archivos que queramos con independencia de la arquitectura que empleemos.
Es un estándar de facto en el mundo científico. La mayoría de papers, documentos teóricos, prácticas, hasta incluso exámenes, están hechos con este sistema.
Desventajas
Es un lenguaje de marcas lo que inexorablemente implica enfrentarse con una hoja en blanco en la que lo que escribimos y lo que pretendemos obtener no tienen una relación directa. En resumidas cuentas, la curva de aprendizaje es diferente que la de editores convencionales.
Comenzando con LaTeX
Para empezar con LaTex necesitaremos dos sencillos programas gratuitos
Mágica y motivacional canción de Gym Class Heroes ft. Ryan Tedder.
La letra no tiene desperdicio:
Just waking up in the morning
And to be well,
Quite honest with ya,
I ain’t really sleep well
Ya ever feel like your train of thought’s been derailed?
That’s when you press on – Lee nails
Half the population’s just waitin to see me fail
Yeah right, you’re better off trying to freeze hell
Some of us do it for the females
And others do it for the retail
But I do it for the kids, life threw the towel in on
Everytime you fall it’s only making your chin strong
And I’ll be in your corner like mick, baby, til the end
Or when you hear a song from that big lady
Until the referee rings the bell
Until both your eyes start to swell
Until the crowd goes home
What we gonna do ya’ll?
Give em hell, turn their heads
Gonna live life til we’re dead.
Give me scars, give me pain
Then they’ll say of me, say of me, say of me
There goes the fighter, there goes the fighter
Here comes the fighter
That’s what they’ll say of me, say of me, say of me,
This one’s a fighter
And if I can last thirty rounds
There’s no reason you should ever have your head down
Six foot five, two hundred and twenty pounds
Hailing from rock bottom, loserville, nothing town
Text book version of a kid going nowhere fast
And now I’m yelling «kiss my ass»
It’s gonna take a couple right hooks, a few left jabs
For you to recognize you really ain’t got it bad
Until the referee rings the bell
Until both your eyes start to swell
Until the crowd goes home
What we gonna do ya’ll?
Give em hell, turn their heads
Gonna live life til we’re dead.
Give me scars, give me pain
Then they’ll say of me, say of me, say of me
There goes the fighter, there goes the fighter
Here comes the fighter
That’s what they’ll say of me, say of me, say of me,
This one’s a fighter
Everybody put yo hands up
What we gonna do ya’ll?
If you fall pick yourself up off the floor (get up)
And when your bones can’t take no more (c’mon)
Just remember what you’re here for
Cuz I know Imma damn sure
Give em hell, turn their heads
Gonna live life til we’re dead.
Give me scars, give me pain
Then they’ll say of me, say of me, say of me
There goes the fighter, there goes the fighter
Here comes the fighter
That’s what they’ll say of me, say of me, say of me,
This one’s a fighter
‘Til the referee rings the bell
‘Til both ya eyes start to swell
‘Til the crowd goes home,
What we gonna do kid?
Hoy he podido visualizar el programa de Salvados que se dedicó íntegramente al asunto del posible rescate a la economía española.
Un programa muy completo, con mucha información interesante pero que ha despertado en mí algo distinto en un momento determinado.
Jordi Évole le pregunta a un tendero de un mercado griego por la percepción de que, pese a que la situación griega se encuentra en un estado terriblemente crítico, parece que no es tan desesperada por lo que se ve en el día a día.
El tendero le responde: «El ADN del sur, somos pueblos mediterráneos con dignidad. La gente no baja la cabeza.»
Estoy harto, harto de escuchar que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, harto de escuchar que los países o las regiones del sur somos unos vagos, la cuna de la improductividad, una fábrica de Paro y gasto público.
Y este argumento no sólo es usado por algunos altivos alemanes que se creen dueños y señores de toda verdad económica, sino también por aquellos nacionalistas que enarbolan su ilusión paranoide de que sin España serían el motor económico del mundo.
Me encantaría de una vez por todas demostrarle a esa gente que somos la cuna de la democracia, en el Mediterráneo nació el mayor imperio europeo, en el Mediterráneo se forjó la cultura occidental y se sentaron las bases de los avances que han venido y están por venir.
En estos países del sur, donde la vida es infinitamente mejor, donde nos deberíamos sentir orgullosos de nuestra historia, es donde todos y cada uno debemos unirnos ahora más que nunca y demostrar al mundo lo que somos. Coger a esos cuatro (o 100) desgraciados que se han creído más listos que el resto y se han dedicado a llenarse los bolsillos a nuestra costa y explicarles por qué no van a poder seguir haciéndolo cuando estén en la cárcel.
Basta ya, olvidémonos de ese Madrid – Barça de la política, se acabó pensar que ese enorme monstruo endogámico de dos caras que se apoltrona en lo que a nuestros abuelos les costo sudor y sangre construir va a mover un dedo por nosotros. Es el cáncer de nuestra sociedad, y como tal debe ser erradicado. Se acabó el tiempo del lame culos, del enchufado, del listo que defrauda, del que sólo busca aparentar, del ignorante, del analfabeto que se cree alguien, del mentiroso, del vago, del maleante. Una nueva era es posible si seguimos confiando en nuestro ADN, en nuestra dignidad como personas.
Yo, después de todo, no he perdido la esperanza. ¿Tú ya te has rendido?
Vicio a raudales con la sencillez de un retro al estilo Super Mario Bros.
Super Meat Boy es eso, un juego simple, sin pretensión alguna, pero con una velocidad vertiginosa que te introduce en un bucle sin fin del que, sinceramente, es muy complicado salir.
Se trata de un juego de plataformas indie (de independiente) desarrollado por Team Meat que nos presenta como actor principal a Meat Boy (Chico Carne) enamorado de su «princesa» Bandage Girl (Chica vendaje) que es secuestrada por el Dr. Fetus. ¿Os suena?
Parodiando al juego de plataformas por antonomasia, Super Meat Boy consigue ese puntito «rebelde» que lo hace deseable.
Mecánica sencilla, gráfica 2D muy cuidada, misiones cada vez más complicadas y argumento simple hacen de Super Meat Boy todo un Productivity Killer.
Vaya por delante que siempre me he considerado un desordenado y estoy muy lejos de ser ningún genio, pero durante estos años he intentado integrar en mi vida cotidiana, con mayor o menor éxito, algunas técnicas para ser ligeramente más ordenado.
Sin embargo, de la cultura occidental, y de la historia en general, nos llegan siempre las visiones de esos genios que cambiaron el mundo, incomprendidos y con una propensión al desorden casi rayana a la enfermedad.
Me surge entonces la duda de si el orden y la genialidad son conceptos incompatibles. Si una persona capaz de resolver un problema, de encontrar una solución a una necesidad, de responder ante cualquier situación de la vida mejor que el resto, es, en esencia, un completo caos.
Entiendo que muchos dirán que conocen casos de personas muy ordenadas y terriblemente profesionales: con una alta capacidad de trabajo, inteligentes, y muy preparados. Bien, pero ¿a cuántos de esos los consideráis verdaderos genios?
Quizá sea una decisión que no está a nuestro alcance: la mente de un genio concibe tal vez el orden de una forma diferente y de esta manera funcione bien.
O quizá no, quizá la genialidad tiene la opción de alcanzarse a través del disciplinado y esforzado camino de la organización y la estructura.
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