La psicología moderna y el uso de la IA (I)

La psicología moderna y el uso de la IA (I)

Es evidente que la Inteligencia Artificial ha supuesto un cambio de paradigma en múltiples ámbitos, y es de esperar que encuentre una resistencia intensa por parte de aquellos profesionales que ven peligrar su modo de vida. Lo estamos viendo en los trabajos afectados por la llegada de los agentes de código; en otro momento hablaré de esa lucha de extremos entre apocalípticos y negacionistas.

Hoy quiero centrarme en un sector que lleva tiempo mirando hacia otro lado o, lo que es peor, ha optado directamente por el negacionismo: la psicología.

Si hay un campo que va a verse impactado de forma inminente, y en una magnitud muy superior a lo que se podría haber predicho hace apenas unos meses, es este.

Mi objetivo con esta publicación es doble: por un lado, desarrollar los elementos críticos que me llevan a pensarlo; por otro, demostrarlo con ejemplos.

¿Por qué creo que la psicología va a ser uno de los sectores más afectados?

La psicología clínica, a diferencia de otras disciplinas sanitarias, arrastra un problema estructural de fondo.

Si la mayoría de las prácticas clínicas tienen una raíz científica muy marcada, la psicología, al ser una ciencia relativamente moderna, no ha alcanzado todavía ese punto de madurez. Esto ha permitido que en un mismo ecosistema convivan prácticas de probada eficacia con otras que tienen un recorrido, cuanto menos, discutible.

Nuestro conocimiento de los comportamientos humanos, de las emociones y de los procesos cerebrales, a pesar de haber avanzado enormemente en los últimos cincuenta años, sigue estando a años luz de otras áreas médicas. Quedan demasiadas zonas en blanco.

Esa inmadurez ha abierto la puerta a corrientes pseudocientíficas que hoy forman parte normalizada de la práctica clínica: herramientas que, sencillamente, no tienen validez alguna. Funcionan, cuando funcionan, por pura casualidad.

Y es precisamente aquí donde entra en escena una tecnología capaz de interactuar directamente con las personas, con acceso a un cuerpo de conocimiento científico vastísimo y con una capacidad de análisis muy por encima de la media humana.

Pero, Sergio, una IA jamás podrá sustituir a la interacción humana

Esta es la primera de las falacias que los detractores suelen emplear.

Y podría ser parcialmente cierta.

Somos seres sociales. No existe hoy ninguna tecnología capaz de reemplazar el vínculo que se genera entre personas. La interacción social es la fuente de nuestra construcción como especie. Hemos llegado hasta aquí colaborando e interactuando.

Pero el argumento se diluye cuando quienes lo esgrimen llevan años ofreciendo sesiones online a sus pacientes.

¿Dónde queda, ahí, el contacto humano? ¿La interacción social? ¿Qué capacidad tiene el profesional de detectar, mediante su intuición, algún tipo de reacción fisiológica o emocional a través de una pantalla y un vídeo de mala calidad?

Convengamos, entonces, en algo incómodo: los modelos de IA actuales pueden sustituir perfectamente las sesiones online. Y hacerlo, además, a cualquier hora del día.

La IA es muy peligrosa y trae más problemas que soluciones

La IA es una herramienta. Su utilidad, su beneficio y el daño que es capaz de causar siempre van a recaer en las manos de quien la utiliza.

En eso no se diferencia de un cuchillo, de una pala o de un termómetro.

La diferencia es que esta herramienta en particular puede sustituir, con ciertas garantías, a muchos profesionales que se han dedicado a vivir del cuento.

Y de ahí esa resistencia tan encendida.

Es el telar mecánico de 1785 o la imprenta de 1440. Quienes ven su modo de vida peligrar son siempre quienes más fuerte se rebelan y más se empeñan en difundir los supuestos riesgos de la tecnología.

Pero la realidad es que los modelos de lenguaje actuales son capaces de trabajar en condiciones que reducen la ansiedad del usuario, pueden construir un perfil sólido de su situación y además diseñar planes de trabajo con técnicas adecuadas para que la persona mejore su calidad de vida.

La IA tiene un sesgo confirmatorio, alucina y tiende a equivocarse

Como cualquier otra herramienta, la IA no es perfecta. Tampoco lo son los profesionales de la psicología.

Lo que sí es incuestionable es su progresión: los modelos de hoy son varios órdenes de magnitud mejores que sus predecesores de hace apenas unos meses.

¿Dónde está el límite? Nadie puede predecirlo.

Sí sabemos, en cambio, que podemos acotar sus debilidades, limitar el impacto de sus errores e imponer mecanismos que garanticen la seguridad de su uso.

Y eso, para la gran mayoría de necesidades psicológicas que no implican un riesgo físico para la persona, es más que suficiente.

¿Esto significa que los psicólogos están condenados a desaparecer?

De ninguna manera. Pero, como sucede en otras áreas de conocimiento, están obligados a aceptar una nueva realidad y trabajar en aquello que los diferencia de una IA.

Quienes sean capaces de integrar esta tecnología para potenciar sus capacidades profesionales, sobrevivirán.

Quienes la combatan desde la desconfianza y el rechazo, terminarán sucumbiendo.

Lo que sí estoy convencido de que va a suceder es esto: durante los próximos años, muchos vendedores de crecepelos y meditación de mercadillo exigirán regulaciones imposibles para una tecnología disruptiva como esta, mientras buscan qué otros nichos explotar para seguir viviendo del cuento.

El problema no es la IA. El problema es que, por primera vez, hay una herramienta capaz de distinguir entre quién aporta valor real y quién simplemente ocupa espacio.

En el siguiente artículo

Como señalaba al inicio, esta publicación tiene dos objetivos. El primero era desarrollar mi visión sobre el impacto de la IA en el sector de la psicología.

En la segunda parte, mostraré ejemplos concretos de uso y los evaluaré para determinar si la IA puede considerarse ya una herramienta útil y real en el día a día.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.