Categoría: Cultura

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  • Crítica: El lado bueno de las cosas.

    Crítica: El lado bueno de las cosas.

    Está claro que comedias románticas tenemos a patadas en la historia del cine. «El lado bueno de las cosas» [ Silver Linings ] no aspira a ser más que eso, una entretenida comedia romántica. Pero lo realiza de una forma poco ortodoxa. En una sociedad donde lo normal lo marcan patrones de belleza impuestos desde los departamentos de márketing y donde las líneas rectas sin defectos son las únicas admitidas esta película trata de mostrarnos una realidad bastante diferente: todos tenemos un poco de locura, un poco de imperfección, y eso es lo que nos hace realmente interesantes.

    El planteamiento resulta bastante sencillo: loco conoce a loca y pasan cosas. Pero encierra mucho más. Esconde de forma bastante sutil, tras una estupenda actuación de Bradley Cooper, un mensaje sincero: en la superficie no vas a encontrar la felicidad, nunca. La verdadera belleza del ser humano está  en el fondo. O también que estamos todos un poco locos.

    Sumémosle la siempre interesante aportación de un obsesivo-compulsivo Robert De Niro y la notable, aunque por lo que he visto duramente criticada, presencia de Jennifer Lawrence (Los Juegos del Hambre), con esa mirada la pueden seguir criticando eternamente que yo la seguiré yendo a ver, y tenemos como resultado una entretenida comida de locos y de amor, o de locuras de amor, pero que nos aporta dosis de realidad que hacía tiempo que no veía en las edulcoradas versiones infumables del chico conoce a chica y se enamoran que nos llegan del otro lado del Atlántico. Esta por lo menos es más creíble. Más digerible.

    Luego ya podemos discutir si el final mantiene la brillantez que asoma en muchos momentos de la película pero sería obviar buena parte del producto.

    En muchas ocasiones he mantenido que una parte importante de una película, de un libro, de una pieza de arte en general es el sabor. Esa sensación con la que nos quedamos una vez la terminamos. Con «El lado bueno de las cosas» el sabor es, esencialmente,  ese. En este mundo que a veces nos resulta tan complicado el que aprende a saborear el lado bueno de las cosas es el que termina siendo verdaderamente feliz.

    Nota: 7/10

  • Crónica de un desastre anunciado

    Crónica de un desastre anunciado

    blog_mou

    Tenía que pasar.

    Analizas un poco con calma lo que ha sido esta temporada y la suma de las últimas tres y en realidad el resultado era bastante previsible.

    Llegada.

    Cuando aterrizó en Madrid hace tres años, José Mourinho venía con un objetivo muy claro: derrocar a uno de los mejores Barças de todos los tiempos. Tres años después lo que parece el declive futbolístico del Barcelona no se ha producido gracias a la aparición de un Real Madrid todopoderoso sino al paso inexorable del tiempo para su cerebro y corazón: don Xavi Hernández.

    Todos recordamos como la euforia de la llegada del «Special One» dejó paso a una vergonzosa manita en el Nou Camp. A Piqué levantando la mano y lo que vino después.

    Y se lo perdonamos.

    Creímos que sería capaz. Tenía los mimbres: 300 millones y pico de euros después. Era un «winner». Lo iba a conseguir.

    Gestionó un cúmulo de derbis rebajándolos a partidillos callejeros donde se veía más a Pepe y a Alves que a Cristiano o a Messi. Donde incluso el ambiente de la selección española peligró hasta el punto que Iker, y aquí quizá empezó a labrarse su porvenir con el luso, tuvo que llamar a Xavi y arreglar las cosas con él como se arreglan las cosas entre amigos.

    La Copa.

    Después de unos cuantos descalabros más llegó la final de Copa. Y ahí se vio lo que buscaba Mou. Un Madrid físico, rápido, preciso como un estilete, que fue capaz de ganarle a un Barcelona todavía en la cima gracias a un gol del portento que es Cristiano capaz de correr y saltar a los cielos de Mestalla después de más de 100 minutos de partido.

    Todos creímos que había llegado el momento. ¡ Ahora sí ! La Décima era el objetivo. Y ese objetivo nos cegó. No vimos cómo José vilipendiaba los valores más profundos de un club que debe estar siempre por encima de sus trabajadores. No vimos cómo usaba al Real Madrid como plataforma publicitaria, como palestra donde ladrar sus miserias y sus pataletas, sus envidias y sus rencores. Pensamos que lo hacía por proteger a sus jugadores. Por centrar el foco en él en lugar de en ellos. Nos equivocamos.

    La Liga.

    Y llegó la Liga de los 100 puntos. Nos quedamos a las puertas de la final de Champions, sí, pero ganamos la Liga con la mayor cantidad de puntos de la historia. Y eso nos bastó. Nos volvimos a decir: el año que viene cae la Décima. El primer año la Copa, el segundo la Liga, era sensato suponer que éste sería el año de «la orejona». Y nos volvimos a poner la venda en los ojos.

    Ese Madrid imbatible empezaba ya a mostrar serias carencias: carencias en defensa y en creación de juego y sólo un Cristiano al que injustamente su carácter y su mala publicidad le han privado de más títulos personales mantenía a flote el barco. Así que no quisimos ver que el Madrid jugaba como un equipo pequeño, como jamás debería jugar el Madrid, al contraataque. Sonreías al escuchar «es el mejor contraataque del mundo» como si se tratase de un halago en lugar de una seria advertencia.

    La nada.

    Hasta que entramos en 2013, el año en el que todas las circunstancias han confluido hasta llegar a este punto ya insostenible. El Madrid vagabundeó en liga siendo una sombra barata de lo que había sido. El contraataque sólo sostenido por Cristiano no era suficiente. Di Maria  tras su renovación sólo dio algunos destellos del jugador que apuntaba maneras. Özil era incapaz de aguantar un partido de 90 minutos. Modric estaba adaptándose. Alonso cada vez podía menos y el Madrid lo necesitaba más. La defensa hacía aguas. Y, lo que clamaba al cielo, el Real Madrid, el de los más de 400 millones de euros de inversión en jugadores, no tenía delantero centro.

    Aquí aparece Mourinho y su circo. Algo debió pasar en el vestuario y decidió tratarlo a su manera: públicamente. Se cargó a Casillas y en su lugar puso a Adán con una explicación que sólo se creía él y que aplaudían sus acólitos justificando lo injustificable. Luego la fortuna, que a veces es caprichosa, se alió con él y la lesión de Iker precipitó el fichaje de Diego López. Destronado el santo y seña de el Madrid de los últimos 10 años, empezó a cargar contra otros jugadores conforme le parecía.

    Hizo de la desgana su bandera y de Karanka su palmero. Quién te ha visto y quién te ve Aitor. Difícilmente te sentarás otra vez en el banquillo del equipo que tanto defendiste como jugador una vez larguen a tu amo.

    Dada la Liga por perdida y con la Copa en el limbo, el Madrid se centró en la Champions. Tras una primera fase irregular fue pasando de ronda gracias a los pocos problemas, salvo ese Manchester al que nos tuvimos que cargar con uno menos, que los equipos le presentaban.

    Dortmund fue nuestro Oktoberfest. Llegamos henchidos de ese orgullo que nos sale a veces cuando escuchamos «La Décima», pensando en una posible final contra el Barça y salimos emborrachados de buen fútbol, pero no del nuestro. Salimos con cuatro goles en la espalda, la cara pintada, y otra vez apelando al «espíritu de Juanito», que en 28 años que tengo rara vez ha dado resultado. Tampoco lo dio esta vez.

    El fin del ciclo de Mou.

    Con la Rúa del Barça campeón de liga todavía reciente en los noticiarios anoche era el momento de salvar una temporada insalvable. La Copa de SM el Rey era un arma de doble filo. Si el Real la ganaba se la infravaloraría por considerarla un trofeo menor. Si la perdía se magnificaría por ser en el Bernabéu y frente al Atlético.

    Y volvió a montar el Circo. Con una defensa en la que sólo un Ramos lesionado podría salvarse. Poniendo a Alonso de mediocentro defensivo y con el Benezma más desmotivado que se recuerda en años, el Madrid le plantó cara al «mejor Atlético» de los últimos tiempos que venía de perder en el Bernabéu en uno de los partidos más horrorosos de este año.

    Ese es el momento justo en el que toda una temporada, los mensajes, los comentarios, los gestos, el ambiente, pasan factura. Y de aquellos barros, estos lodos. Como muestra el descanso de la prórroga, con un Atlético ganando unido en una piña y un Madrid, sin Mou expulsado ya, cada uno a su aire.

    Se consumó el desastre. El Madrid perdía la Copa frente al Atlético en el Santiago Bernabéu. Ya tienen los colchoneros para otros 20 años de desdichas. Lo doloroso fueron las formas. Ver al Madrid desquiciado, volviendo a apelar a la épica. Con Cristiano incontrolable en la caseta antes de tiempo y  el entrenador anfitrión sin subir a felicitar al vencedor. Ese no es el Real Madrid Club de Fútbol.

    El de ahora es un equipo roto. Incapaz de saber a qué juega. Marcado por un técnico que suple su falta de liderazgo con un exceso de camorrismo. Que intenta compensar su evidente incapacidad de jugar un fútbol vistoso con kilos y kilos de músculo. Anoche las vergüenzas del «Special One» quedaron expuestas ante más de 80.000 seguidores en vivo y unos cuantos millones más por televisión.

    Ahora Mou dice que la temporada es un fracaso mientras cierra la maleta con destino a las islas británicas, allí donde tanto le desean que no están dispuestos a pagar ni un duro por él. No, querido José, el fracaso eres tú.

  • Cambio de estrategia con PS4

    Cambio de estrategia con PS4

    blog_ps4

    Leo en bastantes páginas especializadas del mundo del videojuego dos noticias que aunque a priori no tienen mucha relación entre sí, en realidad son causa y consecuencia.

    Por un lado Sony ha presentado este año un balance económico positivo por primera vez en unos cuantos años. Está claro que conviven muchos factores económicos, sociales y estructurales que han llevado al gran marca nipona a entrar en pérdidas en años consecutivos pero uno de esos factores, sin lugar a dudas ha sido su videoconsola: la Playstation 3.

    En su día, cuando se lanzó en 2007, fuentes de Sony aseguraban que se perdían entre 40 y 50 dólares por unidad vendida. El objetivo fundamental en esa época por parte de Sony era introducirse en el mercado en el que XBOX le llevaba cierta ventaja aún a costa de poner en riesgo sus balances económicos anuales.

    Este sobrecoste, siempre según Sony, se produce debido a que se emperraron en desarrollar una tecnología propia para PS3 basándose en una arquitectura a medida: los procesadores Cell. Esto llevó unido, además de un desembolso importante en desarrollo, una dificultad añadida para los desarrolladores que tenían que trabajar con el kit de Sony.

    No ha sido hasta años después, con un parque inmenso de videconsolas en los hogares de todo el mundo cuando Sony ha empezado a rentabilizar el hardware de la PS3.

    Parece, sin embargo, y aquí viene la segunda noticia, que no están dispuestos a repetir los errores del pasado y han afirmado que la Playstation 4 no generará pérdidas desde que comience su distribución. Gracias en parte a que ya disponen de una infraestructura dedicada y una inversión amortizada con la Playstation3, pero sobretodo porque han decidido que partes del hardware de su nuevo sistema sean desarrolladas por terceras empresas con las que han llegado a acuerdos abaratando así el coste final del producto.

    Lo realmente interesante de esta situación es comprender el movimiento estratégico que ha realizado Sony. Es mucho más rentable abrirse a la posibilidad de convenios con terceros que nos proporcionen partes de nuestro producto. Por un lado porque seguro que una empresa especializada en el desarrollo del componente A tendrá un proceso mucho más eficiente y con unos resultados mejores que si tenemos que empezar nosotros a desarrollarlo, por otro, porque dado que dispondrán de una fuerte estructura de negocio, su coste será mucho menor.

    Sinergia, lo llaman.

  • Primer trailer de El Juego de Ender.

    Conforme se acerca la fecha señalada, 1 de noviembre de este año (en USA), empezamos a conocer más sobre lo que puede ser uno de los estrenos de este 2013. Lo que tenemos ahora es el primer tráiler de la película.

    El Juego de Ender, como os comentaba hace unos años, es la primera novela que Orson Scott Card le dedica al joven Ender Wiggin y a su lucha contra la invasión de los insectores. La adaptación cinematográfica pinta espectacularmente bien con actores de la talla de Harrison Ford o Ben Kingsley y en este primer aperitivo podemos empezar a disfrutar de sus impresionantes escenas de acción.

    Larga se va a hacer la espera.

     

  • Cinco canciones de Abril (II)

    Siguiendo con la iniciativa que comencé hace un mes, aquí van las canciones que más he escuchado durante el mes de Abril.

    #1 Johnny Cash – Hurt

    Sé que la he escuchado antes. Lo sé. O al menos esa es mi esperanza. Porque es imperdonable que en 28 años no hubiera tenido el inconmensurable placer de disfrutar de esta delicia musical. Es una auténtica joya. El mejor cover de la historia, y ya es decir. Pasión, sentimiento y un vídeo a la altura.

     

    #2 Marina and The Diamonds – Lies

    No recuerdo muy bien como terminé escuchándola pero supongo que en alguna lista de Spotify andaría. Desde entonces son incontables las veces que la he reproducido.

    http://www.youtube.com/watch?v=TN-EIKEghuw

     

    #3 James Arthur – Impossible.

    Un tío con cara de no haber roto un plato en su vida, con una canción pegadiza y triste, en un Factor-X suena a algo muy trillado ya. Pero el tal James le da un toque que obliga a volverlo a escuchar una y otra vez.

    http://www.youtube.com/watch?v=lJqbaGloVxg

     

    #4 Avicii vs Nicky Romero – I could be the one. 

    Con un estribillo que me pone los pelos de punta y ritmo imparable que le da a cualquier cosa que toca el mago Avicii, canción obligatoria para hacer deporte.

     

    #5 Lena – Satellite.

    Otra de esas canciones que encuentras casi por casualidad saltando entre recomendaciones de Spotify. En este caso pertenece a una de esas «ediciones perdidas» de la Eurovisión post-Operación Triunfo. Me gusta por el optimismo que desprende la cantante, ideal para comenzar el día con una sonrisa camino del trabajo. Eso sí, la versión de estudio, por favor.

     

    El mes que viene más! 🙂

     

  • Reseña: El Imperio Final – Nacidos de la Bruma (I)

    Reseña: El Imperio Final – Nacidos de la Bruma (I)

    blog_nacidos

    Cuando terminé con «El temor de un hombre sabio» de Patrick Rothfuss me quedé con ganas de más literatura de ficción de corte medieval.

    Como con Canción de Hielo y fuego debo dosificarme, decidí cambiar de género.

    Pasé por la Sci-Fi de Asimov pero las ganas de recuperar historias ambientadas en reinos olvidados, en mundos desaparecidos, no disminuían.

    Así, tras buscar por foros de literatura acabé topando con Brandon Sanderson, y su saga «Nacidos de la Bruma». Hace unos días terminaba su primer volumen, «El Imperio Final».

    El Imperio final (The final Empire) se sitúa en una tierra sin fecha específica en la que hace más de mil años la humanidad estuvo a punto de perecer por culpa de una oscura fuerza. Su héroe salvador se erigió como líder del mundo otorgándose el título de Lord Legislador y, desde entonces, gobierna con puño de hierro. Los skaa, nombre con el que se conoce a los esclavos que soportan las cargas de trabajo del planeta, conviven con el miedo a la muerte y la constante violencia que una sociedad feudal les impone.

    Un planeta perdido. Un mundo en el que llueve ceniza y todo se torna de un gris sin vida. Una vida rodeada de unas brumas que esconden extrañas criaturas.

    Y en medio de la desesperanza, los «nacidos de las brumas», hijos de nobles, bastardos, que heredan capacidades mágicas relacionadas con los metales (capacidad conocida como alomancia). Guerras entre las casas nobles. Lucha por la libertad.

    Todos estos ingredientes conforman una interesante puesta en escena de una historia que mezcla las aspiraciones de un pueblo sometido, una magia desconocida pero poderosa, una leyenda perdida en el tiempo, amor, traición y escenas trepidantes.

    Como en la mayoría de inicios de sagas, El Imperio Final empieza con cierta tibieza apuntalando el argumento con toda clase de detalles pero conforme uno se sumerge en la historia resulta una propuesta realmente recomendable.

    Nota 7/10.

     

  • Esto es anime: Fullmetal Alchemist Brotherhood

    Esto es anime: Fullmetal Alchemist Brotherhood

    Cuando en una sociedad occidental se habla de anime existen, por lo general, dos prejuicios muy extendidos. El primero mantiene el siguiente razonamiento: son dibujos, los dibujos son para niños, el anime es de niños. El segundo, quizá incluso más extendido es: es algo raro que viene de Japón, todo lo que huele a japonés es de frikis, el anime es de frikis.

    Fullmetal Alchemist Brotherhood es anime, pero, más allá de eso, es una obra de arte. Una verdadera joya argumental y artística.

    Ambientada en un mundo alternativo con una sociedad similar a la de finales del siglo XIX y principios del XX donde existe un poder sobrenatural denominado alquimia que permite la transmutación. Fullmetal Alchemist narra la historia de dos hermanos, Edward y Alphonse Elric y de su intento de encontrar la piedra filosofal.

    Se produjo una primera adaptación del manga original creado por Hiromu Arakawa, conocida como Fullmetal Alchemist [2003] que si bien es realmente interesante, presenta una deriva argumental alrededor de la mitad de la misma que hace que no coincida con el manga. Precisamente fue este uno de las razones que motivó la creación de una nueva adaptación, esta vez mucho más fiel al original: Fullmetal Alchemist Brotherhood [2009].

    Entrando un poco en materia y hablando propiamente de ésta última, nos encontramos ante una serie de 64 capítulos en los que se hilvanan de forma milimétrica un cuidado argumento que gira entorno a la búsqueda de la verdad y los pecados de los seres humanos. Es complicado sacar algo más sin romper alguno de los detalles que esconde la serie, algo que sería verdaderamente imperdonable.

    Argumento impecable, producción superior.

    La mayoría de producciones de animación japonesas, tanto películas como series, se caracterizan por algo: la calidad. Fullmetal Alchemist Brotherhood supera la media. Cada uno de los 64 capítulos muestran una perfecta consonancia entre dibujo, banda sonora e historia.

    Por sacar algún pero podría decirse que la última fase de la serie, tal vez los últimos 15 capítulos, adolecen de alguna que otra falta de ritmo en momentos puntuales. Pero esto también puede explicarse si entendemos el ansia que llega a sentir uno por conocer más sobre el desenlace de su historia.

    No es sencillo valorar algo que difícilmente tiene comparación. Reconozco que mi bagaje en el mundo del anime es más bien limitado pero estamos hablando de una serie que está situada en la mayoría de tops de anime codeándose con producciones de la talla de Elfen Lied, Death Note, One Piece o Cowboy Bebop.

    Y volviendo al inicio, respecto a esos dos prejuicios tan extendidos: queda bastante claro que el anime no se trata de algo dirigido exclusivamente al público infantil por un lado. Por otro, si somos capaces de saltar esa extraña barrera que nos produce rechazo a algo por ser distinto, nos encontraremos ante un mundo de alternativas verdaderamente espectaculares.

    Leía hace poco por internet:

    «Fullmetal Alchemist Brotherhood ha sido la única serie que me ha hecho reir hasta doler, llorar hasta no poder más y un abanico enorme de emociones más, durante el tiempo que dura un episodio».

    Supongo que eso lo resume bastante bien.

    Obligatorio verla al menos una vez en la vida.

    Os dejo con un par de sus maravillas musicales:

    http://www.youtube.com/watch?v=qJ3n55Y2hsk

  • Adios a Spartacus

    Adios a Spartacus

    blog_spartacus

    El fin de semana pasado Starz emitía el último capítulo de la serie Spartacus: Sangre y Arena, la controvertida recreación histórica de la vida del esclavo romano Espartaco y sus guerras contra la República de Roma.

    Digo controvertida porque en un afán de realizar un acercamiento a la cruda realidad de la civilización de la época la serie adolece de un exceso de sangre y escenas de alto contenido erótico que la hacen alejarse de un público más general. Y tal vez esta forma de hacer diferentes las cosas es lo que ha hecho que se convierta en una serie especial.

    Capaz de sobrevivir a la enfermedad y posterior muerte de su actor protagonista: Andy Whitfield (39 años), mantuvo unos índices de audiencia más que aceptables y fue, en el periodo de convalecencia de Andy, capaz de desarrollar una interesante precuela: Spartacus, Dioses de la Arena.  En ésta el papel protagonista recaía en la figura de Gannicus, uno de los más fieles compañeros de Espartaco en su cruzada contra la esclavitud romana.

    En su conjunto la serie es una interesante mezcla de excesos con contenido histórico en la que en algunos momentos te sientes sumergido en la desagradable realidad de una sociedad como la romana previa al Imperio de César. La decadencia, la codicia, el desprecio por la vida humana, los anhelos de los desfavorecidos y el poder casi ilimitado de la casta política, son los ingredientes sobre los que se entretejen las historias personales de los grandes personajes de Spartacus, Sangre y Arena.

    En otros momentos, sin embargo, la reiteración de planos realizados con CGI y el abuso de cámara lenta, heredado de la maravillosa 300 de Zack Snyder, terminan por marearte y sacarte de lleno del contexto en el que se desarrolla la historia.

    Las primeras dos temporadas te acercan bastante más a la realidad de la Roma (o la Capúa en este caso) de aquellos tiempos y se hacen interesantes gracias a su ritmo e historias secundarias mientras que la tercera y última se trata más bien de un intento, notable pero justito, de darle un final decente a la serie.

    El vacío, eso sí, que deja en mis fines de semana, es complicado que lo llene alguna de las actuales producciones en la parrilla.

    There is no greater victory than to fall from this world as a free man.

    One day Rome shall fade and crumble, yet you shall always be rembemered.

  • Crítica: Tesis sobre un homicidio

    Crítica: Tesis sobre un homicidio

    blog_tesis

    Cuando vas a ver una película muchos y diferentes pueden ser los motivos que te lleven a hacerlo. En Tesis sobre un homicidio hay sólo uno: Ricardo Darín.

    Debe darte igual que la producción venga de la mano de los que crearon ese milagro del cine que es «El Secreto de sus ojos«. Es más, debes obviarlo, porque comparar este experimento de cine de intriga con la obra maestra de Juan José Campanella desmerecería en exceso a la primera.

    Tesis sobre un homicidio está lejos de ser una película que se recordará en el tiempo pero eso no es suficiente para que no pueda ser una alternativa válida viendo cómo está últimamente la cartelera. Roberto Bermúdez (Ricardo Darín) es un ex-abogado que ahora ejerce como profesor en la Facultad de Derecho, en medio de una de sus clases se produce en el aparcamiento de ésta un brutal asesinato. No hay sospechosos, no hay pistas, pero Roberto empieza a sospechar de uno de sus alumnos, el enigmático Gonzalo Ruiz (Alberto Ammann), hijo de una antigua íntima amiga de Roberto.

    A partir de ese momento un juego de luces y sombras, de realidades y suposiciones sumergen al espectador en una constante duda de lo que es real y lo que no lo es. Pero lo que en realidad hace que la película sea atractiva es que el peso argumental de toda ella recaiga en los hombros de Ricardo Darín. Cada escena, cada imagen, gira entorno a él y responde como lo hace siempre: de forma magistral.

    Lo demás a veces resulta hasta superfluo. Darín te seduce con esa mirada como cansada del mundo en el que vive, te lleva a su terreno y te golpea, te hace quererle, te hace dudar de lo que dice, te hace odiarle, te hace desconfiar de todos incluyéndole a él, te susurra con ese acento porteño que todo lo que ves es irreal y todo lo que no ves es cierto.

    Luego la película termina y te despiertas de esa ensoñación pensando que, tal vez, el argumento sea demasiado simple, el final demasiado abierto, la construcción demasiado manida, pero por suerte ya es demasiado tarde.

    Nota: 6/10