Categoría: Cultura

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  • Crítica: Boyhood (Momentos de una vida)

    Crítica: Boyhood (Momentos de una vida)

    Cuando una película viene precedida por una gran valoración por parte de la crítica y del público suelen ocurrir dos cosas: en la mayoría de los casos la película se queda muy lejos de cumplir las expectativas generadas y termina siendo un bodrio, o bien, en pocas, muy pocas ocasiones, la película no sólo cumple sino que las supera.

    Con Boyhood, (Momentos de una vida) resulta sorprendente descubrir que no encaja en ninguno de esos dos grupos.

    No es una mala película pero tampoco la obra maestra que muchos se están dedicando a pregonar. Se trata de una experiencia cinematográfica extraña. Y cuando digo extraña me refiero a distinta.

    Rodada por Richard Linklater durante 12 años, Boyhood nos cuenta el crecimiento de Mason (Ellar Coltrane) y su entorno durante 10 años de su vida. Y ya está. Alrededor de él, grandes artistas de la talla de Ethan Hawke o Patricia Arquette suman la sobriedad interpretativa necesaria para dotar de credibilidad a la historia.

    Tal vez en esa sencillez de contarnos la vida de alguien común radica su más intensa belleza. No es una historia épica, con un final dramático. No te hace llorar ni reír en exceso. Sencillamente Linklater decide abrir una ventana y mostrarte la realidad para que tú, espectador, sentado en tu butaca, asistas entre atónito y extrañado al devenir de los años de la vida de una persona igual que tú.

    Lo interesante de esta película es lo que no cuenta, lo que tu cabeza intuye y de lo que te vas empapando.

    Es una obra que masticas después, que digieres con el tiempo.

    Porque es después cuando descubres escondida entre los pliegues de diálogos comunes una pequeña esencia de tu propia realidad. Esa realidad que en el día a día te pasa desapercibida pero que está ahí. Una especie de hilo conductor de tu vida que une etapas tan dispares como la infancia, la adolescencia, el paso por la juventud o la llegada a la adultez, pero que se esconde con el lento paso del tiempo. Con Boyhood coges la perspectiva necesaria para darte cuenta del vertiginoso salto temporal en el que se ha convertido tu vida.

    No hay que interpretar la película como una historia que te están contando, sino que esta vez la dirección es la opuesta. Lo interesante está en el reflejo que tú proyectas sobre esa película.

    Recomendada

    7.5/10

  • Crítica: Begin Again

    Crítica: Begin Again

    Vaya regalito este Begin Again en medio de este agobiante Agosto en Valencia.

    Por fin una historia fresca, divertida y diferente.

    Dirigida por John Carney e interpretada por una magistral Keira Knightley y un asombrosamente interesante Mark Ruffalo, Begin Again es una historia sobre música y sobre personas. Y eso es lo que la hace realmente distinta.

    Nos cuenta la historia de cómo las vidas de Greta (Keira) y Dan (Mark) se cruzan por casualidad una noche en un bar de Nueva York. Ella despechada por la reciente ruptura con su pareja estrella del rock y él acabado como productor musical de un sello que él mismo creó. Y a partir de ahí la magia y la música. 

    La química entre ambos personajes se da desde el minuto uno y ayuda y de qué manera a que la historia se mantenga y crezca. De eso se trata, de contar una historia de fracasos y de fracasados que deciden enfrentarse a la vida e intentarlo una vez más, tal vez de una forma diferente, y probar suerte de nuevo.

    Sin lugar a dudas me quedo con el sabor dulce de la genial interpretación de Knightley y su desconocida y sorprendente calidad musical. Pero también con ese poso que la rodea: si eres bueno (no sólo bueno en lo que haces sino que además tratas de ser buena persona) el camino al final termina por aparecer. 

    Tal vez es un mensaje excesivamente optimista y más viendo los tiempos que corren. Pero estamos en Agosto, y hace demasiado calor en Valencia. No es plan de ponerse a pensar más.

    Muy recomendada. 

    Nota: 7/10

  • Toni Kroos: el centrocampista

    Toni Kroos: el centrocampista

    Las Supercopas, tanto la europea como la patria, son ese típico trofeo ambiguo: importante para el que los gana, poco relevante para el que los pierde.

    En realidad son ese término medio entre trofeo de verano y título oficial que sólo aporta cantidad, que no calidad, a las vitrinas de un equipo.

    Total que en estas que estamos a medidados de Agosto y la UEFA (magnánima en su preocupación por el aficionado que se mantiene trabajando al pie del cañón) decide adelantar la Supercopa de Europa.

    Cuatro pobres partidillos y seis días de entrenamiento es lo que llevan los jugadores, así que pedir, se puede pedir poco de un partido así.

    Pero ayer hubo un pequeño detalle interesante. Más allá del vencedor del trofeo y de que Cristiano iniciara con premura su cuenta anotadora e incluso más importante que las dos o tres paradas antológicas de Iker que según la prensa deportiva salvaron al Madrid del desastre, fue la aparición de un medio centro alemán recién fichado este año: Toni Kroos.

    He de reconocerlo, siento especial debilidad por el medio campo: por la creación. Y en estas lides el germano parece desenvolverse con una soltura que hacía tiempo no se veía en las filas merengues. Junto con Modric ayer hicieron un partido redondo. Criterio, pausa, técnica, visión. Todo. Un auténtico desborde de calidad y un placer para el que disfruta viendo buen fútbol.

    Si a este chaval le dejan jugar y se asienta en la medular madridista, ojo que este año nos podemos poner las botas. Con una delantera de vértigo (el estado de forma de Bale es algo que roza lo marciano) y con una defensa de garantías (si nos deshacemos a tiempo del «espartano» y Coentrao sigue al nivel hercúleo actual), este Real Madrid pinta francamente bien.

    Pero en el fútbol, ya se sabe…

  • Reseña: Robots e Imperio – Isaac Asimov

    Reseña: Robots e Imperio – Isaac Asimov

    Cuando escuchas tantas y tantas veces que Isaac Asimov (Petrovichi , 1920 – Nueva York, 1992) es uno de los grandes padres de la ciencia ficción tal vez sea por alguna razón de peso.

    Ayer pude por fin dar por concluidas las dos grandes sagas que han caracterizado la obra de Asimov: La saga de la Fundación y la saga de los Robots.

    Con Robots e Imperio, cuarto libro de esta genial tetralogía robótica, Isaac Asimov termina de tejer ese inmenso telar en el que conecta a las dos sagas de una forma tan sencillamente genial que al leer la última de las palabras de este último libro uno no puede evitar suspirar un íntimo: ¡Pero qué jodido genio!

    Porque te das cuenta de que estás ante una obra de proporciones descomunales.

    Lo he dicho mil veces y lo repetiré otras tantas mientras pueda: El ciclo de Trantor (los primeros tres libros de la saga de la Fundación) son, a mi parecer, Ciencia Ficción en estado puro directamente en vena: ritmo trepidante, conceptos que te hacen reflexionar y que a priori no chirrían con la ciencia actual y una historia digna de ser contada.

    Los dos siguientes, que concluyen la saga, mantienen el nivel pero lo elevan a un concepto más metafísico.

    Eso, exactamente eso, ocurre en Robots e Imperio. Mientras que en los tres primeros libros de la saga el lector es introducido en un mundo donde las leyes de la robótica rigen a unos seres que apoyan a la raza humana en su expansión y las tensiones que hay entre los defensores y detractores de esta estrategia, en este último son los conceptos más filosóficos los que entran en lidia.

    Las tres primeras novelas de la saga son protagonizadas por Elijah Bailey, un terrícola reacio a tener contacto con robots pero que terminará siendo muy amigo del robot humanoide R. Daniel Olivaw. Ambientadas en distintos mundos en expansión, o en la propia Tierra, el núcleo de la historia gira entorno a algún caso policíaco a resolver.

    En Robots e Imperio han pasado ya unos cuantos años y nuestro querido Elijah ha pasado a mejor vida (impagable la escena que representa la despedida entre Daniel y Elijah, digna de ser rodada) y ahora los grandes protagonistas de la historia son dos robots: R. Daniel Olivaw y R. Giskard Reventlov.

    Esto supone un gran desafío para Asimov desde mi punto de vista: hacer que la historia gire entorno a dos robots con las limitaciones que ambos tienen resulta peligroso para mantener la credibilidad científica de la historia. Sin embargo las conversaciones entre éstos superan este obstáculo con solvencia: son creíbles y tremendamente reveladoras.

    Análisis acerca de la utilidad de los robots en una sociedad como la humana y los peligros que ellos representan. La problemática de una Tierra como santuario plagado de supersticiones que ralentiza la expansión humana en la Galaxia. El peligro de la aparición de otras razas inteligentes que pongan en serio compromiso esta expansión. La misteriosa creación de la Ley Cero, una ley que gobernaría al resto.

    Todos estos temas, y otros tantos más son debatidos a lo largo de la novela mientras que sutilmente el escritor nos dirige al punto donde el círculo se cuadra: ambas sagas por fin tienen un nexo de unión donde todo trasciende. Así, miles y miles de años más tarde, cuando el intrépido Golan Trevize abordo de su nave antigravítica alunice y se encuentre con el robot Daneel Olivaw, toda aquella conversación, todos sus matices, todos los enigmas que se fueron creando en ambas sagas, por fin, tendrán su debida respuesta.

    Amigo Daneel, ya he dejado de maravillarme ante la capacidad de la mente humana de mantener dos emociones opuestas simultáneamente. Me limito a aceptarlo.

    R. Giskaard Reventlov.

    Indispensable. 

  • La caída de los héroes

    La caída de los héroes

    Lo que sucedió ayer en el estadio de Maracaná en Brasil fue la crónica exacta de una muerte que lleva mucho tiempo anunciándose.

    Anoche, ante los ojos de millones de seguidores, de aficionados e incluso de aquellos que se subieron al carro del fútbol español sólo por sus éxitos, el combinado nacional hizo el ridículo.

    Hay que ser sincero y decir las cosas tal y como son: ridículo. Pero más allá de analizar lo que va a pasar a partir de ahora es conveniente pararse a pensar en cómo hemos llegado hasta aquí.

    El repetido fin de ciclo

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    Lo que surgió hace unos años como una especie de broma ante cualquier minicrisis del F.C. Barcelona se ha convertido con el paso de los meses en una triste realidad para el fútbol nacional.

    En la Eurocopa de 2008 Luis Aragonés lo cambió todo. Decidió apostar por un núcleo de jugadores con un potencial inimaginable que venían gestando los mimbres de lo que sería el mejor Barça de la historia. Y lo hizo con la firmeza suficiente como para no temblar al dejar fuera de las convocatorias a algunas de las «vacas sagradas» de por aquel entonces.

    Esta firmeza, esta visión es la que le hemos echado en falta a Vicente del Bosque.

    Una convocatoria, decían algunos, para rendir homenaje a los grandes campeones del Mundo y dos veces de Europa. Pero es que a un Mundial de Fútbol no se va a rendir homenajes: se va a hacer un buen papel y, en el caso de los actuales campeones, a intentar revalidar el título.

    Pero volviendo a 2008, si repasamos la alineación: Casillas; Sergio Ramos, Puyol, Marchena, Capdevila; Senna, Iniesta, Xavi, Cesc, Silva; Torres vemos que no difiere demasiado a la que trajo Del Bosque escrita desde España. Y ese es el mayor de los problemas: Que no se ha producido la conveniente renovación y han pasado desde entonces 6 largos años.

    El ciclo empezó y terminó con él

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    Don Xavi Hernández.

    Principio y fin.

    Lo llevo diciendo durante muchísimo tiempo. Cuando muchos entendidos del fútbol no se explicaban cómo Leo Messi, uno de los mejores jugadores de la historia, no era capaz de rendir al mismo nivel en el Barça y en la selección argentina, yo lo repetía: Xavi, Xavi y mil veces Xavi.

    La injusticia futbolística para con él al no haberle brindado uno de los muchos Balones de Oro que se merecía quedará como una mancha imborrable en el ya sospechoso currículum de la FIFA.

    Cuando a Xavi se le agotó el fútbol (o dio muestras claras de ello) las alarmas debieron saltar: tanto en el Nou Camp como en la Selección. Nadie hizo nada. El Barça se ha desprendido de quienes se suponían sus herederos (Thiago el año pasado y Cesc éste) y en la selección nunca se ha colocado a nadie de sus características tras él: el experimiento con pepsi-cola de Iniesta-Alonso-Busquets ayer no sirvió de nada.

    La complacencia con la que nos hemos ido paseando a lo largo y ancho del mundo asumiendo que sentábamos cátedra con un nuevo modelo de fútbol nos cegó de una realidad que durante este mundial se ha hecho dramáticamente palpable: sin Xavi España ya no es España. O en realidad sí. En realidad vuelve a ser ese conjunto de grandísimos jugadores que juegan en grandes equipos pero que cuando juegan juntos no saben a qué están jugando. Xavi fue el pegamento, fue el catalizador que unió el talento y lo convirtió en la máxima expresión del arte del fútbol.

    Pero como todo en esta vida, el tiempo no se puede detener y cada año que pasaba algunos observábamos cómo los pases de Xavi cada vez eran más cortos, más lentos y con más metros de distancia con respecto al área rival.

    Una renovación necesaria

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    Sería injusto, eso sí, hacer reposar sobre los hombros de Xavi toda la responsabilidad de este ridículo y, así mismo, otorgarle a él todo el mérito de los éxitos logrados en los últimos 6 años.

    Al lado de él también estuvieron cuatro jugadores de los que tardaremos mucho tiempo en volver a ver sobre un terreno de juego: Iker Casillas, Carles Puyol, Andrés Iniesta y David Villa.

    A ellos se les unirían posteriormente los Ramos, Piqué, Alonso y Busquets para convertir a la Selección Española en la diosa del balón controlado.

    Las circunstancias así lo quisieron, una generación dorada nos ha dado a los seguidores al fútbol la oportunidad de poder decir dentro de 20 años que nosotros cantamos en directo el gol de Iniesta, que nosotros vimos como el mundo se asombraba ante un juego jamás visto.

    Pero las etapas tarde o temprano terminan y ahora es el momento ideal, después de un fracaso de estas proporciones, para que se realicen cambios de calado. Es el tiempo de los valientes, de un nuevo Luis Aragonés al que no le tiemble la mano y despida con un apretón de manos a aquellos que ya no podrán darnos más noches de éxito.

    El tiempo de Iker, de David, de Xavi, de Carles y tal vez de algunos más ha pasado.

    Pero ante todo: Gracias

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    Gracias David por convertirte en el verdadero 7 de España, por tu olfato, por tus ganas, por llevarnos en volandas con tus goles a la cima del éxito y por sacar de lo más hondo ese hambre por seguir ganando, seguir marcando.

    Gracias Carles por tu entrega, por demostrarle al mundo que la ecuación que une esfuerzo y éxito es correcta en todas las facetas de la vida. Cada gota de sudor que derramaste nos hizo creer en imposibles. Jamás borraremos de nuestra memoria el momento en el que te alzaste al cielo de Puerto Elizabeth en Sudáfrica y asistimos maravillados a la máxima expresión de tu fútbol: corazón, garra y fe ciega. Estás hecho de la pasta de aquellos que graban su nombre en la eternidad.

    Gracias Iker por tus milagros. Por dejarnos con la boca abierta cada partido. Por las alas que te han salido mil y una veces para hacer que la balanza siempre se decantase a nuestro favor. Por tu cercanía. Por la sensación de que si te encontrábamos algún día en un bar de pueblo nos tomaríamos unas cañas contigo hablando de lo bien que jugabais a fútbol. Tuyo es el momento en el que paraste nuestros corazones ante Robben en el mano a mano de todos los tiempos, en esa parada imposible. Gracias, capitán, por alzar al cielo de Johanesburgo la dorada copa que colocaba a España, al fin, en el lugar que le correspondía en el Olimpo futbolístico.

    Y gracias Xavi. Gracias por sacar de tus botas la revolución que llevó a los equipos donde jugaste a la cima histórica de su juego. Tu has sido el constructor, el cerebro, el creador de un paradigma de este deporte que nos has dejado como legado eterno. Y yo personalmente he podido disfrutarte en la selección y sufrirte en el Barça. Ying y yang. Ese claroscuro que caracterizaba tu juego: jugando en la sombra para dar luz al resto. Tu herencia al fútbol mundial es de un valor inconmensurable y, pese a que los focos hayan estado más pendientes de argentinos o de portugueses en una batalla más comercial que futbolística, nosotros, los que disfrutamos del verdadero fútbol más allá de los colores, te lo agradecemos. Quizá no sea un balón oro, pero creo que hablo en voz de muchos cuando te digo que tal vez sea mejor premio el reconocimiento, el respeto y la admiración que has logrado de todos: hasta de un madridista de cuna como yo.

    Lo intentamos. Fracasamos.En Francia 2016 volveremos a intentarlo. Ese es nuestro espíritu.

  • Primeras impresiones: Cosmos (2014)

    Primeras impresiones: Cosmos (2014)

    Cuando saltó la noticia hace unos meses la acogí con una mezcla de emoción y escepticismo: Cosmos, la mítica serie científica dirigida por Carl Sagan iba a tener un remake en 2014.

    A los mandos de esta nueva aventura se embarcaría el también científico Neil deGrasse, bastante popular por haber participado en un sinfín de conocidos documentales científicos.

    Pintaba bien pero generaba dudas. Para empezar la cadena encargada de llevar a término este proyecto era la FOX: y todos sabemos lo que es la FOX, para lo bueno y para lo malo.

    En una época en la que las audiencias caprichosas pueden dar muerte a series con mucha proyección o mantener en antena a otras que hace años que deberían haber terminado, la realización de una serie científica generaba incertidumbre.

    Las cosas bien hechas

    Desde el mismo instante en el que se supo cuándo se iba a estrenar la serie una maquinaria gigante de márketing hizo un trabajo impecable. Para esto los americanos, hay que reconocérselo, son unos auténticos maestros. Convirtiendo el estreno del nuevo Cosmos en un acontecimiento internacional y haciendo que las redes sociales hiriveran con la noticia, el primer episodio de Cosmos fue un auténtico éxito de audiencia.

    El programa

    He podido ver los dos primeros episodios de la serie y la realidad es aplastante: Cosmos es una pedazo de serie científica. Comandada por el «capitán» deGrasse en la llamada Nave de la Imaginación, Cosmos nos ha sumergido ya en dos grandes áreas de nuestra ciencia moderna: el orígen del Universo y el orígen de las Especies. Y lo ha hecho empleando unas imágenes asombrosas que han contribuido notablemente a darle cuerpo al programa.

    Llevados magistralmente por un deGrasse que empezó dubitativo, tal vez atado por un guión demasiado definido, pero que con el desarrollo de la serie se le está viendo estupendamente bien, con Cosmos el espectador se sumerge en un verdadero espectáculo científico.

    Se antoja inimaginable disfrutar de algo así por tierras españolas donde en la actualidad nos encontramos huérfanos de programas puramente científicos.

    El futuro

    Las audiencias son caprichosas, y no han tardado las hordas de paletos sectarios en intentar meter sus narices en una serie que adora a un único dios: el Método Científico.

    Nunca se sabe cómo acabará esta interesante aventura del saber, lo que está claro es que iniciativas como esta son las que verdaderamente ayudan a que crezcamos como especie y que, algún día, de verdad, podamos llegar a las estrellas.

    «Somos polvo de estrellas.» – Carl Sagan

  • Facebook adquiere Oculus VR por 2.000 M$

    Facebook adquiere Oculus VR por 2.000 M$

    Una nueva sorpresa en el mundo de las empresa tecnológicas saltó ayer y, de nuevo, con Facebook como protagonista.

    Si hace poco tiempo la noticia que recorría la red era la compra de Whatsapp por parte del gigante azul, lo que ha sorprendido a propios y extraños esta vez ha sido la adquisición de Oculus VR.

    Oculus VR, famosa por el desarrollo del sistema de realidad virtual Oculus Rift, pasará a formar parte del entramado empresarial de Facebook tras un acuerdo con ésta valorado en alrededor de 2.000 millones de euros de los cuales 400 serán en efectivo y el resto en más de 23 millones de acciones de la compañía (valoradas en 1.600 millones de dólares).

    De nuevo, cifras mareantes para la adquisición de una compañía. Volvemos a sentir el ligero escalofrío que produce el imaginarnos una nueva burbuja tecnológica.

    Pero más allá del miedo a lo que esté por venir, lo que ha sucedido genera ciertas dudas por el propio movimiento en sí.

    Hubiera sido mucho más lógico que alguien como Microsoft, Sony o Nintendo, con plataformas de videojuegos muy desarrolladas, se lanzasen a la caza de un sistema como Oculus Rift. Sin embargo ha sido Facebook, una red social, que cada vez es menos sólo una red social, la que se ha hecho con la compañía y con el hardware.

    La propia Oculus lo admitía: «A primera vista puede no resultar obvio por qué Oculus se está asociando con Facebook, una compañía enfocada en conectar a la gente, invirtiendo en el acceso a internet para el mundo y desarrollando una plataforma abierta de computación. Pero cuando lo consideras cuidadosamente, estamos culturalmente alineados con el objetivo de innovar y contratar lo mejor y lo más brillante; creemos que la comunicación trae nuevas plataformas; queremos contribuir a un mundo más abierto y conectado y ambos vemos la realidad virtual como el siguiente paso.»

    Tal vez Zuckerberg nos tenga preparadas más sorpresas en un futuro y veamos una estrategia algo más definida que el mero hecho de comprar compañías relevantes a golpe de talonario.

    Más información | GameSpot

  • Regresa Abe con su: Oddworld Abe’s Oddysee new ‘n Tasty!

    Regresa Abe con su: Oddworld Abe’s Oddysee new ‘n Tasty!

    Parece ser que tras una larga espera ya tenemos disponibles las primeras imágenes del remake de OddWorld Abe’s Oddysee con gameplay incluido.

    Para los que vivimos la época del original para Playstation ver esta versión remasterizada y mejorada con unos gráficos acordes con la generación actual nos provoca una mecanismo automático de salivación.

    Más si cabe tras la profunda decepción que supuso el intento de adaptación del famoso juego de plataformas a un entorno tridimensional transformándolo en un juego en tercera persona y arrebatándole prácticamente toda la magia que tenía.

    Nuestras plegarias parecen haber sido escuchadas. Porque viendo este gameplay es como si retrocediéramos unos años y nos sumergiéramos de nuevo en ese fantástico mundo de plataformas que se convirtió en uno de los grandes éxitos de esa generación de videoconsolas.

    Además lo podremos disfrutar en la práctica totalidad de plataformas tanto de la actual generación como de la anterior.

    Leído en | VidaExtra

  • Crítica: Her (2013)

    Crítica: Her (2013)

    Soy de los que consideran las críticas realizadas por «críticos profesionales» bastante poco fiables: lo que a ellos les puede parecer una exquisita obra intimista donde el director vuelca sus inquietudes metafísicas a mi suele parecerme el mayor de los tostones realizados. 

    Pese a todo termino siempre cayendo con facilidad cuando leo alguna de sus grandilocuentes reseñas y decido que es motivo suficiente como para comprobarlo a costa de mi tiempo y, por ende, mi cartera.

    Her (2014) venía precedida por una estupenda crítica y una larga lista de premios y nominaciones que había culminado con el Óscar al mejor guión en la última de las ediciones de los premios.

    Buena crítica, premios importantes y un buen director. Spike Jonze.

    Y a todo esto le teníamos que añadir tres ingredientes inequívocamente atractivos: Joaquin Phoenix en el papel protagonista, Scarlett Johanson (o su dobladora) como su compañera y una historia que giraba entorno al amor entre un humano y un sistema operativo.

    Incomprensiblemente surrealista

    Si habéis leído hasta aquí y os consideráis geeks, frikis o sencillamente amantes de la ciencia ficción os he dado los motivos justos y necesarios para salir corriendo a quemar los 7€ que teniáis pensado gastaros en la última figurita del Ataque de los Titanes o en la versión coleccionista de El Hobbit.

    ¡Craso Error!

    Desde el minuto cero Her es la pelicula más absurda que he visto en muchísimo tiempo. Una constante emanación de sinsentidos con una carencia total de base científica hilvanados entre eternos y soporíferos monólogos que pretenden, sí, pretenden porque no llegan jamás a conseguirlo, quedarse a caballo entre la ironía y la crítica social con un toque de humor romántico. Sus jodidas ganas.

    Es imposible sumergirse en la película porque cada diálogo entre su protagonista y, recordemos, un sistema operativo (es decir, un sistema SOFTWARE que desconoce salvo por programación previa, cualquier cosa relacionada con el mundo físico) es más absurdo que el anterior.

    Si el pobre de Isaac Asimov levantase la cabeza no podría sino vomitar sobre la butaca.

    A los que en su día nos leímos la saga de Ender, Samantha, que así se llama nuestro querido Windows ME edición SIRI, nos recuerda tanto a Jane que por un momento creemos estar viendo al joven Wiggins hablándole a través de la joya de su oído. Puro espejismo. Lo que en la novela de Card se sustentaba a partes iguales entre la ciencia y la ficción en Her lo tiene todo de ficción a lo comedia romántica de Antena 3.

    Lo único salvable: Phoenix

    Las dos largas, eternas, horas que dura el largometraje serían todavía peores sino fuera por un incontestable Phoenix que se vuelca en dar vida a un perdedor frustrado que no sabe cómo encajar los sentimientos que empiezan a surgir desde lo más profundo de su interior hacia una voz que le susurra al oído. Lo hace genialmente bien, pero con él solo no basta. No es suficiente una actuación magistral si cada 5 minutos te preguntas a qué mente medianamente pensante se le ocurriría tamaña bazofia de historia.

    A la Johanson en la versión española ni se le ve ni se le escucha. No querido Bruno, no, dudo mucho que la VOS salve a este esperpento hecho película.

    Podría hablar de la fotografía, que es bastante más que decente, e incluso de una interesante banda sonora, pero me repetiré una vez más: todo lo ensombrece una historia tan estúpida como predecible.

    A mi ya me robaron en su día dos horas de mi vida. No permitáis que os hagan lo mismo.

    Nota: 2/10.

  • Reseña: Flores para Algernón

    Reseña: Flores para Algernón

    Sentado frente al teclado y con una taza de té caliente intento ordenar mis ideas para escribir una reseña sobre el último libro que me he leído. Pero me resulta tremendamente complicado.

    La realidad es que Flores para Algernón [Daniel Keyes] ha llegado a tocar una de esas fibras sensibles que todos tenemos. Y lo ha hecho de una forma en la que la sensación se hace compleja de explicar.

    Cuando Isaac Asimov le dijo a Daniel Keyes «¿Cómo lo has hecho?» el autor agarró de la chaqueta al Buen Doctor y le dijo «Oye, Isaac, cuando lo descubras me lo dices ¿vale?, de verdad que me encantaría repetirlo». [Fuente: Wikipedia]

    A Flores para Algernón la tildan de novela de ciencia ficción y muchos de los galardones obtenidos por ésta lo son de este área. Pero, en realidad, es un relato psicológico, un ensayo sobre la ignorancia y la felicidad, sobre el conocimiento como fuente de nuestro poder y de nuestra desdicha.

    Toda la historia gira entorno a Charlie Gordon, un hombre que padece un retraso mental que lo coloca a la altura de chiquillos de 4 ó 5 años. Es feliz pero quiere ser listo. Y esta búsqueda incansable del aprendizaje lo convierte en un candidato perfecto para un estudio que se está realizando en una universidad de renombre.

    Y hasta aquí puedo leer.

    La novela, escrita en una interesante primera persona a modo de diario nos relata la evolución de Charlie a lo largo de todo el proceso y de sus pensamientos más íntimos mientras su cuerpo experimenta una metamorfosis que le llevará a cambiar por completo su vida.

    El final, predecible y no por ello carente de una tensión narrativa impecable, es el que termina por redondear un ejercicio de introspección completo en el que el que lee se sumerge en los pensamientos de Charlie de una forma tremendamente profunda.

    Uno de esos libros que no se si volveré a leer por no romper la magia que ha supuesto para mi su lectura.

    Nota: 8/10